#291 ESOS MÍNIMOS GESTOS QUE LO CAMBIAN TODO

Saber convertir la luz solar en energía, es uno de los logros mas recientes de la humanidad. La carrera comenzó en 1839 con los trabajo del físico francés Alexandre-Edmond Becquerel, pero lograr energía desde sistemas fotovoltaicos no pasó de ser una curiosidad experimental por varias décadas, hasta que, en los años 50, la necesidad de fuentes de energía duraderas (no basadas en la quema de combustible) para hacer funcionar el equipo de los satélites, hizo que despegara esta tecnología. La investigación en el campo avanzó hasta llegar a las planchas de células fotovoltaicas de silicio, relativamente comunes hoy en día. Producir estas células es un proceso tecnológico avanzado y costoso. Es por ello que la energía solar sigue siendo subestimada a la hora de competir con las tres tradicionales y masivas: Quema de petróleo, energía nuclear y, en menor medida, hidráulica.

Nuestra creciente necesidad energética ha sido el argumento esgrimido para no usar aquellas que resultan costosas. En el camino nos olvidamos que el costo mayor podría ser nuestra extinción como especie. Olvidamos que crecemos al ritmo de la energía disponible y no al revés. Olvidamos que todo se resume hoy en día en ganancia monetaria. Olvidamos que desde la comodidad de nuestros conos urbanos comenzamos a creer que todo el mundo es igual a nuestra realidad, y nos hacemos la vista gorda ante los 1400 millones de personas (20% de la humanidad) que vive en sitios en donde es sencillamente imposible conectarse a la red eléctrica convencional (http://www.iea.org/weo/docs/weo2011/es_spanish.pdf); personas para las que una sola plancha de células fotovoltaicas implica un cambio de vida absoluto. Desde las ciudades tendemos a relativizar las cosas a nuestro favor. No es lo mismo decir desde la comodidad de una estufa que la temperatura en la noche bajará, a entender que hay gente sin frazada. En esos momentos no hay frazada costosa, sino gente con frío. Igual pasa con la energía. Nos gusta decir en medio de nuestra avidez voraz, que las alternativas ayudan pero no resuelven por costosas, y porque no están en capacidad de suplir 100% de nuestras necesidades. Se nos olvida que para muchos, nuestro mínimos gestos no solo ayudan, sino lo cambian todo.

Recientemente el panadero Juan Carlos Bruzual, estando en el Estado Bolívar (Venezuela) notó que una familia se levantaba a la 1 de la mañana a hacer masa, para que levara y poder hornearla en la mañana, y así poder vender pan. Les enseñó que cambiando la proporción de levadura podían hacer el formado de los panes a las 5 de la tarde y hornearlos, como siempre, al amanecer. El suyo fue un gesto mínimo. Pero ese instante le cambió para siempre la vida a una familia. Ahora duermen.

Pongo a colación el ejemplo del panadero porque con el caso de la energía solar, es parecido. Creemos que una plancha fotovoltaica sirve apenas para ayudar. Es cierto que la energía solar es casi omnipresente hoy en día en escala pequeña. Está en los veleros, poco a poco se va colocando en el alumbrado público y hay países (como el caso de Israel), en donde toda nueva casa debe tener en el techo un panel solar. Gestos paternalistas para limpiar un poco nuestra consciencia ecológica. Pero cuando esa misma plancha llega a un lugar cargada a lomo de mula, lo cambia todo. Hay un libro maravilloso llamado "Las culturas del Sol", escrito por Madanjeet Singh, en donde se muestran cientos de ejemplos. Comunidades campesinas en donde los niños trabajan durante el día en la faena, pero que gracias a un bombillo estudian por la noche. Pueblos que ven llegar por primera vez agua por tubería, gracias a bombas que funcionan con energía solar. Lugares recónditos que pueden comunicar emergencias gracias a teléfonos celulares. Son personas desconectadas a la red energética, porque esa red ha sido diseñada a imagen y semejanza de las ciudades. Ellos son los olvidados. Los costosos.

Por ellos es que tenemos la obligación de invertir en energías alternativas. No hay frazada costosa cuando hay frío, ni investigación médica no rentable si hay tuberculosos, ni celda fotovoltaica cara si alguien no tiene luz. Personalmente, no creo que "comportarse ecológicamente" sea para salvar el planeta (Somos desechables), sino por coherencia con nuestras creencias. Por ser parte de nuestra estructura de códigos morales e ideológica. Así como no matamos porque creemos que matar es malo; si honestamente creemos que contaminar es malo, pues entonces debemos tratar de no contaminar. Aprender a vivir en coherencia con nuestras creencias ecológicas es muy difícil, pero todo proceso de tránsito espiritual e ideológico es doloroso. Implica enfrentarnos a lo que creemos y no hacemos. A nuestras mentiras. Pero al final del camino, el premio es comulgar con los gestos mínimos. Los que cambian vidas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Ciertamente esos pequeños gestos cambian la vida a muchas personas. Pero dudo que una celda fotovoltáica sirva para no contaminar. La industria del silicio es probablemente la más contaminante y la que usa más energía en el mundo.

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