LOS TRES MOMENTOS DE RATATOUILLE

La compañía Disney/Pixar estrenó este año “Ratatouille”, siendo ésta su más reciente película hecha enteramente con dibujos animados en computación. Se trata de una película dirigida más a un público adulto que de niños, en donde se narra la inaudita historia de una rata que sueña con ser cocinera reconocida en un restaurante para humanos. Como toda película, posee su miríada de detractores que consideran repugnante el uso del animal peludo como protagonista del noble oficio; así como hay su buen tanto (entre los que me cuento) que se ha fanatizado con la propuesta al punto de llegar coleccionar juguetes con las formas de los protagonistas. La razón por la que traigo a colación la historia de esta película sacada de cartelera ya hace rato, es porque en ella se muestran – no se, si de manera inconsciente – tres momentos claves en la evolución de los cocineros.

MOMENTO 1 (La Alquimia): Remy, que es como se llama la rata protagonista de nuestra historia, posee pasión por la comida desde que tiene memoria, prefiriendo inclusive pasar hambre antes que claudicar y comer cualquier cosa como de hecho lo hacen cotidianamente sus gordas y saciadas compañeras. El caso es que un día coloca en una rama de romero un champiñón y un trozo de queso y descubre que al colocarlo al calor de la boca de salida de una chimenea, todo sabe mejor ¡Remy descubre ese día la alquimia!

Pareciera obvio que las transformaciones debidas al fuego son naturales para cualquier cocinero, pero esa escena refleja un primer instante tremendamente importante que llega en momento diferente a cada cocinero y que es guardado en la memoria por siempre. Algunos lo viven en la infancia al freír el primer huevo y muchos (más de los que puede imaginar querido lector) lo descubren siendo cocineros en un restaurante. Todos cocinamos pero no todos entendemos lo que sucede. Mucha gente puede hacer la brocheta de romero de nuestro héroe peludo de manera mecánica siguiendo una receta, dando como un hecho los resultados y sin detenerse a pensar en el proceso de cocción involucrado. Cuando finalmente llega como un relámpago la revelación, descubrimos que nuestras manos transforman. Descubrir la sutil diferencia entre un mismo cubo de queso crudo, tibio, algo fundido o gratinado hasta dorar sin perder la forma; es más difícil y menos común de lo que parece. Muchos cocineros de restaurante repiten sin cesar la orden de colocar en la plancha una brocheta con queso … a pocos se les eriza la piel cuando lo ven fundir.

MOMENTO 2 (El Servicio): Seguimos avanzando en la película y encontramos que nuestra rata vive con Linguini, un amigo humano carente de talento pero con ganas de ser cocinero. Amanece y para sorpresa de él, encuentra que en la cocina lo espera la rata con un desayuno en donde una omelette de huevos y queso es la gran protagonista ¡Remy descubre ese día que los cocineros obtienen su placer a través del servicio! De manera algo burda podríamos dividir a los buscadores de placer a través de dos grandes grupos complementarios: Los que obtienen placer pidiéndoselo a otros y los que lo obtienen dándolo. La búsqueda de placer posee de manera inherente una importante dosis de egoísmo, por lo que es fácil inferir que ambos grupos andan tras lo mismo pero mediante caminos diferentes. El cocinero no sirve a los demás por vocación asceta de servicio en acto totalmente anónimo, ¡todo lo contrario!, los cocineros poseen vicio por la sobada, por el aplauso, por la sonrisa cómplice. Con el tiempo descubren que la mejor manera de obtener esas cosas que los electrizan, es sirviéndole a quienes están en posición de dárselas. Muchos pasan años trabajando sin entender que vericueto perverso los colocó en medio de una rutina tan dura … muchos se levantan un día, hacen una tortilla y (parafraseando a Serrat) logran que la vida los bese en la boca.

MOMENTO 3 (Regocijo solitario): Casi se termina la película. Los amantes se han encontrado, los malos han recibido su merecido y nuestra rata Remy ha logrado finalmente el reconocimiento de género y de talento que soñó desde siempre. Esa noche, al terminar el servicio, sabiéndose victoriosa, toma un plato y coloca las tres cosas que más le gustan en la vida: Queso, uvas y vino tinto. Sale sin ser vista por la puerta trasera de la cocina y en un viaje al fin de la noche como diría Celine, se sienta con la mejor de las sonrisas a cenar ¡Remy ha descubierto que el regocijo de los cocineros es un acto solitario! Como los dos momentos descritos anteriormente, el descubrimiento consciente de este hecho suele ser un instante que marca a los cocineros para siempre. Los cocineros son animales ansiosos que obtienen placer de la respuesta automática dada por aquellos a quienes sirven con su pericia sensual. Sin escatimar esfuerzos en lograrlo. Una vez que logran su cometido, aunque suene contradictorio a primera vista, celebran sus victorias en solitario. A veces esos triunfos se celebran con platos preferidos, a veces caminando en solitario … a veces abrazando a tu esposa sin que ella sepa porqué ese día eres tan feliz.

MOMENTO 4 (Nuestro momento): Es Domingo, posiblemente usted y yo estemos sin saberlo en la misma cola de votación. Estamos aquí porque nuestra alquimia nos traerá un país mejor, porque de usted depende mi placer y de mi depende el suyo … porque mañana, en solaz regocijo, celebraremos el haber cumplido.

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