UNA CHULETA AHUMADA EN CHILE


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 La gastronomía es la puerta de entrada hacia la cultura de otros países. Quizás suena un tanto “gastroéntrico” pero ese hecho no le resta objetividad al comentario. Si hacemos el ejercicio de preguntarle a la gente sobre México y le pedimos que diga cuál palabra reconoce entre “taco, Octavio Paz y Cuauhtémoc” es más o menos obvio que ganará taco. Igual pasaría con “chop suey” en el caso de China o con “curry” si hablamos de la India. No afirmo que la mayoría somos incultos, sólo afirmo que lo primero que aprendemos sobre otra cultura es lo que comen. Sabemos, en general, mucho más de Italia, Japón o de Thailandia desde sus sabores que desde cualquier otro aspecto, de allí que no es poca cosa cuando un grupo inmigrante pone su pie gastronómico en otro espacio.




Internacionalizar una gastronomía pasa por muchos factores. Se necesita amor propio colectivo de tal manera que la gente sea embajadora natural (los franceses son un gran ejemplo), se necesita literatura que le muestre a otros las técnicas (el caso de Japón y el omnipresente Sushi que todo el mundo aprende a hacer), se necesita promoción desde el estado (como es el caso de Perú), se necesita que haya muchos ingredientes no perecederos de ese país en los supermercados del mundo (como es el caso de la pasta italiana o sus quesos), se necesitan congresos que muestren entre pares las propuestas (podría decirse que fue el secreto de la minúscula y desconocida Dinamarca que puso a los nórdicos en el tapete), pero, sobre todo… se necesita inmigración.

Los inmigrantes montan restaurantes y cada restaurante pasa a ser una pequeña estación cultural. Muchos inmigrantes montan muchos restaurantes. Muchos restaurantes exportan una cultura.


El viernes abrió en Santiago de Chile el restaurante Autana, específicamente en Manuel Montt 1839 en Providencia. Es el proyecto de dos hermanos ingenieros (Carlos y Roberto Sánchez) y fui porque ellos contrataron como chef a una de mis hijas regadas por el mundo. Mayerlin Zamorano es graduada de la escuela de cocina que teníamos en la Isla de Margarita y me dio mucho orgullo ver como ha crecido.


Comimos tequeños, crema de pimentón, risotto de langosta y yo de puro antojado pedí una chuleta ahumada.


Uno podría argumentar que no son platos “típicos” venezolanos lo que me alegra enormemente porque implica que comienzan a haber restaurantes venezolanos en Chile que muestran nuestra forma de ser y nuestra sazón, pero me sentí totalmente en casa. Mi chuleta ERA venezolana. Sin lugar a dudas.




Autana es el primer restaurante venezolano en Chile hecho con inversión, tamaño, Chef y formato de restaurante tradicional. Era obvio que la primera andanada iba a ser areperas, cafés, food trucks, mucha hamburguesa, o sitios pequeños de cocina criolla… comienzan a aparecer otros formatos y eso me tiene muy contento.





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