El término “cocina sin pretensiones” es uno al
que cada vez le tengo más ojeriza: ¿Sin pretensiones de qué? Es lo primero que
pienso cuando lo leo o cuando un cocinero lo dice con humildad. Pareciera que
es un justificativo para decir que es una cocina que no llega a ser gran
cocina, y casi siempre es un sinónimo de cocina casera… como que si lo casero nunca
es gran cocina.
Todos los viernes Sylvia y yo atendemos en
nuestra casa en un espacio que hemos llamado @vallededumel con un menú. Un ayudante
y yo cocinamos para quiénes vienen, Sylvia atiende las mesas.
Obviamente no lo hago por negocio porque de
viernes a viernes nadie se hace rico. Lo hago porque amo atender gente,
cocinarles, sentir que son familia extendida, escucharles cuando quieren hablar
y callar cuando no me quieren cerca.
Anoche cociné una sopa de lentejas germinadas
con chorizo, parmesano, perejil y aceite de oliva. Luego una carne hecha al
sousvide y ahumada, con papas horneadas con pimiento y berenjena. Sobre la
carne sal gruesa de Cáhuil y un salteado de tallos de acelga. Acompañaba una
ensalada de lechugas con hinojo, remolacha roja y amarillas, zanahoria roja y
amarilla. Y para la carne una salsa parecida a la de nuestro asado negro. De
postre un “negro en camisa” que una torta húmeda de chocolate (entre mousse y
brownie) con crema inglesa de ron.
El tema es que mi cocina es con pretensiones.
Con muchas pretensiones. Pretendo que haga sentir en casa, que mi sopa caliente
en el invierno, que el hecho de que las lentejas sean germinadas les de salud,
que vean con curiosidad la simple ensalada y nos de para hablar de las
betarragas amarillas. Pretendo que el postre les haga provocar pasar el dedo a
escondidas y lamerlo. Pretendo que sea una cocina que no te ponga a pensar en
ella ni en mi, y que logre que quien viene descanse.
Mi cocina es pretenciosa. Pretenciosíma.

Comentarios
Dios te siga bendiciendo con tus grandes dones de la palabra y el paladar. Un abrazo de otra orgulloza venezolana, desde otro rinconcito de este maravilloso planeta.