Una carta que llega

El tiempo se pasas volando y no terminas de caer que ya pasaron seis meses de haber entrado en la escuela, seis meses de compartir primero dos días luego tres días con ustedes, “los chef”, ahora pasamos a otra etapa, “el spa” (como dijo Héctor y Liselotte) pero estoy segura que cada palabra, cada momento que compartimos con ustedes quedaron muy bien grabados en nuestra memoria, HICIERON UN TRABAJO EXCELNTE!!!

Para mí una persona que nunca había tenido una experiencia en la cocina, con pocas semanas de haber empezado me hicieron amar mi carrera y darme cuenta que esto es lo mío, creo que todo eso se reafirmó cuando empecé el segundo nivel y veía un poco de pastelería, ese sí es mi mundo!,

Aprovecho este medio, para darle las gracias a Liselotte por toda esa confianza que me dio cuando empecé en el catering, creo que todo ese apoyo hizo que yo me sintiera como en casa cada vez que pasaba por la puerta negra, todos mis primeros pasos te los debo a ti (sin dejar por fuera a Héctor y a Sumito claro esta), pero tú estabas allí día tras día regañándonos porque no poníamos la hielera con los utensilios, porque no prendíamos el horno a penas llegábamos, porque no leíamos las recetas y estábamos perdidos, toda esa insistencia y esa disciplina será la base para poder entrar en una cocina el día de mañana. Gracias!!!

Para no dejar por fuera a los otros chef, me atrevo a decir unas palabras de cada uno, Héctor, debo confesarte que el primer día que nos distes clase, Carnes I, fue terrible... entrastes con esa voz firme y gruesa que te caracteriza, agarraste tú cuchillo y empezaste a limpiar la carne, a todos nos dejaste con la boca abierta por esa forma tan segura y limpia de manejar el cuchillo, pero luego de ese maravilloso espectáculo, nos diste un pedazo de carne a cada mesón y te fuiste, nuestra cara era todo un show, porque el chef se fue y nos dejó aquí con esto sin saber que hacer, y luego las clases se seguían te teníamos “miedo”, poco a poco y a medida que agarrábamos confianza a la escuela, ese “miedo” pasó y tus clases eran súper interesantes por esa seguridad que nos enseñabas.

En cuanto a Sumito bueno... las clases del primer trimestre eran súper interesantes porque cada una venia acompañada de un cuento, una anécdota, una historia, ya para el segundo nivel eran más de lo que íbamos a ver en una cocina real. Para mí fue una gran experiencia vivir todo el desarrollo de Sibaris, llegar a la escuela y ver como se estaban realizando las degustaciones de los platos, verte súper estresado antes de grabar los programas y luego súper relajado cuando ya “una cosa menos” se había hecho, todas esas cosas fueron momentos que yo viví en la escuela y son parte de mi formación.

Muchisimas gracias a los tres, por todo su empeño y dedicación y son realmente admirables porque sé que están cansados, pero logran sacar energías para seguir dándonos clases y enseñarnos como a ustedes les hubiera gustado aprender.

Las clases de cocina no serían las mismas sin tener las clases teóricas así que también me tomo un espacio para escribir sobre esas maravillosas clases que este segundo trimestre pudimos disfrutar cada martes y jueves.

Empezamos a las 3 de la tarde de los martes, en donde 15 minutos después el profesor Sergio, no tenía a todos dentro de un viñedo paseando por todo el proceso de la uva antes de convertirse en ese maravilloso líquido, el vino. Luego de pasar por los procesos, no llevó a cada lugar del mundo en donde se hace vino, por Borgoña, Burdeos, Mendoza, etc. Qué mejor forma de terminar ese viaje de doce semanas sino es con un suculento viaje al mundo de la champaña.

Luego de terminar esos viajes y aterrizar en el salón, como ya se había hecho costumbre nos íbamos a la panadería en busca de un gran café y un pan dulce porque sabíamos que necesitábamos los todos los sentidos en su lugar para la clase que venía, nada mas y anda menos que la de Víctor Moreno, wao que clases!!! Unas clases maravillosas llenas de cuentos, poesía, en la que cada día de enamorabas de la historia de la gastronomía y más aún de tú carrera, eran horas que se iban volando y muchas de ellas acompañadas de esos “palos de agua” que lograban ser compañía más que molestia.

Pasamos a un jueves a las 2 de la tarde en donde la etiqueta y el protocolo eran lo ideal para ser un cocinero completo, una materia llena de detalles, que si el cuchillo alineado con la copa de vino, que si las distintas formas de poner las copas, si se retira por la derecha o por la izquierda, cómo se cierra o se hacen pausas, muchas cosas que sólo con la prácticas se han automático por ahora siempre estás pensando, retiro y sirvo derecha, copa de vino cuchillo, plato base, etc.

Como para no perder la costumbre de los días de teoría nos íbamos a la panadería y regresábamos listos para comunicarnos con Merlín, unas clases en las que nos relajábamos porque “éramos nosotros”, con todo lo que teníamos que actuar, contar de nuestra vida. Fue la primera vez que se dio esa materia en la escuela y es PERFECTA!!!, Merlín gracias por todo tu empeño y dedicación y nuestro grupo te declaró la revelación del año!!!

Gracias a todos los profesores por esas horas llenas de cultura y conocimiento!!!


Ingrid Moore

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