Palabras para morder

Lo que les anexo es apenas una partecita de un texto que me mandó Roger Michelena (michelenag@cantv.net) quien por cierto les consigue literalmente cualquier libro.

PALABRAS PARA MORDER ENTRE AMANTES

Llegó ese momento en que los amantes tienen ya los labios adoloridos de comerse uno al otro. Y hasta el viento que los toca enciende de nuevo sus sensaciones.
A esa hora más que a ninguna, las palabras pueden ser bravos detonantes y, en apariencia desde la nada: desde el aire que cabe en sus vocales, pueden avivar una y otra vez el fuego de la sangre.
Porque los amantes son frágiles como papel ante el roce ardiente de ciertas palabras.
Los amantes se miran con los dedos, pero se dibujan y se tocan con la boca.
Los amantes se escuchan incluso a través de sus silencios.
Los amantes se describen, se reinventan, acuñan términos que en sus labios lucen nuevos.
La palabra de un amante es una cosa, un objeto de aire que de pronto se aviva y late a la temperatura y al ritmo del cuerpo.


Por Alberto Ruy Sánchez
***
Y entonces, de la mesa que pausadamente compartieron antes del primer beso, donde habían desatado su apetito de conversación y dado gusto a lenguas y paladares; de la mesa donde horas atrás llevaron un solo fruto a sus dos bocas, tomaron la palabra azafrán y la convirtieron en un instrumento más para acariciarse.

Azafrán: un diminuto placer dedicado al paladar y que alguna vez fue indisoluble de la belleza de la Alhambra. Dos dimensiones de una misma cultura de los sentidos, la del antiguo Al-Andalús, donde se pronunciaba Zaffaraán.
Porque el azafrán, con sus filamentos curvos, es un arabesco cuyo trazo comienza en una flor y se extiende en la boca.

Los labios y los dedos se les tiñeron de ese sonido amarillento y rojizo. Y montados en una oleada de besos diminutos los amantes se aplicaron también pequeñísimos pellizcos, tal como habían visto que en el campo tratan a la orgullosa flor morada de la que se arrancan con los dedos tres pistilos cuyo estigma es el verdadero oro rojo: el azafrán. Apenas tres hilos de cada flor. Y como se requieren miles para tener unos cuantos gramos, los amantes se pellizcaron en esa proporción.

Azafrán era y es el nombre de un tesoro. Pero también un conocido veneno si se le toma con exceso. El más caro y difícil de los venenos. Aunque dicen que también el más placentero: el azafrán se apodera de los sentidos de los amantes y los ilumina como si llevaran un sol adentro. Luego toma la cabeza y muy poco después todo el cuerpo. No los hace alucinar ni los tortura, sólo les da un placer excesivo.
Hasta sus miradas tomaron de la palabra azafrán un tono más encendido. Y por donde los ojos, los dedos y los labios pasaban sobre el cuerpo amado y desnudo iban dejando una especie de tatuaje fugaz, de huella amarilla o naranja, visible tan sólo a los amantes por un instante meticulosamente demorado.

Comenzaron a sentirse teñidos del deseo ardiente del otro y uno de ellos finalmente lo confesó con todos sus colores: “Tu voz me hace sentirme azafranado”.
Estaban trazando, con la palabra elegida, un nuevo mapa amoroso en sus sentidos, una sorpresiva geografía del deseo. Y así siguieron abriendo y explorando “la ruta del azafrán” sobre sus cuerpos.

***

De la misma mesa tomaron poco después la palabra aceite. Uno de los amantes, la sonriente Jassiba, la propuso pronunciándola con un desliz que sacaba a flote el conocido origen árabe de esa voz: azzayt. No todo mundo sabe que es una de las miles de palabras que el español tomó del árabe. Se escriben diferente pero en la boca saben igual en las dos lenguas. Y al decirla, Jassiba hacía pensar en una pequeña jarra de pico inclinándose muy lentamente. La palabra se extendió densa y líquida, ligada y suave. De sus sílabas se desprendió un aroma que llenó el aire: envolvía sin ser dulce y atacaba a la lengua sin ser salado. Aceite.
Decidieron entonces hacer más intensa y rara esa sensación y pensaron inmediatamente en un tipo especial de aceite: el que se obtiene del fruto del argano. Un árbol que crece a la entrada del Sahara. Es relativamente pequeño, casi arbusto, pero de raíces muy profundas. Es una planta muy verde encendida entre los ocres del desierto y que da a las tierras áridas del norte de África uno más de sus misterios. Es pariente lejano del huizache y del mezquite que pueblan a su manera los desiertos del norte de México. Son plantas muy antiguas que los científicos llaman “Voraces” o “Derrochadoras”, porque sus raíces crecen más rápido que sus follajes y pueden ser veinte veces más grandes que sus troncos y sus ramas. Los amantes piensan que así quieren crecer uno dentro del otro, con voracidad veinte veces desmedida. Con sed veloz en sus venas más ocultas y los dos vueltos aceite derrochado al final del día.
El aceite de argano es un poco más oscuro y amarillo que el del olivo. Huele y sabe a ese tipo de nuez que llaman “del paraíso”, dejando una sensación perfumada que corre veloz dentro de la boca y se aloja inconfundible en la parte de atrás del paladar. En algunas tribus nómadas se considera que este aceite es afrodisiaco. Que instala inmediatamente en quien lo prueba un decidido ánimo de amar. Aceite oásis, aceite paraíso.

Ya para entonces los amantes sentían que la palabra aceite daba a los labios más que un sabor, una segunda piel casi transparente, casi líquida; una parte ligerísima de la boca que podía quedarse donde se pusiera el beso.

Aceite bajó con todas sus vocales por la piel del cuello. Montó en los músculos del pecho, rodeó las aureolas granuladas. Suavizó y endureció al mismo tiempo todas esas partes contradictorias y desbocadas que se embriagan con el tacto.

Aceite hace que las manos naveguen como si llevaran viento. Y hace que la piel se sienta ya tocada hasta por lo que aún no se acerca: aliento, lluvia, presencia.
Aceite adormila y hunde. Provoca desde muy adentro. Aceite alborota el hambre más oscura de los cuerpos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hola Sumito...
Que belleza, me he quedado llena de tanta intensa palabra. Que bueno que coloques en esta vía, pasajes capaces de hacer sentir lo mas profundo de las pasiones...que combinación tan perfecta!!!
Quien te estima mucho...SV Caracas
Anónimo ha dicho que…
Hola sumito esto esta realmente espectacular pero tengo una observación: el aceite rodeo las AREOLAS no las aureolas (eso es la argollita que tienen los angeles sobre la cabeza)y no creas que soy un craneo simplemente que yo tenia esa equivocación y mi cirujano plástico me corrigio,pero eso no le quita ni un ápice de belleza ok, muchos saludos
P.D: disculpa si fue una mala interpretación de mi parte pero es tan sensual que no puede tratarse de otra cosa.
sara ha dicho que…
hola sumito solo te quiero decir que todas las noches antes de acostarme veo a las estrellas deseando verte y tener serk...por q no solo eres una imagen en la tv eres mi fantasia ...por q no solo no te puedo poseer ..?? es que el universo no lo quiere asi!
de todas formas te mando un besot! luvya sigue haciendolo bien...bye
Alberto RUY SANCHEZ ha dicho que…
Con inmensa y muy agradable sorpresa veo mi texto en tu página y te lo agradezco. Mi libro Nueve veces el asombro apenas está saliendo esta semana en Alfaguara México y es increible que ya te envíen un fragmento sabroso. Anoche me reuní con un grupo de amigas que hicieron una cena para festejar y comentar el libro. Steffie Gómez Counahan fue la chef: hizo todo alrededor del azafrán, que ocupa un lugar importante en mi fantasía erótica. Y fue sensacional, indescriptible. El azafrán es mágicamente provocador. Al día siguiente descubrió en tu página -porque es tu admiradora- mis palabras para morder. Gracias por difundirlas. ¿Tienes algún menú azafranadoque nos recomiendes?

Alberto Ruy-Sánchez
http://www.albertoruysanchez.com
Alberto RUY SANCHEZ ha dicho que…
Postdata:
Puedes contactarme en esta dirección:
albertoruy@yahoo.com.mx
Anónimo ha dicho que…
Me muero....Martha

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