jueves, enero 29, 2009

SOBRE LA COMPLEJIDAD GASTRONÓMICA

La palabra es cosa seria. Y al nombrarla no nos referimos a ella como lenguaje o como una aptitud. Hablo de aquella que desde su muy entera soledad nos llena de ofrecimientos y promesas. Apuntemos por ejemplo la palabra complejidad. Unos podrán escribir: sobre "la complejidad de las computadoras modernas" y otros en cambio aseverar que "subir al cerro Ávila es tarea compleja". Podría parecer que en ambos casos la estamos usando bajo la misma acepción gramatical (recordemos que también describe a un conjunto de edificaciones industriales y a emociones psicológicas) que se refiere fundamentalmente a lo difícil, a lo complicado. Pareciera pero no es. La sutil diferencia entre complicado y difícil es tremenda. Hablar de complejidad refiriéndose a computadoras nos lleva a pensar en sapiencia, en estudio, en inteligencia, en entrenamiento, como casi todas las cosas complicadas. Hablar de complejidad en el caso del ejemplo del cerro, nos lleva a pensar en esfuerzo, en sudor, en fatiga, como casi todas las cosas difíciles.

Resulta interesante ver que generalmente el sentido que se le da a las palabras depende en gran medida de factores socioculturales. Hubiese bastado que la sociedad no aspirara viciosamente cada mejora tecnológica, para que la palabra complejo asociada a las computadoras hubiese dejado de ser reto para el lector, para pasar a ser fatiga en el aprendizaje. Basta que quien lea lo escrito sobre el Ávila sea un deportista consumado, para que la palabra complejo se convierta en reto. Ya lo dijimos: La palabra es cosa seria… Y hay que tenerle miedo.

II
En esta columna hemos comentado anteriormente acerca del peligro que implica traducir incorrectamente el lenguaje gastronómico de Europa a nuestras realidades. Hemos señalado, por ejemplo, lo común que es leer acerca de la cocina estacional europea y lo imposible que es leer sobre ella en textos latinoamericanos "porqué nosotros en el trópico no tenemos estaciones", olvidándonos que la estacionalidad gastronómica se refiere a ingredientes que pueden obtenerse en períodos determinados y no a estaciones de clima. Tenemos estaciones gastronómicas, simplemente son otras.

Algo muy parecido sucede cuando nos referimos a "complejidad gastronómica". Es bastante común que los autores que analizan la cocina de los países, se refieran a ella como "compleja", tal como sucede en los tres casos por excelencia: la cocina francesa, la vietnamita y más recientemente, la española. Basta que alguien se refiera a la cocina francesa como compleja, para que, al igual que en el ejemplo de la computadora, se dispare en nuestro inconsciente la creencia (verdadera) de que para entenderla, hay que estudiarla y practicarla.

Al igual que en el caso de la cocina estacional, estamos incurriendo en el error de traducir mal el uso de complejidad en nuestra cocina. Siempre que hablamos de nuestra cocina tradicional, nos referimos a ella como difícil, laboriosa, complicada. Nuestro concepto detrás de un asado negro o de una hallaca, está mucho más ligado a horas de trabajo y sudor, que a la impresionante sapiencia que es necesaria para que cualquiera de esos dos platos quede correcto. Es bastante común oír (refiriéndose a cocina venezolana) tanto a profesionales de la cocina como no, la frase "Yo nunca hago asado porqué es muy difícil" e invariablemente el comentario está asociado al tiempo necesario a emplear para hacerlo. A la larga, de tanto pensar en nuestra cocina de esa forma, terminamos por caer en la perversa trampa de creer que ellos tienen una cocina inteligente, mientras nosotros no pasamos de una tradición oral costumbrista.

Quizás una de las razones para que las cosas sean así, recae en la manera en como hemos documentado nuestro recetario: siempre se limita a hacer un índice de cantidades y procesos y pocas veces se centra en sutilezas técnicas. Obviamente no es lo mismo decir -en el caso del asado negro- "Cocine a fuego bajito", que decir: "Cocine a fuego muy bajo para asegurarse que la carne quede muy blanda sin llegar a ser arenosa, hasta que sienta la gelatinización de sus colágenos". Es evidente que ésta última frase es excesiva para un recetario, así como no lo es si estuviésemos presentándola en congresos o explicándosela a muchachos de escuelas de cocina.

En el próximo artículo analizaremos más a fondo aspectos técnicos únicos de la gastronomía venezolana y ahondaremos más en la necesidad de ver nuestro recetario no sólo como descripción de procesos, sino también desde ésta perspectiva. Mientras tanto ¡a documentar porque es mucho el trabajo que queda!... y éste es bien complejo.

miércoles, enero 28, 2009

Actividades de AsoChef Venezuela para el 2009

Mi amigo Merlin Gessen de la página COCINA ABIERTA, amablemente le mandó una nota de prensa a la comunidad bloguera, que resume las actividades pasadas y futuras de la Asociación de Chefs, Cocineros y afines de Venezuela. Pulsando sobre cada una de las dos imágenes que se anexan, es posible leer los detalles.


lunes, enero 26, 2009

El honor de ser amigo de la UNEY

En varias oportunidades he expresado en este Blog la admiración que siento por la labor, que en el plano de la investigación y documentación gastronómica, viene desarrollando la UNEY (Universidad Experimental de Yaracuy) de quienes me enteré inicialmente gracias al Blog DUELOS Y QUEBRANTOS que mantienen el rector de ésta Universidad (Freddy Castillo Castellanos) y su esposa ("Cuchi" Morales). Lo que resulta irónico es que ni conozco la sede de la Universidad, ni los conozco a ellos.

El caso es que la UNEY se encuentra celebrando su décimo aniversario, y en el marco de la celebración me han conferido el increíble honor de ser uno de los conferencistas... ¡así que nos vemos en la ciudad de San Felipe el próximo Sábado 31 de Enero a las 10 de la mañana!

domingo, enero 25, 2009

Menú del Comedor para los días 29, 30 y 31 de Enero 2009


Héctor Romero cocinando en casa de mi Padre hace tres años


LA DUPLA HÉCTOR ROMERO-SUMITO

Desde el año 2000, Héctor Romero y yo venimos trabajando juntos. Juntos vivimos los tiempos hermosos del Restaurante La Brasserie, juntos construimos en el 2003 este sueño -del que aun no despertamos- llamado Instituto Culinario de Caracas, así como nuestro Catering: ICC Express. A ambos nos convenció mi esposa Sylvia para que abriéramos hace poco más de un año EL COMEDOR, sin lugar a dudas el lugar que ,como nos gusta decir, “nos ganamos” después de dos décadas como cocineros en restaurantes. Aquí, en este espacio, resumimos cada semana nuestra filosofía de vida, de servicio y gastronómica… Aquí nos sentimos coherentes.

Lo que resulta curioso de ésta dupla, es que aun teniendo las mismas ideas de vida, ambos cocinamos muy diferente. A veces –como fue el caso de la semana pasada- el menú que presentamos es uno a “cuatro manos” con presencia de platos de ambos- Otras veces –por ejemplo la semana antepasada- el menú es totalmente mio… Y algunas veces –como es el caso de hoy- el menú es totalmente de él.

Lo importante es que me da orgullo decir que a Héctor le gusta mi cocina y me produce una satisfacción enorme decir que soy socio, del que hace rato considero el cocinero venezolano que más respeta a los ingredientes y es más depurado técnicamente.


RESERVACIONES:

0212-9922429
reservacionescomedor@gmail.com


ABREBOCA


Tortica De Lenteja
(Servida con pico e´ gallo criollo)


PRIMER PLATO (Para escoger uno de los dos)

Sopa De Tomate
(Con crujiente de pan negro, emulsión de albahaca y huevo poché)

Tartar De Atún Marinado Con Coco Y Ají Rocoto
(Servido con cancha tostada y berro)


SEGUNDO PLATO (Para escoger uno de los dos)

Pescado Blanco Del Día Empanado Con Ají Dulce
(Servido con “risotto” de cebada y auyama)

Crujiente Cochinillo Confitado
(Servido con quínoa perfumada con anís estrellado y confitura de piña y papelón)


POSTRE

Queso Telita Brûlée, Relleno De Confitura De Naranja
(Con jalea de guayaba y pan tunjita crujiente)

viernes, enero 23, 2009

Días y Flores

Ya en alguna ocasión comenté en este Blog que tengo un huerto que se encarga de alejarme del mundo. De allí ha salido rúgula, chicoria, lechugas, brócoli, rábanos de la india, lavanda, hierbas, etc.

... Pues acomodé de nuevo el huerto para empezar desde cero (dejé la lavanda y hierbas) y decidí experimentar con flores, sólo por la "fiebre" de aprender. En este momento son sólo surcos humedecidos, ya les contaré que de lo que muestro a continuación, logró salir a flote.


Statice Variada y Siempreviva Doble


Salvia Roja y Guisante de olor variado


Girasol, Crisantemo de Jardín y Zinia Gigante variada


Amaranto Cola de Zorro

jueves, enero 22, 2009

ELLOS CUENTAN SU HISTORIA

I

Salvo en el caso de las tres profesiones públicas por excelencia: artista, político y deportista; es extremadamente inusual que un oficio adquiera popularidad al punto de que quienes escriben, comiencen a teorizar acerca de como deben comportarse - y deben ser -quienes lo ofician, llegando inclusive a la temeridad de esgrimir juicios de valor que establezcan los códigos de conducta aceptables. Siendo honestos, poco o nada le importa a la gente lo que sucede puertas adentro en una carnicería, la cabina de un avión, una panadería o en un consultorio odontológico. Mucho menos le importa a la sociedad lo que estén pensando quienes allí están.

Exactamente así era con la cocina. A los restaurantes se iba a comer y el nombre de quien preparaba la comida era una atribución a olvidar -que como en cualquier caso- quedaba impreso en la memoria únicamente en los extremos: por pertenecerle a alguien muy bueno en su oficio… O muy malo. Entonces llegó la combinación azarosa que vuelve popular las cosas y posó su mirada sobre la profesión. De la noche a la mañana ser cocinero implicó niveles de exposición mediáticos insospechados y otros empezaron a hablar "del noble oficio". Quienes no son cocineros de oficio empezaron a escribir sobre "qué es ser cocinero", afirmando, en algunos casos, que fulanos que tienen una vida sólo haciendo eso – es decir cocinar- definitivamente no son cocineros por no respetar quien sabe que arbitrarias reglas. Como era natural esperar, la reacción de los cocineros pasó por todas las etapas de rigor: desde la incredulidad y el sonrojo, hasta el antagonismo defensivo. De tomar hipotéticamente a un sabio y hábil cocinero de hace 50 años, para enfrentarlo a las líneas sesudas que pretenden analizar su día a día hasta achacarle culpas y logros que ni imaginaba, seguramente le veríamos levantar varias veces la vista con estupefacción. Mayor sería su sorpresa si además, le informan que ahora son los mismos cocineros quienes han comenzado a escribir acerca de su oficio, desde un plano que va mucho más allá de aquella narración en primera persona que expone jocosamente gritos y malcriadeces de algún momento álgido en el servicio de un restaurante.

Ellos y ellas han comenzado a escribir y eso es maravilloso. Desde la ñ fabulosa que nos define como hispanohablantes se alza una voz que resuena desde el mismo interior de las cocinas. Desde las sesenta horas por semana. Desde el ruido de sofritos y el punzante olor de la adrenalina. Desde las grasientas campanas de extracción que hay que lavar a mano cada semana. Sobre todo, desde los 40 grados de temperatura de una línea caliente, que es como ellos le dicen a lo que otros llaman cocina.

Apropiándonos y torciendo letras hermosamente escritas por Silvio Rodríguez, decimos entonces: Que escriban, pues, la historia, su historia, los cocineros… Se lo ganaron.

II

"La preocupación no solo concierne el no explorar nuestra propia historia culinaria, reconociendo lo que duerme a nuestros pies, sino el desarrollar esa inteligencia que podrá elaborar un discurso propio que aporte todo lo que la naturaleza nos ha dado como legado. Formando parte con nuestra interpretación, como cultura del concierto de la gastronomía" (Helena Ibarra, cocinera del restaurante Palm´s, en Caracas. Escrito en "La historia escondida de un grano de Onoto").

"Todas estas especies vegetales, que hay que poner en valor, son la esperanza de pueblos y comunidades hasta hoy olvidados, marginados de las oportunidades que su país está obligado a darles. Por eso, es deber de todo cocinero hacer cuanto haga falta para que esa oportunidad llegue. La cocina de nuestro tiempo puede –y debe- convertirse en un medio para lograrlo" (Gastón Acurio, cocinero del Astrid y Gastón, en Lima. Escrito en "500 años de fusión").

"Hace ya varias décadas que nuestra sociedad, en su afán constante de consumo, se dedica a ensalzar lo efímero. La cocina, en tanto que productora de objetos materiales efímeros (aunque no lo sean las sensaciones que produce, como hemos visto), se adecuó a las nuevas tendencias en el ámbito de la restauración y también en el de la práctica doméstica. Y, por consiguiente, si antes podíamos decir que éramos lo que comíamos, hoy somos lo que desechamos. En la basura está el test de nuestra conciencia y los deseos por una sociedad más equilibrada." (Santi Santamaría, cocinero del Racó de Can Fabes en España. "Efímero", escrito en su blog en Internet).

lunes, enero 19, 2009

Menú de El Comedor (Jue 22 a Sáb 24)


ESTE ES EL MENÚ QUE SERVIRÉ ESTA SEMANA EN EL COMEDOR


ABREBOCA

Empanadita de Carne
(Servida con suero picante)


PRIMER PLATO (Para escoger uno de los dos)

Ensalada Tibia De Lentejas
(Servida con cerdo curado relleno de chicharrón)

Escabeche De Carite
(Servido a temperatura ambiente con papas y zanahorias)


SEGUNDO PLATO (Para escoger uno de los dos)

Olleta De Rabo
(La tradicional olleta de rabo, servida con bolitas de masa de onoto)

Curry De Mariscos Con Coco
(Cazuela servida con arroz jazmín)


POSTRE

Buñuelos Fritos De Yuca
(Perfumados con anís y servidos con almíbar de papelón)


RESERVACIONES:
reservacionescomedor@gmail.com
+58-212-9922429

jueves, enero 15, 2009

Santi Santamaria tiene Blog


Gracias a el Blog de mis amigos de GASTRONOMÍA Y COMPAÑÍA he podido enterarme que el Chef español Santi Santamaría decidió abrir un Blog. Vale la pena pasearse por los escritos de un cocinero que ha sido protagonista de las discusiones más importantes que se han generado a nivel teórico en las últimas décadas desde los bastiones de los fogones.

LA EDAD DE LOS COCINEROS

A Oscar Matzerath, joven eterno

I

Doblando cada recodo de una sede atestada, vemos a grupos de personas que disertan sobre su oficio. Es curioso, parece que todos compraron la ropa en las mismas tiendas. Algunos con mirada grave, otros desternillados ante la ocurrencia de un colega ¿Es acaso el sesentón Arzak, aquel que no para de gesticular a lo vasco mientras habla con el treintañero Andoni? ¿Será el joven peruano Gastón el que escucha en silencio a las venezolanas Cuchi Morales y Tamara Rodríguez, mientras éstas lo invitan a pasear por tierras yaracuyanas y embelesarse con la fragancia del cacao pariano?

Si un observador desprevenido observase por causalidad esta escena y se detuviese a entender la cháchara que mantiene atentos a estos grupos alegres, no podría entender la naturaleza real de la fiesta. No hay una edad, al menos una pista generacional, que permita inferir que hacen juntos. Difícil entender porque un hombre pasados los sesenta escucha con admiración a un jovencito de cuarenta o porque muchachitos se ríen a carcajadas ante las ocurrencias de gente mayor. Definitivamente no se trata de un cumpleaños ni de una reunión de ex alumnos (demasiadas edades involucradas), ¡Son cocineros!

II

Pertenecer a un oficio, a un credo o a una ideología común, genera una fascinante falta de temporalidad. Basta que dos personas posean el mismo lenguaje para que las barreras generacionales pasen a ser un sinsentido. Un universo de eterna juventud o de sosegada vejez, que refleja una edad que siempre estuvo presente. Todos aportan, todos aprenden. Resulta entonces interesante preguntarse si cada oficio, si cada profesión, posee una edad. De ser así, resulta interesante preguntarse cuales aspectos pueden llegar a influir en esa apreciación del colectivo.

Indudablemente un aspecto que pesa a la hora de definir la edad de un grupo es su propio entorno; por ejemplo, hay ciudades que invitan a ser joven eternamente y otras que jubilan antes de tiempo. Pero ya en el plano de los oficios, el uniforme es uno de los aspectos que más influyen, y al referirnos a él no lo hacemos pensando en aquellos trajes que deben usarse para trabajar (como la filipina del cocinero o lo braga del herrero), nos estamos refiriendo a una manera “civil”, común de vestimenta que uniforma a quienes comulgan en cosas comunes. Abogado penalista sin corbata no lo es, Abogado de derechos humanos con ella tampoco. Rastafari sin los colores de la bandera de Etiopía o sin la apología a la consabida hojita, tampoco.

En el caso de los cocineros occidentales, pareciera que la norma son los zapatos de goma, la franela poco costosa unicolor y los jeans. Sencillamente no es descabellado imaginarse a una Ana Belén Myerston (muy admirada cocinera merideña) de treinta años, hablando con un Paco Torreblanca (el pastelero español más importante del momento) en sus cincuenta, vestidos de manera casi idéntica aun viniendo de generaciones y geografías totalmente diferentes.

Si aceptamos entonces a éste como el “uniforme civil” de los cocineros, podemos tomarnos la libertad de adelantar que la edad de los cocineros raya en la adolescencia o por lo menos deberemos achacarles el viejo slogan de los publicistas: son unos “adultos contemporáneos”. Pensar en uniformes que definen edades es menos frívolo de lo que podría inferirse con una primera mirada. El uniforme define desde una forma de lenguaje, pasando por el tipo de lugares que se frecuentan, hasta la tónica y la atmósfera de las reuniones y festejos en los que se participa. El uniforme define inclusive una fonoteca en la que los títulos de álbumes musicales se repiten de manera asombrosa en las colecciones de sus miembros. De allí que cuando alguien toma la decisión de vida de “pertenecer” a un grupo de oficio, en el fondo también está decidiendo la edad colectiva que de manera orgánica terminará por influenciar aspectos bastante íntimos de su propia vida.

No debe confundirse edad con compromiso y mucho menos con madurez. En particular, la cocina implica mucha responsabilidad. Los cocineros, independientemente de que tengan 18 o 50 años, optan por una forma de vida profundamente disciplinada en donde los horarios y los compromisos están revertidos de una rigurosidad prusiana y en donde permanentemente está presente el compromiso de ser responsables de los sueños individuales de muchos subalternos.

La cocina, como pocas profesiones que he visto, vuelve adultos a niños que deciden ser jóvenes por el resto de su vida.

lunes, enero 12, 2009

¡Nuestro comedor ahora también los sábados!

Nuestro Comedor, a partir de Enero, sumará a las noches de Jueves y Viernes también los Sábados. Lo que continúa es el menú para esta semana.

RESERVACIONES:
0212-9922429
reservacionescomedor@gmail.com


ABREBOCA


Arepita De Anís
(Servida con crema de queso telita y ají dulce)


PRIMER PLATO (Para escoger uno de los dos)

Crema De Caraotas Negras Con Gelatina De Aguacate
(Servida con aire perfumado de malojillo)

Ensalada César De Berro
(Servida con crujientes de casabe de parmesano y jamón serrano)


SEGUNDO PLATO (Para escoger uno de los dos)

Pollo Relleno Caramelizado Con Papelón
(Relleno que recuerda a los aromas de la hallaca. Arroz con onoto)

Carne Mechada
(Servida con crujientes de maíz sobre crema de cilantro)


POSTRE

Ganache De Cacao
(Perfumada con Cocuy y servida sobre crema de Merey)

jueves, enero 08, 2009

… Y LLEGASTE 2009

Total que llegaste 2009. Con tu carga de predicciones apocalípticas y logros inmensurables fallidos. Las casas inteligentes aparentemente no lo son tanto porque todavía tenemos que resolver el escollo de comprarlas y por suerte, tener cocinero y cocinar no son aun una extravagancia. En poco menos de un año, al esconder tu número, cerraremos la primera década de un siglo XXI que en mi infancia se veía lejano. Lejanísimo.

Me arriesgo señor 2009. Me arriesgo a achacarte posibilidades. Como esos señores científicos de hace cincuenta años. Sólo que mi visión es a corto plazo. Me arriesgo a imaginarte dentro de un año.

Al final de este año, el mejor regalo de navidad será un libro y cuando entremos a las librerías, nos recibirá un mesón llenito de libros de cocina venezolana, como manzana seductora que espera hacerle el aguinaldo a los libreros. Allí estará el pequeñito de Don Tulio, reediciones de libros olvidados como el de "Gusto y regusto de la cocina venezolana" de Aquiles Nazoa, los de los grandes estudiosos de nuestras universidades, los de siempre, aquellos que hablan de patrimonio, un montón de libros de cocina que se editaron el año que acaba de terminar y como diez nuevos.

Terminado tu año, señor 2009, seremos testigos de un fenómeno difícil de predecir hace apenas un año. El avance mediático alrededor de la gastronomía se habrá "descaraqueñizado" y será una moda hablar de provincia. De repente esa palabra, a veces ofensiva, como es "descubrir", irrumpirá con fuerza y mostrará en columnas de pocos miles de caracteres lo que hace rato saben muchos: es desde la provincia de los países que se construye la gastronomía que define sus fronteras. Las capitales tienen el deber y deben dedicarse a documentar y vender.

Asistiremos a un homenaje para aquellos cocineros que trabajaron duro antes de que la profesión pasara a ser noticia atractiva para redactores. Esos muchachos que se están formando en escuelas descubrirán que la generación espontánea no existe, que hay un legado construido por extranjeros y nacionales a fuerza de quemarse las manos y soñar a este trópico.

2009 será también inicio. Por primera vez los cocineros venezolanos harán un congreso por y para cocineros. Vendrán sus amigos, es decir cocineros latinoamericanos, a mostrar que en medio de nuestra particular torre de Babel existe un esperanto que en vez de estar cargado de sonidos, lo está de olores. Cosa rara señor 2009, nos provocará ver al Sur para aprender.

Tal vez sea temprano para pensar en un libro de regiones. Pero me arriesgo a predecir que este año se gestará. Un gran libro, gordo y pesado, que muestre la gastronomía de este país desde cada una de sus regiones gastronómicas. Un libro fundamental, no de esos que hablan de rescates y descubrimientos, sino uno de esos que la gente tiene manchadito de aceite con onoto en las cocinas a fuerza de desgastarlo por uso. A propósito de ello, pareciera señor 2009, que este año finalmente dejaremos de hablar de cocina venezolana y comenzaremos a hablar de cocinas regionales. Ya comienza a cansar eso de meter a todo el mundo en un saco genérico que se limita a tres o cuatro lugares comunes.

El año pasado los cocineros comenzaron a unirse en grupos como AsoChef, Gasronomía Ecológica o Venezuela Gastronómica. Este año, pasado el tiempo de constituciones y estatutos, harán cosas. La labor de los cocineros agrupados traspasará la frontera de las cenas benéficas y empezarán a levantar su voz de oficio. A construir sus sueños y levantar su voz de gremio.

Los que creen en nuestras frutas salvajes conseguirán créditos para producirlas, acopiarlas, transportarlas y mercadearlas. Guama, semeruco, pomalaca, merey, pomarrosa, poncigué, jobo, níspero del Japón, cínaro y mamey se pondrán de moda. Estarán para nuestra sorpresa exhibidos en paquetes con código de barra y debido a ello, la gente va a ir por lo menos dos veces al mes a los mercados municipales.

Al terminar este año, su año, señor 2009; habrán abierto muchas taguaritas. De esas que sin pretensiones abren los cocineros. De esas en las que se come venezolano porque son venezolanos que compran en mercados venezolanos los que definen el concepto. De esas que terminan por conformar en las ciudades una red en donde se come por el concepto de salir y no de celebrar. Unos los llaman Bistrot, otros Trattoria, otros Paladares, otros Cafés, ¿Cómo los llamaremos nosotros?

No se angustie señor 2009. Si dentro de cincuenta semanas algunas de estas predicciones entran en el saco de los sueños fallidos, no le echaremos la culpa. Fue nuestra.

... Y a él volvemos

Dos cosas hermosas en estas vacaciones. Pasé una parte importante de mi adolescencia pateando las montañas de Mérida con mis hermanos Pablo Gil y Eduardo Portillo y luego de quince años nos volvimos a ver de nuevo los tres al mismo tiempo ¡Quien iba a imaginarse en tiempos del Liceo Libertador que yo terminaría de cocinero, Pablo de saxofonista y Eduardo trabajando con Seda!


Por otro lado me fui al páramo a acampar con mi niño y así prolongué por una generación más, la iniciación que en su momento tuvo mi padre conmigo.

viernes, enero 02, 2009

Hallaca (Dia 1)

Lo que continúa son tres videos que hice (de manera totalmente casera) para que quedara un recuerdo de como hacemos las hallacas en casa mis hijos y yo. Lo coloque en Youtube con la esperanza de que en un próximo Diciembre los nostálgicos de la diáspora tengan un instructivo.

Antes de que me siquitrillen por mail diciéndome que así no es una hallaca, recuerden: Ésta es la hallaca que hago cada año con mis hijos.

NOTA PARA EXTRANJEROS: La Hallaca es nuestro plato navideño y como cocinero puedo asegurarles que es el plato técnicamente más complejo que ha salido de los fogones de nuestro país. En todas nuestras casas y prácticamente a la misma hora, el 24 de Diciembre todos los venezolanos comemos lo mismo en un acto asombroso de comunión.

Por tratarse de un plato complejo en extremo, cada región posee una versión y cada casa, a su vez, su receta. La Hallaca de la casa de mi padre no se parece a la de mi Abuela (su Madre) y ninguna de las dos a las mías. Simplemente cada familia va generando una impronta que a modo de ADN los convierte en eso: familia. De allí que seamos absolutamente intransigentes con el tema y aseguremos sin pudor que poseemos "La verdadera receta de la Hallaca", generándose en esta época del año una competencia realmente divertida.

Les dejo mi receta ... por ser la mejor :-)

Hallaca (Dia 2)

Hallaca (Dia 3)

jueves, enero 01, 2009

LAS CALLES QUE SON LOS CAMINOS

Los merideños de mi generación crecimos aprendiendo a leer con el libro Coquito (de donde tomo el título de este artículo) y entendiendo al olor de este país desde la misma carretera. El acre olor del diesel de viejos Mercedes Benz, mezclado con el de hervidos, arepas y Malta, arrulló a toda una generación que muchas veces hizo el ida-vuelta a Caracas. Para nosotros no son 660 kilómetros, para nosotros se trata de un centro comercial con una larga feria de comida rápida. Un centro comercial diferente, dependiendo de la dirección del viaje.


7:30 a.m: Acabamos de cruzar la frontera entre Aragüa y Carabobo. Se ve aun el esqueleto del viejo peaje y ya a éstas horas están ellos y ellas bamboleando al viento los paquetes con Panelitas de San Joaquín. La cola se hace, nadie toca corneta porque dos carros más adelante alguien se paró a comprarles ¡Niños no vayan a llenar el carro de burusitas!

8:30 a.m: Acabamos de pasar el Campo de Carabobo y con él la autopista termina. Impresiona ver lo mañanero que es este país. A mano izquierda ya están abriendo los ranchitos que venden cochino y cachapa. Seguramente de regreso participaré en el festín multitudinario que se arma a partir del mediodía.

9:00 a.m: Este trecho de la carretera es peligrosísimo, por suerte ha estado despejado y ya estamos llegando a Tinaquillo. Nuevamente los puesto de carretera esperan. Momento ideal para intentar con una arepa de Jojoto (arechapas le dice una amiga mía) con un pedacito de queso.

9:30 a.m: San Carlos nos da la bienvenida con su curiosa redoma que en el medio tiene un monumento al mango. Justo antes de la redoma hay un puesto de venta de jugos naturales que a fuerza de calidad ha terminado por volverse parada obligada. En la bomba de San Carlos se pone gasolina para iniciar el largo trayecto de la utopista de los Llanos.

10:00 a.m a 1:00 p.m: Este fue siempre el período de los almuerzos y las ensaladas que nos enseñaron a comer vinagreta de vinagre sintético y aceite de maíz. Ahora el trecho San Carlos Barinas se hace casi en su totalidad por una autopista, que así como nos acortó en casi dos horas el viaje a Mérida, nos arrancó de cuajo la comida de carretera. Poco a poco van a pareciendo a orilla de la autopista, lugares para almorzar carne en vara, hervido y con algo de suerte, picadillo barines.. Con todo y su velocidad, la autopista no ha evitado la parada obligada en Ospino para comprar chicharrón (clarito y con burbujitas, como indica mi Padre) y los más nostálgicos se salen a ratos para intentar una compra de Guama en Sabaneta o volver a probar el único perfume de los mamones de Barrancas.

1:30 p.m: Cuando se termina la autopista, en lugar de seguir para Mérida, nos vamos acostumbrando a regresamos un par de kilómetros hacia Barinas para recorrer lugares de siempre. Al llegar a la redoma y justo antes de la primera bomba, está una fábrica de queso de mano con la posibilidad de vivir la sensación única de probar el queso aun tibio, y comprar una crema de leche excepcional. La redoma bien vale una parada de media hora para disfrutar la venta de cachivaches de cocina y llegar a la casa con anafes, calderos y budares.

2:00 p.m: Se acabó el llano y comenzó el pié de monte andino. Justo antes de llegar Barinitas logramos ver el mínimo letrero de "Si hay queso especial" y nos hicimos de un queso curado que se deshilacha en hebras. Lamentablemente, ésta vez no habían aguacates en la carretera.

4:00 p.m: Tenemos dos horas haciendo el cruce andino, embriagados con el intenso olor a ajo y cebolla que nos rodea y habiéndonos parado un par de veces para tomar chocolate y calentao con miche. Pasamos Mucubají, sabiendo que, de regreso, allí desayunaremos arepas de trigo con chorizo y huevo. En San Rafael de Mucuchíes nos comimos una mantecada y ahora estamos en Mucuchíes. Aquí es donde Wanda llegó de Italia he hizo el Hotel Los Andes. Aquí es donde sus hijas siguen haciendo el dulce de leche de mi infancia.

4:30 p.m: Escagüey con la parada obligada en la "Casita de la miel". Le hice caso a mi hermano y traje guantes de carnaza para robarme unas tunas de la carretera.

5:00 pm: Quizás me pare a comer trucha en el Caney del pueblo de Los Aleros o una crema de verduras en La Mamma frente a la plaza de Tabay. Quizás me apure a entrar y vaciar mi maleta. Me esperan en casa.

6:00 p.m: Once horas después, sobre la mesa de la casa está un país. Mi país de carretera.