EL SABOR AGRI-DULCE DE MARACAIBO

Desde que andamos en dos piernas, nos hemos arreglado para hacer caminos partiendo de diferentes rincones hasta llegar a un punto en donde nos reunimos, para definir las estrategias con las que queremos ser reconocidos. Homo Erectus, que alrededor del fuego planificaba. Apóstoles, que en una última cena decidían, sin saberlo, el futuro de una cuarta parte de la población actual. Caballeros, que en la mesa redonda planificaban muerte. Científicos que intercambiaron ideas de las que saldrían curas. Desde que somos hombres planificamos futuro. Pareciera que en nuestros genes hemos tenido siempre claro que más que ser, queremos ser. En la actualidad, reunirse en congresos es seguramente la forma principal empleada por la humanidad para definir las estrategias de un colectivo, salvo en los casos en los que una autoridad única todo lo decide.

Ya en un plano particular, los congresos asociados al mundo gastronómico han pasado a ser verdaderas armas de mercadeo para los países, en un mundo global en que queda claro que el poder de intangibles puede traducirse en mucho dinero; aparte del hecho obvio de que el mantenimiento de tradiciones culinarias es un blindaje particularmente efectivo ante ataques de transculturización.

Los congresos de gastronomía pueden dividirse fundamentalmente en 4 tipos: Los que son parte de eventos turísticos organizados por el estado como vehículo de venta del país o una región al turismo internacional (Expos), los organizados en un plano más especializado y académico por universidades (Simposios), aquellos que persiguen un fin comercial mediante la venta de puestos para exhibición de ofertas de servicio y productos (Ferias)… y aquellos organizados por gente del gremio que sueña con definir estrategias, establecer una identidad clara, superarse y posicionar al país ante el mundo. Como diría el maestro Brecht, éstos son los imprescindibles.

Son congresos que no persiguen más ganancia monetaria que aquella necesaria para organizarlos, e irónicamente son aquellos que más sufren el desgano oficial y privado. Los primeros se hacen la vista gorda por no ser organizadores directos, los segundos porque dudan si su aporte traerá réditos en el posicionamiento de sus marcas. Por un lado unos poetas tratando de hacer país e inventando mil maneras de reunirse y por el otro algunos a los que parece que se les olvidó, perdidos en las nebulosas de sus números y cuotas de poder. El único país de nuestro continente en donde he visto que este círculo infernal es reventado, es Perú. Allí una tajada del PIB de la nación se dedica exclusivamente para apoyar iniciativas de congresos que vendan al país andino ante el mundo. ¡Están claritos!

II

Acabo de ser testigo, del esfuerzo impresionante de un grupo enorme de personas que en la ciudad de Maracaibo organizaron el “Primer Congreso de Identidad Gastronómica”. ¡Un congreso hecho por cocineros para cocineros! Fuimos testigos felices de conferencias hechas por expositores de todo el país, de periodistas, de blogueros, de gente de otras áreas profesionales. Vimos a la gente de Paria mostrando el esfuerzo de producción de chocolate de esa región, a productores artesanales que no han tenido voz, a muchas escuelas de cocina del país. Fuimos testigos de un salón a reventar, repleto de cocineros, que se levantó en ovación prolongada para homenajear a un emocionado Don Armando Scannone. Gente que financió de sus bolsillos el viaje con un fin único: entendernos para definir estrategias, que a la larga, nos lleven a un discurso sólido y común de identidad.

Vimos también la angustia de los organizadores. Fuimos testigos de su soledad. Los vimos multiplicarse para buscar gente en el aeropuerto a falta de transporte cedido. Sacar efectivo de sus bolsillos por falta de insumos donados. Casi llorar, al explicarnos, que ahora la habitación no era gratis, porque en 48 horas habían cambiado las reglas del juego. No vimos pancartas de la Alcaldía ni a organismos nacionales apoyando. Quizás cedieron una dádiva aquí, una limosna allá… No es suficiente.

Los que allí estábamos, soñamos con un segundo congreso. Soñamos con que los organizadores no desistan. Soñamos con que no hayan perdido mucho dinero. Si ellos metieron la mano en su bolsillo, al igual que la mayoría de los asistentes, pregunto ¿No es hora de que comiencen a hacerlo los que pueden? ¿Acaso no resulta obvio que apoyar esta iniciativa es apoyar al Zulia y al país? Mientras tanto, ¡Gracias Ivette Franchi, cocinera, señora organizadora!

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