sábado, octubre 25, 2014

383 ¿CAMBIARÁ EL RECETARIO POPULAR VENEZOLANO?


Navegar en curiara por los caños del Delta venezolano es una forma de ser testigos del tiempo detenido, todo enmarcado en medio de una belleza embriagadora. En aguas que reflejan como espejo perfecto los mangles, reman en libertad niños que no llegan a los cinco años. En la orilla se levantan palafitos interconectados por puentes aéreos, donde viven en comunidad los waraos. Todo es producto del entorno: las hamacas de moriche, los techos de palma temiche, las sandalias de fibra de bora, el pilón gastado de madera en el área para cocinar. Todo desde tiempo inmemorable tal como lo vieron los primeros europeos en navegar esas aguas… ¿Pilón? ¿Dice pilón la lista recién señalada? ¡Debe haber un error!, el pilón es africano y de paso en el delta no se siembra maíz. Pregunto entonces a mi anfitrión el porqué del pilón y mi sorpresa solo logra crecer: es para pilar el arroz que sembramos, dice mi interlocutor. Lo cosechan en las anegadas aguas costeras de los caños, lo pilan para quitarle la dura cáscara, y luego lo cocinan en olla a la leña hasta hacer un bloque ahumado parecido a una polenta.

Waraos americanos, pilón africano, olla de metal europea, arroz asiático. La combinación de cultura, tecnología, acceso a energía e ingrediente, que define el recetario de los pueblos; y por lo tanto define su cultura gastronómica. Nada es estático en cultura. Por mucho que nos empeñemos en aferrarnos nostálgicamente a nuestras tradiciones, ellas no han estado allí desde siempre. Ni estarán para siempre. Es cierto que eso que llamamos cultura gastronómica se alimenta de un recetario popular. Pero ese recetario depende de dos factores primarios como son producto y tecnología.

En el caso del primero, el producto, su aparición en nuestra despensa dependerá de tres factores. El entorno estacional (la biodiversidad ligada a la domesticación, la siembra y el clima), nuestra capacidad de convertir en imperecedero lo perecedero (refrigeración, conservación, etc.), y en nuestra capacidad de movilizar esos ingredientes desde entornos lejanos; factor último que depende fundamentalmente de la economía, ya que adquisición y traslado están íntimamente ligados a la capacidad de compra. En pocas palabras, nada más sensible al entorno que un anaquel.

En el caso del segundo factor, la tecnología, ésta siempre estuvo ligada a nuestro acceso a la energía. Quien tenía madera de sobra podía plantearse cocciones prolongadas e inventar hacer unas caraotas en olla, quien casi no tenía agua inventó una cocina sin ella y quien casi no tenía leña, inventó el wok y la comida hecha con todo picadito para que se hiciera rápido. No es diferente hoy en día: en casas en las que la energía (gas o electricidad) es muy costosa, prefieren hervir una papa a hornearla porque una papa hervida se hace en menos tiempo que una horneada, y eso se ve reflejado en la factura mensual.

Basta entonces que cambien las reglas que definen en una sociedad su acceso energético y su capacidad de llenar anaqueles, para que cambie de manera automática su cultura gastronómica.

II
Escribí mi primer libro de cocina en 1998 y actualmente estoy enfrascado con frenesí emocionado en la escritura de uno que espero publicar el próximo año. Aunque median 16 años entre el primero y este por nacer, en todos mis libros mi principal límite ha sido garantizar que sean recetas que puede hacer en su casa cualquier venezolano; por lo que siempre me plantee despensa y tecnologías que no ameritaran mayor esfuerzo a la hora de conseguirlas. Recientemente revisé ese primer libro, para tomar algunas notas para el nuevo, y fue notable ver la cantidad de ingredientes que hoy serían imposible de conseguir. Lo que más me ha impresionado es releer las recetas que he estado escribiendo últimamente: sin proponérmelo le huyo a ingredientes difíciles de conseguir (me refiero a crema de leche o aceite de oliva por ejemplo) y apelo a aquellos que veo cotidianamente. La ironía es que resultará un libro muy sano, porque me ha obligado a hacer uso como nunca del mundo vegetal y huirle tanto como pueda al casi inexistente aceite.

Exactamente lo mismo ha venido pasando con las clases de cocina de mis dos escuelas. Tratamos de mantener intactos los objetivos técnicos y conceptuales, pero indudablemente con una despensa y recetario muy distintos a los de hace una década. Es decir, los alumnos de cocina de hoy están aprendiendo sobre su propia cocina distinto a los de antes.

Mi propio ejercicio es la prueba de que en este país se está reescribiendo parte de nuestra cultura gastronómica. Desde la popular hasta la doméstica. Desde la de una casa de familia con holgura económica, hasta aquella casa con carencias. Desde un chiringuito a orilla de carretera hasta un restaurante de cocina de autor.

No emito juicio de valor. No me consta que ello sea catastrófico para nuestro proceso de apuntalamiento de identidad, porque a la larga cada generación tiene la cultura que le corresponde; y si una crece con whisky y la otra con ron, ambas tendrán sus propios códigos culturales válidos. Pero en mi caso si confieso tristeza: a mi generación las políticas económicas imperantes le robaron un pedazo de identidad. Crecí comiendo quesillo y arepa con diablito. Crecí reconociendo la diferencia entre aceitunas porque estaban presentes en muchos de nuestros guisos populares, me encantaba el Toddy y un buen pegadito tostado de arroz blanco con mantequilla. Conocí la famosa langosta con mayonesa de la cocinera popular Dorina en playa El Tirano en la Isla de Margarita. Comprar un pedacito de queso parmesano no me arruinaba. Tengo derecho a estar triste si ya no puedo comer esas cosas… y si esto sigue así, a los muchachos de ahora les tocará escribir el nuevo recetario popular venezolano. Insisto: ni bueno ni malo. Simplemente el suyo.

jueves, octubre 23, 2014

Venezuela Gastronómica. ¡4ta. edición de UN DÍA DE MERCADO! (7 a 9 de Noviembre, 2014)



Un Día de Mercado celebra su cuarta edición

La fiesta de los sabores venezolanos toma el Mercado de Chacao

Del 7 al 9 de noviembre habrá una cita ineludible con los ricos sabores venezolanos. La asociación civil Venezuela Gastronómica celebrará la cuarta edición de Un Día de Mercado, que al igual que en ocasiones anteriores, tendrá lugar en el Mercado de Chacao en Caracas, en esta oportunidad la asociación de cocineros le da un sabroso regalo a los caraqueños, la entrada general del evento será gratuita.

Durante estos tres días, de 12:00 del mediodía a 9:00 de la noche, se celebrará en el nivel comercio, terraza y ante techo del mercado, este suculento encuentro con gusto venezolano. Allí coincidirán 25 puestos de comida donde distintos chefs -de la asociación e invitados- ofrecerán sus propuestas. Simultáneamente, en diferentes salas, se ofrecerá una rica agenda de actividades que incluyen conversatorios, talleres y demostraciones de cocina, catas y degustaciones. La cita también servirá para que varios artesanos muestren sus propuestas gastronómicas. Esta vez, además, habrá cuatro salones especiales. El salón Solera con nueve catas dedicadas a la cerveza, dictadas por expertos maestros cerveceros. El salón Queso Las Cumbres con la señora Sonia Meléndez a la cabeza y 18 actividades dedicadas al queso de cabra caroreño. El salón Libros El Nacional con 6 conversatorios de autores de libros gastronómicos como Sumito Estévez, María Fernanda Di Giacobbe, Juan Carlos Bruzual, Pietro Carbone y Mamazory, y finalmente el salón Panaventura con la hermosa exposición fotográfica y de videos llamada: “Los hijos del trigo, las historias detrás del pan”.

En esta celebración habrá mucho que probar, compartir y aprender. En los puestos de comida habrá carne a la llanera en manos de Nelson Méndez, sándwiches de pernil propuestos por Víctor Moreno, las tapas larenses en el cocuy gastro bar de Humberto Arrieti, las hallacas de Francisco Abenante, la ensalada de gallina, y la de langosta de Héctor Romero, los choriperros carupaneros en pan de ají dulce ofrecidos por Juan Carlos Bruzual,  pepitos con queso de Belén de Mamazory, Domplinas con sabores parianos de Tamara Rodríguez, Cosmelina Sucre y Luisa Oliveros, Asopado del golfo de Cariaco propuesto por Egidio Rodríguez, helados con sabores criollos elaborados por Mercedes Oropeza e Irina Pedrozo, las agüitae`sapo Wilmer Arias y Carlos Hernández, los panes del IEPAN recién salidos del horno, el Vuelvealavida de Beto Puerta y los choripanes de La Montserratina, entre otros.

En las charlas, talleres y ponencias las temáticas son igualmente diversas. Se hablará de cocinas de distintas regiones, ingredientes emblemáticos de este país, platos indispensables, tradición y modernidad de nuestra cocina. Allí participarán chefs, investigadores, sommeliers, miembros de Venezuela Gastronómica e invitados.  Entre ellos se encuentran Sumito Estévez, Víctor Moreno, Nelson Méndez, Juan Carlos Bruzual, Héctor Romero, María Fernanda Di Giacobbe, Henrique Ramírez, Humberto Arrieti, María Elisa Römer, Wilmer Arias, Carlos Hernández, Belkis Croquer, Juan Alonso Molina, Issam Koteich, Eneko Fontoba, Beto Puerta, Freddy Linares, la profesora Ocarina Castillo, y los profesores Víctor Moreno Duque y Ernesto González entre otros.

Un día de mercado 4 es el décimo evento propuesto en cinco años por Venezuela Gastronómica, asociación civil formada por cocineros, panaderos, pasteleros, investigadores, sommeliers, productores y periodistas, cuyo objetivo fundamental es el desarrollo, promoción y difusión de nuestra identidad gastronómica. “Un día de mercado 4 es la fiesta de la cocina venezolana. La oportunidad de reconocernos en nuestros sabores, en las agüita e´sapo, en la carne a la llanera, en el vuelve a la vida, en el sándwich de pernil, las arepas, las empanadas, el tequeño, en las hayacas y el pan de jamón. Es la oportunidad de reencontrarnos entre nosotros, con nuestras querencias, con el país posible, con nuestros saberes y sabores que nos identifican como venezolanos y amantes de nuestra cocina” dice Juan Carlos Bruzual, actual presidente de esta asociación.

Para más información se puede consultar la página www.venezuelagastronomica.net.


Vocero Juan Carlos Bruzual

miércoles, octubre 15, 2014

¡Nos vemos el sábado 18 La RUTA ASUNTINA!

Quienes estamos en ese gran colectivo que es MARGARITA GASTRONÓMICA estamos felices con el buen pié con que arrancó desde el 1ero de Octubre esta gran fiesta de la cultura neoespartana promovida por todos los factores que hacemos vida en Margarita y Coche... ¡Pero ahora es que queda PROGRAMACIÓN para disfrutar!

El Sábado 18, por 2do. año, La Asunción organiza el PASEO ASUNTINO. Usted llega a partir de las 2pm (recomendamos llegar máximo a las 4pm) y en la plaza Bolívar lo esperará un comité de recepción que estará vendiendo los tickets por persona a 500 BsF. A partir de ese momento usted será guiado para visitar 8 lugares emblemáticos de nuestra ciudad capital, en donde le servirán un plato... Para culminar a las 6pm nuevamente en la plaza en una gran fiesta colectiva en la que la asociación de Palmeros y Cargadores Asuntinos servirá la gran olla de FRIJOLADA ASUNTINA. Trate de ser puntual porque por razones de logística sólo se venderán 300 cupos para este evento en el que una comunidad se organiza generosamente para mostrar como se puede hacer un evento cultural masivo de calle.

¡Y no termina allí! El Domingo 19 a las 10am en la calle Larez podrán ser testigos del 1er CONCURSO DE LA RECETA ASUNTINA (entrada gratis) y visitar la FERIA DE ARTESANOS.

jueves, octubre 09, 2014

382 TODOS MIS SOCIOS



Cada quien con sus obsesiones y sus sueños, y uno de los míos apunta a lograr que nuestros sabores se envasen con código de barra para que puedan ser exhibidos en anaqueles de supermercados. Si lo meditan un poco, la única forma de exportar una cultura gastronómica es esa. Mientras nuestro ají dulce no esté en pasta o deshidratado, mientras no haya botellas de aceite onotado, mientras nuestros quesos no estén tratados para exportación, mientras no se vendan frascos con sofrito, mientras no sea famoso un lomo caroreño rebanado… y un pare de contar infinito; pensar en exportar una forma venezolana de ser, desde nuestros sabores, sólo será un sueño.

Históricamente ese logro enfrascado no surge desde los grandes industriales de la alimentación, sino desde humildes manos populares que conocen nuestro recetario y nuestra sazón, y que suelen hacerlo de manera doméstica en sus propios hogares. Asesorar a esas personas en aspectos gastronómicos y de conservación, darles facilidades burocráticas para que formalicen sus emprendimientos, darles asesoría financiera y los primeros pasos del crédito, explicarles la importancia de una etiqueta, y sobre todo darle cabida a su producto en anaqueles para que otros los conozcan; ha sido la clave de muchos países que hoy en día son considerados potencias en exportación de alimentos. Lo he comentado antes: soy un imperialista cultural porque creo en volver conversos a otros pueblos hasta enamorarlos del mío.

En la Isla de Margarita, más específicamente en La Asunción, desde hace varios años se hacen ferias populares de calle de artesanos gastronómicos. Gracias al apoyo del gobierno municipal, organismos de turismo y cultura y la comunidad organizada, esas ferias han mejorado cada año, tanto en calidad de organización como en la calidad de las propuestas. Mujeres y hombres que hace cinco años se aventuraron por primera vez a mostrar su torta de pan de año o su pastel de chucho en un mesón vestido con tela en la calle, han ido afinando su propuesta. Lo más importante es que han comenzado a soñar que podrían mantener a sus familias con el fruto de ese trabajo y han inspirado a otras (uso el femenino porque casi todas son mujeres) a aventurarse con originales propuestas como miel de papelón o mermelada de ají dulce.

Con ellas y ellos vengo trabajando hace un buen tiempo. Son mis amigos. Son mis vecinos. Son mi familia extendida. Nos saludamos en la calle cuando nos encontramos camino al trabajo, porque todos (por el momento) trabajan en otras cosas. Una vez nos reunimos para ver si hacíamos una cooperativa en un espacio de mi escuela de cocina, con miras a hacer un local para el público. Pero las cooperativas, salvo que el trabajo de uno complemente al de otro,  son complicadas. Luego vimos la posibilidad de hacer una banca comunitaria gracias a la asesoría de Salamón Raydán y sus Bankomunales. El banco se logró y ha ayudado, pero era algo ingenuo de mi parte pensar que sin entrenamiento en negocios, íbamos a hacer nuestra tienda. De ingenuidad en ingenuidad nos hemos ido conociendo. De ingenuidad en ingenuidad nos hemos ido entrenando. Así nació esta semana El Rincón Asuntino.

Remodelamos una parte de nuestro restaurante Mondeque, le pusimos una nevera exhibidora, en las paredes repisas de madera, hicimos un logotipo y bautizamos el espacio ¡Es nuestro rincón Asuntino!

Pero en esos anaqueles no se puede estar sólo por el hecho de que cocinemos sabroso. Hay condiciones. Todos pasarán por un taller de manipulación de alimentos, todos tendrán número de impuestos (RIF) para lo que el organismo nacional (SENIAT) prestó una gran ayuda en una jornada… pero sobre todo ¡Deben tener un envase con etiqueta, nombre y forma de contacto! La alegría de la que fui testigo cuando muchos de mis aliados en este proyecto vieron esas etiquetas que ellos mismos diseñaron, es algo que no olvidaré. Uno subestima la etiqueta y su diseño, cuando en el fondo es el resumen de cómo queremos que nos conozcan, nos vean y nos contacten.

Lo más importante es que no hay nada regalado. Tuvimos apoyo de la alcaldía de Arismendi (La Asunción, Isla de Margarita) y de organismos de turismo, pero en ningún caso hubo ayuda económica. Yo como empresario que hizo una inversión, para acomodar el espacio de mi restaurante, la pienso recuperar cargando un porcentaje acordado entre todos a la venta de esos productos; y cada aliado debe saber cuanto cobrar para ser competitivo y sustentable, porque mi restaurante jamás regateará el precio que ellos decidan. Que no regalen ellos, que no regale yo, que todos aprendamos a hacer de esto un negocio.

Con apenas 24 horas de abiertos la división de talleres de emprendimiento de la Universidad SIGO (Isla de Margarita) le ofreció al grupo de emprendedoras un taller de 20 horas, y el presidente local del organismo oficial para el desarrollo de pequeña industria (INAPYME) tuvo una conversación con el grupo ¡Esto es apenas un camino que inicia y que dependerá de la suma de muchos!

De nuestros errores aprenderemos y cuando uno de nosotros no esté vendiendo, entre todos analizaremos que factores (precio, presentación o producto ofertado) pueden estar influenciando, y veremos como mejorar.

Soy un soñador porque estoy rodeado de gente que sueña. Gente que ya se imagina ser descubierta por empresarios que probaron en nuestro rincón uno de sus productos y les proponen ir a supermercados, gente que sueña que los llamen a hacer los abrebocas en bodas, gente que sueña con bolsas llenas de sus productos como suvenir de los turistas, gente que sueña que nuestra cultura sea conocida en todo el mundo… gente que cada mañana sueña país.

sábado, septiembre 27, 2014

381 YO, EL SUBVERSIVO

Convencer a una persona hermosa de que no sirve para nada, toma golpes pero es posible. Esposas minimizadas a fuerza de decirles “yo me encargo, tú de eso no sabes”, niños humillados por la risa de un padre que en público dice “estas cosas que tiene este muchacho”, empleados que perdieron la llama de la pasión a fuerza de jefes que nunca voltearon a escucharlos. Golpe a golpe, poco a poco, perforando con sadismo los sueños, hasta lograr que una mujer se convenza que es fea y bruta, que un niño se convenza que la espontaneidad que la providencia le regaló es un peso, que un empleado sienta que su espacio en la vida es ser empleado para siempre. Golpe a golpe hasta que terminemos por creer que genéticamente somos un defecto.

Convencer a una persona de su potencial, toma versos pero es posible. Esposas a las que les has hecho entender que son tus socias y que jamás tomarías una decisión si no es concertada y discutida, niños que bailan pésimo pero igual los acompañas a las clases de ballet para que entiendan que es válido probar cualquier decisión, empleados a los que empujas a contribuir con sus ideas. Verso a verso, poco a poco, rasgando con suavidad sus miedos para alumbrar sus virtudes, hasta lograr que una mujer sea una igual, que un niño sea el hombre del mañana que logró descubrir cual era su talento, que un empleado sea empleador. Verso a verso hasta que nos convenzamos que somos gente hermosa. Que nadie nace malo.

A todo el mundo se le caen las cosas. Todo el mundo quiebra algo en algún momento. Recálcale a una persona todos los días que es torpe, y cuando se le caigan las cosas pensará que era inevitable. Dile que lo que hace tiene valía, y cuando se le caigan las cosas querrá repararlas. Esa es la diferencia crucial entre golpe y verso.

Las comunidades, los países, son muy parecidos a las mujeres golpeadas desde la palabra y desde el puño, cuyos maridos las han convertido en una nada con moretones en el alma que se ven feas en el espejo, y que hace rato dejaron de intentar hacer cosas porque las convencieron que todo lo que hacen está mal. Dile a una comunidad que su cultura es basura, y golpe a golpe dejará de cantar. No aplaudas a una comunidad cuando quiere danzar y con el tiempo no le quedarán ganas de celebrar. No apoyes organizando, si estaba en tus manos, un concurso de pintura en tu comunidad; y con el tiempo ni la fachada de las casas estarán pintadas. Dile a un país que no tiene capacidad para ser gentil, y tarde o temprano terminará por pensar que es algo genético. Golpe a golpe. Indiferencia a indiferencia. Prioridad a prioridad, hasta que, parafraseando a Horacio Guarany en voz de tantos, calle la luna porque han callado los cantores.

Dile a un país cada minuto, cada tuit, cada conversación, que nada sirve y terminarás por convencerlo, hasta que derrotado se vea en el espejo con su morados y en vez de acusar a quien lo golpeó, afirme que no servimos.

Porque estoy cansado de que me digan que el país o yo o mi comunidad o mis vecinos, no servimos para nada es que juego cada instante el juego de trabajar con la comunidad, a la que pertenezco, de la que soy parte, para que juntos mostremos con orgullo lo que somos como cultura. Es mi forma de subversión. Es la que encontré.

Soy subversivo porque ayudo a organizar festivales y concursos de recetas populares para que la gente sepa que es garante de un tesoro que todos respetamos. Soy subversivo con mis fotos en Instagram de las miles de caras de artesanos populares que hacen cosas en el país, porque es mi manera de mostrar lo lejos que estamos de una derrota. Soy subversivo documentando todo lo que pueda porque es la palabra escrita la que garantizará continuidad. Soy subversivo desde mi chauvinismo desmesurado porque ha sido la manera de entender que no soy espectador sino socio.

Venezuela es un país realmente hermoso. Nadie plantea voltear la mirada frívolamente cuando es obvio que las cosas van mal, que es imperdonable que unos pocos desde las armas, la corrupción y el uniforme nos hayan llevado al borde de lo invivible; pero no será golpe a golpe que podremos resolverlo, porque nadie que se siente menos, feo, derrotado, puede levantar su voz de oprimido.

¡Verso a verso! ¡Canto a canto! ¡Baile a baile! ¡Pincelada a pincelada! ¡Fogón a fogón! Hasta que nos veamos al espejo bonitos como somos y sepamos que merecemos algo mejor. Acompañando con aplausos a quien cree y crea un mundo posible.

miércoles, septiembre 24, 2014

Calendario de actividades de Margarita Gastronómica

Pulsando sobre cualquiera de las imágenes puede verse el detalle de lo que por 32 días sucederá en la Isla de Margarita a partir del 01 de Octubre... ¡Por tercer año, comienza nuevamente la gran fiesta de la gastronomía en Venezuela!





lunes, septiembre 22, 2014

380 ESA TONTERIA LLAMADA ETIQUETA EN LA MESA

¿Por qué te regresaste a Venezuela? Esa es la pregunta que le hice al chef Edgar Leal y  a su esposa cuando tomaron la decisión de dejar los muchos años vividos en los Estados Unidos, su restaurante, su pasaporte norteamericano ganado a pulso; y se vinieron con sus dos niños pequeños que hablaban un español extranjero, y para quienes Venezuela era el país de sus abuelos. La respuesta del conocido chef es una de las más inesperadas que he recibido, pero vista desde la distancia que da haberla decantado, es también de una lógica paternal implacable.

Contaba Edgar que en su restaurante de Miami tenía tres clases de trabajadores: aquellos nacidos en los Estados Unidos de padres también norteamericanos, aquellos nacidos en los Estados Unidos pero hijos de padres inmigrantes; y finalmente aquellos que habían nacido en Latinoamérica y habían decidido emigrar. Era política de su restaurante que antes de abrir las puertas al público, se sentaran todos en una mesa común a almorzar. Y justamente en esas jornadas de almuerzo comenzaron sus angustias. Notó que muchos de los nacidos en Estados Unidos (hijos de norteamericanos o de inmigrantes) tenían pésimos hábitos de etiqueta en la mesa; y continuando con el inevitable acto de generalizar cuando se trata de documentar un punto, notó también que era raro ver un inmigrante latino que no supiera agarrar bien los cubiertos.

Lo que inicialmente no eras más que una anotación al margen de su libro de anécdotas, producto de su reflexiva forma de encarar la vida, poco a poco, a fuerza de repetición diaria, fue pasando a ser un acertijo que quería resolver… y resolvió.

“Aquí para los niños hay los parques más hermosos que puedas imaginar Sumito. Pero son parques llenos de niños solos, sus padres están trabajando. Es cierto que tengo calidad de vida, pero mantener este estatus en este país implica que hay que trabajar muy duro. Un día vi a mis dos niños pequeños y entendí que jamás me sentaría en casa a comer con ellos. Que serían otro par de niños solos de la modernidad. Que criaría dos niños incapaces de entender la importancia de agarrar correctamente un cuchillo. Y aquí estoy Sumito, de vuelta a Venezuela, en un país en donde mis hijos se sientan a la mesa con sus padres”.

Leído tangencialmente podría parecer frívolo afirmar que saber agarrar bien o no un cuchillo, o decir buen provecho al sentarse, pueda ser tan definitorio como para tomar una decisión tan trascendental como es quemar las naves; pero pensemos por un momento en algunas características relativamente universales que nos gustaría para nuestros hijos: queremos que nuestros hijos no sean egoístas y aprendan a compartir, queremos que aprendan a escuchar a otros sin interrumpir, queremos que aprendan a esperar sus momentos, queremos que acepten las diferencias y que sepan argumentar sin ofender. Queremos que aprendan a comer sano, queremos que amen a su país y su cultura, queremos que nos cuenten cosas y que sean nuestros amigos, queremos que se involucren con la economía familiar, queremos que entiendan que vienen de una herencia familiar que luchó y que una herencia de ejemplos dejarán, queremos que respeten a otras culturas, queremos que cuando seamos viejos nos quieran acompañar y no nos dejen solos, queremos que estando en la cocina entiendan que todos estamos conectados en este planeta. Queremos que mejoren lo que hay.

¡Que un adulto sepa agarrar correctamente un cuchillo significa que alguna vez, en una mesa, unos padres hablaron de estas cosas durante muchas jornadas en su niñez!

Los actos de etiqueta han sido atacados en tiempos en los que las formas son acusadas de burguesas y la muchachada comienza a creer que no seguirlos es emancipación. Pero la etiqueta, ese entramado sutil de códigos de conducta, no es más que un compendio de códigos culturales que nos vuelven gregarios alrededor de la mesa. Una mesa en donde aprendemos los valores que nos definen como sociedad (ver mis artículos 27 minutos y Por nuestros niños), una mesa en donde entendemos que estamos en el mundo para ser acompañados y para acompañar. 

La próxima vez que le parezca algo pasada de moda una persona educada en la mesa, piénselo. Probablemente esa persona fue entrenada para saber más cosas de las que uno cree.