HACIA UNA COCINA VENEZOLANA PARA EL MUNDO

Durante el pasado mes de mayo, los miembros de la “Asociación de Marketing de España” le conferían su prestigioso premio anual, a una ganadora que apenas hace diez años hubiese resultado impensable. El premio fue otorgado a La Alta Cocina Española debido a que «ha demostrado haber realizado un marketing eficaz que le ha traído muy buenos resultados a España y ha trascendido a nivel mundial» ¡Todo un hito en términos de concepción clásica de lo que es mercadeo y un espaldarazo asombroso a lo intangible!

Aunque sorpresivo el premio, visto en retrospectiva resulta totalmente lógico, ya que a estas alturas nadie puede negar el prestigio de la Alta Cocina española. A la luz de este hecho surge una pregunta que seguramente muchos nos hemos hecho: ¿Qué se necesita para que la cocina venezolana sea reconocida en todo el mundo? Como siempre, ante preguntas tan complejas, no existen ni fórmulas ni respuestas lapidarias, por lo que intentaremos en este artículo colocar el foco en aquellos aspectos en los que existe relativo consenso.

Conciencia de realidad: Es innegable la calidad y la capacidad tanto de cocineros como de restauradores en Venezuela, así como la cultura cosmopolita que suelen exhibir nuestros comensales. El problema radica e insistir en frases como “Caracas es la ciudad de Latinoamérica en donde mejor se come y es famosa por ello”. Son frases que no resisten encuesta y sólo logran prolongar un espejismo que evita que nos enfoquemos en las metas necesarias para internacionalizarnos. No dudamos que se coma bien en nuestra capital, el problema es lograr que los demás se enteren.

Documentación: Mientras las librerías del mundo no exhiban libros con nuestro recetario y nuestra filosofía gastronómica, lograr prestigio internacional a nivel gastronómico será complejo. Hacer libros de cocina suele ser costoso y muy pocas veces produce ganancias importantes; de allí que la semilla que inicia la publicación de esos libros debe venir de fondos gubernamentales, apuestas de editoriales que ven a futuro y empresa privada dispuesta a invertir en proyectos editoriales. Es indudable que una vidriera cargada de libros de cocina sobre un país, termina por ser un vehículo de venta cultural fabuloso. En todo negocio bueno, especialmente si es a largo plazo, es importante apostar y creer en el producto primero.

Políticas de estado: Hay dos cifras que hablan de manera contundente por si solas: 18% del PIB de España (y 11% en el caso de Perú), dependen de manera directa o indirecta de su gastronomía. Nos referimos a congresos, publicaciones, hoteles, ingredientes vendidos en el exterior, licores, turismo gastronómico, escuelas, empleo directo e indirecto… una lista que se pierde. Lograr algo tan impresionante como que casi un quinto de la economía de un país sea consecuencia directa de un hecho cultural sólo es posible si la promoción de ese intangible es asumida como política de estado en los planes de la nación, entendiendo la necesidad de invertir en estructuras sólidas que aseguren resultados a muy largo plazo.

Creer en nuestra cocina: Cada vez que un miembro de la comunidad europea emigra de su país de origen y decide montar un restaurante en el exterior, es casi seguro de que lo hará con uno que muestre la cultura gastronómica de sus orígenes. Ya Venezuela tiene un número bastante importante de connacionales que han decidido emigrar y muchos han decidido emprender operaciones comerciales gastronómicas; pero salvo el honroso caso de algunas areperas, casi siempre optan por asumir franquicias foráneas o conceptos mediterráneos. La popularidad y divulgación de las formas étnicas de cocina necesita de lugares que sean la vitrina en donde otros puedan saborear un concepto de país. Son pocos los restaurantes típicamente venezolanos en el mundo.

Bandera gastronómica: No existe un solo pueblo que haya logrado internacionalizar su cocina sin establecer una bandera gastronómica. Los chinos tienen la lumpia, los mexicanos el taco, los norteamericanos la hamburguesa, los italianos la pizza, los franceses el vino y queso, los argentinos la carne y los peruanos el ceviche. Ninguna de esas banderas ha surgido de la nada o por generación espontánea. Seguramente todos los venezolanos estamos de acuerdo que la nuestra es la arepa y posiblemente este sea el punto más resuelto y de mayor consenso hacia la búsqueda de la soñada internacionalización de nuestra cultura gastronómica.

Ser embajadores: Sólo es posible internacionalizar un concepto cultural en la medida que cada venezolano en el exterior decida contar lo que somos ¡Seamos embajadores!

Comentarios

Maribri ha dicho que…
Saludos cordiales!
Saludos cordiales!
Quiero compartir con ustedes mi espacio de recetas venezolanas e historia de nuestra gastronomia, como venezolana en el exterior y a falta de lo nuestro me he dedicado a investigar sobre nuestra cocina, pueden dirigirse al blog:
http://lacasitademaribri.blogspot.com/

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