El Nacional # 2

Este fue el artículo que publiqué el Domingo pasado en mi columna semanal del Diario El Nacional.

COCINA E IMPERIALISMO

La etapa más sutil de cualquier conquista imperialista manejada con cabeza fría y sobre todo estrategia a largo plazo, es aquella en la que se decide exportar valores culturales que terminen por parecer propios y siempre he pensado que eso puede ser peligroso en tiempos de globalización feroz. Lo curioso es que de repente me encuentro ante una disyuntiva que me saca una sonrisa inevitable cada vez que la teorizo: quiero ser imperialista, peor aun, quiero exportar mis valores sin ninguna sutileza. Lo digo porque creo que en Venezuela hay grandes platos, grandes productos y muy buenos cocineros, pero como dijo un amigo en tono algo panfletario ¿de qué sirve decir que en el Amazonas hay un arco iris si sólo se enterarán los testigos del mismo?. Sentarnos un grupo de cocineros a hablar en una mesa de lo bien que lo estamos haciendo es sólo un intento pueril de viaje de egos. ¿Queremos que se sepa en el mundo lo que está sucediendo en Venezuela? Pues nos tocará entonces establecer de manera concertada estrategias claras y sobre todo descargadas de nuestra muy criolla visceralidad.

Más ha hecho el Chef Gastón Acurio por Perú que un millón de planes de Estado. Tan simple como que cualquier restaurante en el mundo que quiera considerarse de vanguardia tiene que tener un cebiche o un tiradito en su menú. Aún resuena su frase imperial en el congreso Madrid Fusión de este año: “en 5 años habrán 50.000 cebicherías en el mundo”. Pero el caso más emblemático se viene dando en España, esa que nos conquistó una vez y ahora nos remata a través de un plan, claramente proyectado desde el Estado para financiar su valor más importante: su cocina y sus cocineros. Nueve de cada diez cocineros del mundo deciden ir en este momento a España para culminar su formación y 10 de cada 10 fanáticos gastronómicos van a ir en algún momento a España sólo para comer.

Es muy importante entender que ese par de conquistas descomunales no se han conseguido de la noche a la mañana. Se da cuando los cocineros nos encontramos para ver un partido de fútbol y de paso terminamos hablando de nuestros sueños comunes y se da cuando nos reunimos para asentar lo que ha pasado y sobre todo para planificar los caminos del futuro. No exagero si digo que es una necesidad que nos exige la dinámica natural de las cosas.

Saco a colación una anécdota preciosa reciente. La gran Chef española Carmen Ruscalleda quien ostenta Tres estrellas Michelin, es decir la máxima clasificación que pueda darse en Europa, se topó en un congreso con el polémico Chef catalán Ferrán Adriá y ante todos se quitó el delantal, lo dobló y con parsimonia nipona se lo entregó diciéndole “¡Gracias Adriá!, por ti somos conocidos en el mundo los cocineros españoles”. Tenemos entonces que comenzar a doblar delantales y entregárselos a los Edgar Leal que hacen platos llamados Reina Pepiada en Beijing, a los Franz Conde que cocinan en Turquía en el Hotel más lujoso del mundo, a quienes se atrevieron a vender arepas en Nueva York, por nombrar algunos de tantos héroes anónimos y no tanto.

En todo caso ya lo comenté en esta misma columna el Domingo pasado, soy optimista porque siento que comenzamos a recorrer nuestro camino imperial. Hemos dado el primer paso, se nos está quitando la vergüenza.

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