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Mostrando entradas de 2020

LA HAMBURGUESA DE RENÉ

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Cualquier expresión de excelencia es crucial. Sea en los deportes, en las artes o en la gastronomía. Eso que llaman “fine dining” no es sólo el capricho de un chef, con inversores por detrás, que quiere hacer alta cocina. Para mí un saltador de garrocha como Armand Duplantis o un cocinero como René Redzepi son dioses de un olimpo con varios dioses. Quien acomete ese esfuerzo arriesga demasiado y somos los demás, lo mortales, quienes nos beneficiamos. Se benefician los países con prestigio, se beneficia hasta el más pequeño de los chiringuitos descubriendo que está pidiendo el mercado, se beneficia el oficio con nuevas técnicas. Se benefician los críticos gastronómicos teniendo de qué escribir. Se beneficia la humanidad cada vez que se supera. Nos beneficiamos todos ante el asombro de nuevos movimientos culturales.
Y pocas veces les damos las gracias. Si pierden la competencia o su restaurante se incendia, pasamos la página y ya.
La pandemia ha sido el desafío más terrible que han tenido…

ESCUELA DE COMUNIDAD

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El del medio soy yo en la cárcel de Padua en donde miembros del movimiento tienen un proyecto de pastelería. En la pared de un área de descanso de la cárcel dice en portugués "del amor nadie huye".
El encuentro con Jesús siempre surge de alguna forma de epifanía. Es profundamente repentino. Profundamente inesperado. Da igual la edad que tengas. Puedes tener cuatro años, como puedes tener cincuenta. Puedes ir todos los domingos a misa por inercia cultural y descubrir un domingo cualquiera que sucede, como puede ser que jamás hayas ido a misa y una tarde cualquiera sucede.
Es un acontecimiento. Es un encuentro. Uno particularmente perturbador porque no depende de uno.
La humanidad tiene decenas de milenios de años mirado hacia el cielo, pero hubo una vez que el cielo vino a nosotros. Desde entonces no miramos hacia las estrellas sino hacia dentro de nosotros y hacia el interior del alma de todo ser vivo. Cuando el acontecimiento sucede, es un golpe de amor tan distinto que amanec…

LA HISTORIA DE UN MORRAL

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Hoy fui a hacer una diligencia en la embajada de mi país en Chile. Cuando tocó mi turno de entrar el funcionario de la puerta me informó que no podía hacerlo con morral (debí haberlo pensado porque es así en muchas embajadas). Había bastante gente y en mi caso era el segundo día que lo intentaba, así que debo haber puesto cara de niño desvalido con seguridad. Una señora a mi espalda me dijo: Déjeme el morral. Yo se lo cuido. Yo no puedo entrar porque hoy no atienden para lo que yo necesito. Yo lo espero aquí. Aquí es la calle.
Es increíble, pero le di el morral y estoy 100% seguro que para ese momento ella no sabía que yo era “Sumito, el cocinero venezolano”. Adentro me di cuenta que en ese morral había quedado mi cartera, incluyendo el dinero que debía pagar en la embajada. Hablé con el funcionario. Me dejó asomarme a la puerta y ella estaba allí en medio de no menos 50 personas agolpadas. Abrí el morral y saqué la cartera y de la cartera mi tarjeta de presentación. Se la entregué y l…