viernes, mayo 12, 2006

Un articulo de Eli Bravo

COMER CON LA MENTE

Los hispanos vamos al supermecado tres veces más que el resto de los habitantes de Estados Unidos y gastamos 43% más en la compra de alimentos. Nuestro poder de compra, estimado en $1billón para 2010, tiene a la industria alimenticia salivando y diseñando estrategias que les aseguren un lugar en nuestra mesa y bolsillo. A la vez, los hispanos somos el grupo étnico con mayor incremento en los índices obesidad, especialmente entre mujeres y niños.

“Historicamente, las cocinas nacionales han sido estables y reacias al cambio” escribe Michael Pollan en su libro El Dilema del Omnívoro, “lo cual explica por qué el refrigerador de un inmigrante es el último lugar a revisar para encontrar signos de asimilación”. Pero la gente se adapta a la cultura en donde vive, y con esto cambia su manera de cocinar y comer. ¿Cuántas veces ha escuchado decir: desde que llegué a Estados Unidos crecí dos tallas?. La razón de la gordura no está solamente en los Big Macs, sino en la desaparición de ciertas reglas a la hora de cocinar y comer que alteran nuestra relación con los alimentos.

En una entrevista para la revista The Sun, Pollan explica que la selección de los alimentos, la forma de combinarlos, las cantidades a servir y la manera de comerlos, son parte de un aprendizaje cultural heredado, que combinado con la cantidad de energía que consumimos, nos permite mantener un equilibrio de cuerpo y mente. Hoy en día, con el microondas, los enlatados y congelados, las raciones extra largas y la pérdida de rituales como la cena familiar, millones de personas estan comiendo más de lo necesario, y no necesariamente de la mejor calidad.

Según Pollan, diariamente los estadounidenses consumen 200 calorías más de las que ingerían en la década de los 70. Por otro lado, el gasto alimentario en relación al ingreso es uno de los menores en la historia: 12% en EEUU, 20% en Europa. Esas calorías extras salen de alimentos procesados industrialmente que son ofrecidos a bajo costo en los anaqueles de los supermercados. Más comida, a menor costo, con menos nutrientes. El resultado son unos rollitos que nada tiene que ver con salud y buena alimentación.

La cocina hispana simboliza nuestra identidad y es uno de los grandes aportes a la cultura estadounidense, pero al adaptarse al mercado y costumbres locales entra en un círculo adiposo: Mayor poder adquisitivo para comprar más comida procesada industrialmente y cargada de hormonas o químicos, recalentada en microondas, servida en raciones colosales e ingerida frente al televisor. Nada que ver con la cena que preparaba abuelita

“Cómo comemos y nos sentimos al comer, es tan importante como aquello que comemos” asegura Pollan. En esta sociedad que se debate entre dietas y obesidad, no basta con leer las etiquetas para contar grasas y carbohidratos. Hay que pensar de donde vienen los aliementos, y sobre todo, cuánto necesitamos para mantenernos vivos, cuánto para satisfacernos y cuánto para excedernos.

3 comentarios:

stelle dijo...

Precisamente!!! He ahi el detalle... Todo cierto!

Adriana dijo...

Sumo querido, ya montamos la entrevista en Caracas Café.

Un beso grande... Gracias por todo!

Ernesto dijo...

un post muy interesante, pasaré muy seguido por aqui