#224 TIEMPOS DE DIETA

Las personas que hacen dieta para rebajar de peso pueden clasificarse, grosso modo, en tres grupos: Quienes lo hacen por mandato médico, quienes andan tras la búsqueda del cuerpo que quisieran tener y no el que les toca tener (suelen terminar en el primer grupo) y finalmente, quienes saben que se han excedido o intuyen que sus hábitos pueden llevarles a futuros menos promisorios y cargados de achaques evitables. Este artículo va dirigido a los terceros. A aquellos que aman comer pero que entienden que la búsqueda del placer es desde la mesura. Posiblemente los más hedonistas por ser los que desean muchos años de vida para poder seguir gozando de esos placeres.

Aunque siempre he creído que el "mes nacional de la dieta" debería ser noviembre para así ganarnos el derecho al exceso decembrino y ser arrojados incólumes desde esa bacanal; es evidente que el frenesí dietético le pertenece a enero. Irónicamente, la mayoría no subimos de peso dramáticamente en diciembre (a lo sumo un 2% de nuestro peso), pero en enero solemos achacarle al mes celebratorio todos los kilos ganados durante el año. Asumiendo que usted, estimado lector, se encuentra aun en la etapa de flagelación, aprovechemos entonces, no para dejar de comer, sino para hacerlo correctamente. Van pues, algunos consejos:

Salvo que exista una condición médica, la razón por la que llegamos a pesos que eventualmente podrían afectar nuestra salud y acortar nuestra vida, la conocemos todos: Comemos más de lo que necesitamos. Decidir cambiar nuestros hábitos porque intuitivamente sabemos que algo no va bien, comienza por llevar un registro escrito semanal de nuestro peso corporal y uno diario mental de aquello que comenos. Ambas anotaciones fungirán como recordatorios de nuestra dererminación. El siguiente paso implica entender que si hemos estado comiendo de más, ha llegado la hora de comer menos. Suena evidente, pero pocas cosas más difíciles que desandar las mieles de la gula y "pasar hambre". Esa dificultad suele ser la cumbre por la que solemos desistir antes de iniciar el descenso. Para paliar (o al menos engañar) el llamado adictivo de un estómago crecido, cuatro máximas vienen al rescate: La primera, y fundamental, es desayunar y hacerlo con ganas. Las otras tres son tomar agua, comer tan lento como le resulte cómodo y tener a mano "matadores de ansiedad" como manzana, zanahoria o cualquier vegetal crudo que le guste; especialmente para los desesperantes momentos de las 10 de la mañana y las 5 de la tarde. Más rápido de lo que se imagina se acostumbrará a comer las cantidades correctas tres veces al día, y éstos dejarán de ser necesarios... Y si le siguen provocando estos vegetales de media mañana, se habrá hecho un bien permanente.

Hasta este momento dudo que haya escrito algo que no sea lógico y sobre todo que atente contra nuestra dieta y contra nuestros condumios cotidianos, pero es importante entender que si hemos decidido bajar de peso necesariamente tendremos que lidiar inicialmente con algunos sacrificios. Una vez que logremos el peso buscado (idealmente el que sea sugerido por un especialista), estos sacrifcios no serán necesarios porque habrán sido arropados por nuevos hábitos. Lo primero es detectar aquellos elementos que claramente son calóricos y que solemos comer con base diaria, para proceder a eliminarlos temporalmente o al menos aminorar su consumo. Dentro de este rango de sacrificables casi siempre el dedo termina señalando a los carbohidratos que generan adicción: Azúcas refinados, alcohol y almidones. Creáme que si usted elimina por completo el consumo de azúcar de su dieta, igualmente habrá consumido kilos debido a su uso masivo como aditamento en todo alimento de conserva. En todo caso es recomendable (y necesario) el consumo de carbohidraros en el desayuno y poco aconsejable en la cena.

Decidir cambiar hábitos alimenticios puede convertirse en una gran oportunidad de goce. Implica planificar lo que se va a comer (por lo tanto saborear con anticipación) y casi siempre resulta en un catalizador para aprender a cocinar. Entender el cuerpo es el permiso ganado para excederse por placer, porque la consciencia de él abre el camino de la compensación.

No es que estos son tiempos de dieta, simplemente es hora de retomar el placer para el que estamos diseñados, haciendo a un lado la adicción de comer ¡Que regresen aromas y sabores!

II
La parte más importante de mi filosofía gastronómica ya fue escrita en esta columna en Enero del 2008 en los artículos OCHO REGLAS PARTE 1 (http://bit.ly/dRyJVs) y OCHO REGLAS PARTE 2 (http://bit.ly/f488vo) Por favor deténgase un rato a leerlas.

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