domingo, julio 27, 2008

RESCATÁNDONOS

Ocasionalmente dos males invaden las cocinas y los escritorios de quienes vienen trabajando de manera conceptual el hecho gastronómico en tiempos modernos en que se comenzó a documentar más allá de las recetas mismas. Son dos males que reflejan ambas caras de una moneda que exuda arrogancia.

¿Yo cocino venezolano, y tú?

Definir de manera inequívoca lo que es cocina venezolana es tarea en extremo difícil y obviamente la escurridiza respuesta, como toda discusión sociológica, termina por ser un compendio teórico estructurado con múltiples vertientes de interpretación. Siempre habrá quienes de manera conservadora arguyan que ésta se sustenta únicamente en el recetario transmitido como acervo gracias a platos emblemáticos como la hallaca; habrá quienes digan que es una posición obcecada porqué con su celo deja por fueras nuevas adquisiciones como la nueva y popular arepa llanerita o el pollo a la brasa; habrá quienes desde una posición más urbana saquen la carta de los pepitos o el perro con todo y habrá quienes arguyan que dejar por fuera de la discusión a los venezolanos que hacen cocina de autor es miopía. Existe inclusive una visión global: la que permite la añoranza, que desde a migración y el exilio considera cocina venezolana a todo aquello que se evoca con melancolía … sea un muy tradicional asado negro o un buen vaso de Toddy.

Independientemente de la posición que asuma una persona respecto al tema, un desliz peligroso puede aparecer: creer que por usar productos venezolanos estamos ante la presencia de una cocina venezolana. Cada vez que un cocinero haciendo acopio de las técnicas de cocina europeas crea un plato que usa productos claramente ligados a su país (por ejemplo tajalí, plátano o sarrapia) y pretende que por ese hecho se le endilgue el nombre de plato venezolano a su creación, incurre en tamaña arrogancia porqué de manera inconsciente ha subestimado de manera supina cientos de años de técnicas propias. Antes de lanzarse a usar sarrapia hay que entender y amar su uso popular. Antes de inventar con tajalí hay que viajar a oriente y hablar con una señora de mercado y preguntarle todo lo que sabe. Nunca discutiré la pertinencia de una moderna espuma de plátano frito en un plato de autor venezolano, pero jamás podría perdonarle que no le haya preguntado a su madre cual es la temperatura ideal del aceite o el tipo y madurez perfecta del plátano para que quede cocido, levemente crujiente en las orillas, caramelizado en el exterior, suave pero chicloso y para nada enchumbado … ¡Eso es técnica!

No se trata de andar por el mundo en plan populista de mea culpa gastronómico entrevistando viejitas de pueblo en pueblo; es más bien entender que cada pueblo desarrolla formas propias de hacer licores o de guisar, que la masa de la polvorosa no es un sablé ni la de tequeño un hojaldre, que la complejidad técnica de un picante catara debe ser analizada. Que somos un lenguaje único, como cualquier otro.

Apláudeme, yo rescato

Pocas palabras reflejan con tanta fuerza una posición de diferencia de clase, como la palabra rescate usada en gastronomía. Son innumerables las ocasiones en las que desde libros o congresos, la usan los grandes intelectuales en cuyos lápices recae la labor de documentar gastronómicamente a nuestro continente. Quizás la palabra tenga sentido si el documento en cuestión es un tratado histórico sobre platos perdidos, caso en el que la palabra rescate se usa desde su acepción de recobro; pero pretender que revelar un plato popular aun en uso y consumo es un acto heroico digno de ser aplaudido, es de una arrogancia que asusta… casi peor que la de la palabra descubrimiento que con su menosprecio cultural se apropia de valores históricos.

La razón del uso abusivo de esta posición tiene explicación si entendemos las entrañas de dos características muy propias de las sociedades latinoamericanas: Por un lado la despensa de las clases medias y altas son totalmente distintas a las de las clases populares, trayendo como consecuencia un menú cotidiano absolutamente diferente; por otro lado el grueso de la oferta gastronómica que se sirve en los restaurantes está igualmente disociada de lo que se come en las casas. Desde esa perspectiva resulta natural que cuando alguien logra que un plato de uso popular sea expuesto en la capa impenetrable de la gastronomía profesional, piense en rescate.
¡Con cada hipotético rescate y descubrimiento, en el fondo lo que hacemos es rescatarnos a nosotros mismos!

domingo, julio 20, 2008

¡SOMOS!

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Siento que un grupo grande cocineros radicados entre Caracas y Barquisimeto, iniciamos de manera individual nuestros caminos en cocinas y tiempos distintos para terminar encontrándonos en sincronía pura y hermosa en un mismo bar. Ese bar serán las cocinas del Comedor del ICC y del Restaurante ALTO. El abrazo amoroso nos lo daremos la primera semana de Agosto.

El 01 de Julio nos despertamos con la noticia de la enfermedad del Papá de uno de nosotros y al día siguiente supimos del costo astronómico de la operación. El 03 de Julio (¡apenas hace 17 días!) salía el primer mail con un ¡Coño al Carlitos no lo dejamos sólo! ... lo que ha pasado en estos 17 días resume y valida la decisión que alguna vez tomé de pertenecer al mundo de la cocina.

Es increíble la cantidad de veces que organizaciones de beneficencia se nos acercan para que participemos ad-honorem en cenas descomunales diseñadas con el fin de recoger fondos. Cenas que muchas veces los organizadores por razones de mercadeo han llamado "De los grandes Chefs" endilgándonos adjetivos y títulos que ni buscamos ni nos creemos. Organizar ese tipo de cenas toma un mínimo de tres meses intensos ...

En nuestro caso bastó la confluencia sistemática de 23 cocineros, dos diseñadores gráficos, tres blogueros, todas nuestras familias y socios, dos periodistas, como diez importadoras de licores y vinos, dos grandes tiendas de supermercados y una cantida de gente que se pierde de vista y que donaron desde lechugas, pasando por delantales y terminando en obras de arte ... para que en apenas 15 días organizaramos ¡COCINEROS POR UN COCNEROS: UN BRINDIS POR CARLOS GARCÍA!

Nadie ha pedido exclusividad, nadie la quiere. Nadie ha pedido protagonismo. Casas de licores que en la calle compiten a dentelladas estarán una al lado de la otra acompañando lo que les describo:

1. Todo comienza el día Martes 05 de Agosto en El Comedor del ICC (+58-212-9922429) con una cena para 50 personas (que pagarán 300 BsF. c/u) hecha por la mitad de los cocineros. La sala será atendidad por la otra mitad de involucrados y por amigos.

2. Al día siguiente se servirá en El Comedor otro menú, ésta vez hecho por quienes el día anterior atendieron la sala. Aquellos que cocinaron ayer ... pues felices le explicarán a la gente que comer y mantendrán sus copas llenas.

3. El mismo esquema se repite los días Juves 7 y Viernes 8 pero ésta vez en el Restaurante Alto del mismo Carlos García.

4. El precio de 300 Bs.F (140 us $ por persona) es simplemente ridículo ya que incluirá abrebocas, entrada, intermedio, principal y postre. Incluye también los licores necesarios para generar armonía con cada plato y aquellos de sobremesa (ron, oporto, etc.)

5. Una vez terminada cada cena habrá una subasta que va desde una partitura de la 5ta. de Mahler firmada por Gustavo Dudamel, pasando por obras de arte e inclusive grandes vinos que fueron donados por las licoreras.

¡SOMOS!, SOMOS MUCHOS ... Y NUNCA DEJAREMOS SOLOS A LOS NUESTROS

viernes, julio 18, 2008

Salón Internacional de Gastronomía. Caracas 2008

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En una Latinoamérica en la que nos movemos de país en país a la caza de Congresos de Cocina, bien vale la pena una visitada a Venezuela

SANTIAGO DE CALI

Acercarse por aire a lo que es la tercera ciudad de Colombia, resulta fascinante. La ventanilla del avión nos vuelve testigos de un cuadriculado e infinito verde esponjoso de caña crecida. Azul vibrante arriba, verde mullido abajo. Luego de ese verde azúcar, comienza una ciudad que hace esfuerzos por ponerse a la par del vertiginoso crecimiento de sus hermanas Medellín y Bogotá. Es una ciudad que bien vale una visita gastronómica, sea pues éste artículo una bitácora.

Toda ciudad comienza por su mercado; como recipiente no sólo de su gastronomía, sino por poseer la virtud de resumir de manera impecable las virtudes y desventuras de los pueblos. El mercado techado de Cali se llama Galería Alameda y queda en la calle 8. Las calles que le rodean muestran pared contra pared decenas de negocios que venden comida, pasando desde el famoso Sudado de Res hasta la versión caleña de Ceviche, que por tratarse de una mezcla agrio-picante de camarones cocidos y tomate, se parece más a nuestro Siete Potencias. Ya adentro, la primera impresión es que estamos ante un muestrario idéntico al nuestro. Acuciando la mirada, comienzan a saltar a la vista unas bolsas plásticas redondas que contienen la pulpa marrón de la fruta del borojó (muy popular tomada con leche) o una papas retorcidas de piel violeta del tamaño y grosor de un dedo llamadas uyuco, que de tan apreciadas las nombran también camarones de tierra. Ramas hay muchas, como por ejemplo la piñuela que se usa para ablandar carnes o la raíz de azafrán que pinta tanto como nuestro onoto, preguntarle a esas señoras es un placer. Justo antes de salir no deje de comprar un racimo de uvas Isabelita, que con su aromático sabor son emblema orgulloso del Valle del Cauca.

Las gastronomía de Cali posee una definición regional y técnica impresionantes, comandadas por tres ingredientes: La fruta de lulo, el pequeño fruto de una palma llamado chontaduro y la variedad de plátanos más grande de la que haya sido testigo hasta ahora. En el caso del lulo, se trata de un elemento tan cotidiano que es literalmente imposible pasar un día sin consumirlo en forma de Lulada (jugo de lulo groseramente picado con limón y almíbar), o comprando en la calle un Champús, mezcla fabulosa de jugo de lulo, atol de maíz y almíbar de papelón de caña especiado con canela y clavo de olor.

Por las calles se ven señoras que en grandes ollas venden chontaduro hervido con sal y miel. Es el fruto de una palma (su tamaño es como el de una ciruela fresca), de un color ladrillo que quema los ojos de bonito y pulpa naranja, al que se le atribuyen propiedades alimenticias únicas. Su sabor es bastante difícil de describir y posiblemente sea el gusto adquirido que más une a los pobladores del Valle del Cauca con su tierra. Pasar por Cali y no comer chontaduro es equivalente a pasar por Venezuela y regresar sin conocer una arepa.

Son muchos los restaurantes típicos y visitarlos es obligatorio, no sólo para comenzar el condumio con unas Empanaditas de Pipián que toman su nombre de una papa de la zona, sino para poder ser testigos del asombroso conocimiento técnico que poseen en Cali del uso del plátano. Fríen, por ejemplo, un plátano verde entero y luego lo cubren con trapos mojados para estirarlo con un rodillo para obtener una enorme y muy fina capa que una vez frita, de nuevo, se convierte en la famosa tostada servida con Ogao (sofrito de cebollín, tomate y comino). No deje de probar Marranitas que son bolas de puré grosero de plátano verde con trozos crujientes de cerdo o Aborrajado, una versión parecida a nuestros maracuchos Yoyos (puré de plátano maduro relleno de queso, rebosado y frito), sólo que hechos con un tipo de plátano particularmente aromático conocido como plátano Guayabo.

La zona de restaurantes por excelencia de Cali para ver y dejarse ver queda en la Avenida 9 y se llama Granada. Como en toda ciudad grande, se trata de una zona en donde compiten tiendas de marcas conocidas y restaurantes de alta inversión, Sobresale el restaurante Passion comandado por el cocinero Carlos Yanguas, quien viene haciendo una importante investigación de productos y sobre todo técnicas de la cocina popular caleña, dando como resultado un menú fascinante en donde cada plato es un descubrimiento para quienes no conocen la sensual cocina popular del pacífico colombiano.

Avanza la noche y en el caso de la ciudad de Cali, invariablemente termina con salsa. Una salsa que se baila de la cintura para abajo.

http://nightweed.com/printableusavotefacts.html

http://nightweed.com/printableusavotefacts.html

miércoles, julio 09, 2008

¡JUAN CARLOS BRUZUAL DE NUEVO EN EL ICC!

VUELVO AL ICC

Es cierto, como lo están leyendo. Voy a cocinar junto a Héctor Romero y Sumito Estévez en el Comedor del Instituto Culinario de Caracas (0212-9922429) el viernes 18 y el sábado 19 de julio, con un menú propuesto por mí, en el que el pan será el protagonista de la noche.

Esta oportunidad me permitirá integrar el pan con la cocina y mostrar que este producto puede jugar un papel importante en un menú

Cocinar en el ICC es reencontrarme con más de dos años de trabajo fuerte pero muy rico. Con estas cenas quiero retribuirle al instituto parte de lo vivido en ese segundo piso de la quinta La Guarimba, de Chuao.

Aquellos que me quieran acompañar ese día pueden reservar por el correo electrónico reservacionescomedor@gmail.com o por el teléfono 0212-9922429. Los esperamos.
Los que no puedan acompañarme pues deséenme suerte.

Saludos y suerte.
Juan Carlos Bruzual




MENÚ PARA EL COMEDOR DEL ICC


ABREBOCA.

1. Mini sandwich de pan de jojoto relleno con queso palmita asado, tocineta ahumada tostada y mojito de cilantro y ají dulce.

ENTRADA (para escoger una)

1. Pan de plátano frito con aroma de canela, relleno de crema de caraotas negras, bañado con queso guayanés y tres topings: uno de paticas de grillo, uno de cazón o chucho y otro de chigüire.

2. Sopa de patacones con dados de tocineta ahumada y quenelle de nata, servida en pan de cebolla, y ensalada agria de berro y cebolla rayada.


PRINCIPAL (para escoger uno)

1. Tarkari de chivo envuelto en pan de lentejas y especias sobre cama de ensalada de trigo integral, cebolla morada y dátiles con aderezo balsámico.

2. Pernil de cerdo en salsa de tamarindo y hierbabuena con lajas de pan de miel y centeno, en cama de ensalada de lentejas anaranjadas, piña caramelizada especiada y mango con aderezo de limón y sésamo.

POSTRE

1. Brioche de titiaro rellena de queso blanco criollo con fondue de chocolate.

ERASE UNA VEZ EN AMÉRICA

Bizcocho de Butaque, Manzana Infernal, Aviador (bizcochuelo endulzado), Huevos de Pájara, Ruli (papelón y queso), Huevos del Príncipe, Galantina de Gallina… Una sucesión absolutamente críptica de nombres adosados a la pared de un salón de clases, gracias a la tecnología del video beam, capaces de proyectar el pasado muerto con atractivos colores de presentación académica. En el Instituto Culinario de Caracas, el profesor Víctor Moreno, les mostraba a sus alumnos de cocina parte de una extensa investigación que ha venido haciendo con miras a publicar un libro. La diapositiva en cuestión exponía parte de una abrumadora y extensa lista de platos desaparecidos de la mesa pública venezolana; lista basada en el trabajo de dos investigadores fundamentales: Rafael Cartay y Luís Felipe Ramón y Rivera. Un factor hace aún más dramática ésta lista: son nombres tomados directamente de los menús impresos de restaurantes de diferentes épocas. Es decir, platos que gente como usted o como yo pedíamos hace décadas cuando íbamos con la familia a celebrar en un restaurante.

La lista del profesor Moreno posiblemente habla de irremediables. Surge de manera natural una pregunta fundamental: ¿Cuántos platos que conocemos en nuestra mesa pública están a punto de desaparecer? ¿De cuántos no hemos logrado detectar mensajes alarmantes que pregonan con gritos de silencio su muerte cercana?

Muchos son los que están cercanos a desvanecerse debido a que su presencia comienza a ser escasa en restaurantes y hogares, limitándose su casi museística exhibición a festivales especializados, trabajos académicos o tercas casas empeñadas en mantener las tradiciones. Entran en este rango platos emblemáticos del pasado venezolano como la Olleta de Gallo, el Corbullón de Mero o la Lengua en salsa. No menos grave es el hecho de que haya platos que consideremos seguros en nuestra dieta, sin detectar aún su posible desaparición a mediano plazo. Nos referimos a aquellos que siguen siendo populares, pero que estamos comenzando a dejar de hacer en nuestras casas porque nos resulta más cómodo comprarlos hechos. Basta con no enseñarle a nuestros hijos como hacer un plato tradicional de Venezuela, para que en apenas un lapso de 15 años desaparezca de la cotidianidad de nuestras mesas ¿Cuándo fue la última vez que hicimos Tequeños o Dulces andinos abrillantados en nuestra casa? ¿Sabemos hacer Tequeños? La próxima vez que, por comodidad, no haga Hallacas en su casa, sepa que ese día le ha robado a sus hijos el derecho más hermoso: Saber lo que son.

II
En 1979 el autor alemán Michael Ende publicó un libro infantil cuyo título (traducido al español) es La Historia Sin Fin. En él narraba la épica gesta de un aparente niño insustancial (Bastián Baltasar Bux) que logra salvar al "reino de Fantasía" del peor y más feroz de los enemigos posibles "la Nada". Con esa "Nada" el autor logró plasmar de manera impecable la simbología de todo aquello que nos carcome con lentitud pasmosa y rigurosa hasta lograr que seamos seres que caminamos, nos reproducimos… y no amamos. Seres con almas deshidratadas. Cada vez que miramos con desdén parte de nuestra cultura y miramos de reojo todo aquello que es el soplo divino que nos vuelve esencia, permitimos que "la Nada" de la historia nos vaya engullendo, hasta que terminemos caminando con ojos huecos y con el concepto de nación desdibujado entre latas, comida rápida y tristeza. Infinita tristeza.

III
"El descubrimiento de un nuevo plato hace más bien a la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella" fue la frase que el gastrónomo y filósofo francés del siglo XVIII Brillat Savarin dejó escrita. Frase que a la postre sus seguidores se han encargado de repetir persistentemente, aunque quizás valdría la pena usarla como trampolín para aventurar una nueva desde la perspectiva de nuestro siglo indeciso y desenamorado: La desaparición de un plato le hace tanto mal al el alma de los pueblos, que guerras o plagas.
Hoy esta columna cumple dos años (104 artículos) ¿En ese tiempo a cuántos platos comenzamos a definirles el camino de la extinción? ¡¿Cuántos salvamos?!

martes, julio 08, 2008

¡EL MENÚ DE PAUL LAUNOIS EN EL COMEDOR DEL ICC!

Los días Viernes 11 y Sábado 12 (es decir, los que vienen) la cocina del Comedor del ICC (+58-212-9922429) estará tomada por el Chef venezolano Paul Launois del restaurante Antigua (Caracas, Venezuela). Todas las ganancias de ese par de días irán para el fondo de ayuda en la operación del Padre de un compañero cocinero muy querido. En un par de días les daremos la primicia de toda una serie de evento que haremos un grupo de cocineros ... pero mientras tanto les dejo este fabuloso menú:

ABREBOCAS

Un Pequeño Juego con las Especias

ENTRADAS

Les Quatre Epices en Crema de Hongos Silvestres y Espuma de Horchata de Arroz

El Ají Amarillo con sus Papas a la Huancaina

PRINCIPALES

La Mostaza de Rodillas de Cochino Asadas, Legumbres y Granos Asiáticos sobre Consomé Reparador

El Azafrán Perlado y Filete de Bonito Marinado en Culantro sobre Caviar de Berenjenas Albinas y Vainitas, Jugos del Mar y la Tierra

POSTRE

Repaso de los Sabores Especiados que acompañan al Chocolate

...PASADO MAÑANA ANDARÉ EN ESTO

sábado, julio 05, 2008

EL MEJOR OBRERO

La percepción general que se tiene del oficio de cocinero, evidentemente ha cambiado en los últimos cincuenta años, y de manera particularmente dramática en el último par de décadas. Casi podríamos aventurar que ese cambio tomó a todo el mundo por sorpresa y todavía, lo que fue un matrimonio histórico entre clientes y cocineros, está en proceso de acoplamiento ante nuevas reglas. Los cocineros de hoy son conocidos por primera vez con nombre y apellido (lo que es en extremo inusual para un oficio), y una de las consecuencias de ese cambio es que se ha popularizado su labor, surgiendo a raíz de ello nuevos candidatos con una duda inédita: ¿La cocina se aprende o se estudia? La sutil diferencia entre ambos conceptos podría parecer innecesaria, pero como veremos más adelante es fundamental. Los cocineros de hoy tienen nombre pero irónicamente se están quedando sin título y ya no se sabe bien si llamarlos chefs, cocineros o licenciados en algo.

Primero vamos a centrarnos el aspecto académico ¿Debe tener la cocina rango académico? ¿Debe estudiarse hasta obtener título universitario? Esas son las preguntas que con casi seguridad se hacen los padres de aquellos muchachos que muestran o bien talento natural o bien disposición a ser cocineros. En su búsqueda terminan casi siempre por sugerirle a sus hijos dos carreras con rango universitario que están tangencialmente ligadas al oficio, como son Hotelería, y Administración de alimentos y bebidas; pero nadie que pase por ellas podrá dirigir una cocina. Está tan poco claro el estatus del título de cocinero, que las academias de cocina para ser reconocidas por el Ministerio de Educación deben tener un Director con título universitario, en un mundo en donde no existe la carrera como tal. La cocina se aprende cocinando.

Una manera de entenderlo es a través de un ejemplo deportivo: Cuando en una familia se detecta a un niño con talento excepcional para el béisbol, no sólo se conmina al muchacho para que entrene, sino que jamás pasa por la cabeza de esos padres que el muchacho debe estudiar primero la licenciatura de Educación física para tener un título serio. Los bates de los cocineros se llaman cuchillos y sus campos de juego cocinas; pero al igual que en el ejemplo deportivo, es tremendamente importante que exista un entrenamiento dirigido.

Es importante entender que los oficios deben ser enseñados por un par. En pocas palabras, quienes deben enseñar y dirigir escuelas de cocina deben ser cocineros que hayan trabajado como tales. La vieja fórmula maestro-alumno de todos los oficios. Una escuela de cocina no debe dar una enseñanza que sea diferente a la que se impartía por ejemplo en las extintas Escuelas Técnicas de nuestro país.

No debemos empeñarnos en darle título académico a la cocina tras la búsqueda de reconocimiento ¡Debemos reconciliarnos y estar orgullosos de ser obreros especializados! En los trabajos manuales el mayor currículo lo determinan talento y experiencia y son las marcas en las manos las que quedan para probarlo. No es casual que cada vez que alguien le dice con orgullo a un cocinero: Hola yo soy Chef, invariablemente el cocinero le mira las manos al otro en búsqueda perversa de uñas cortas o cicatrices de cortadas y quemadas.

Francia lo ha tenido claro desde hace muchos años, al punto que el reconocimiento más prestigioso emanado desde el Elíseo (sede de gobierno de Francia) al que puede aspirar un ciudadano francés posee el hermoso nombre de “Mejor Obrero de Francia” y ha sido compartido tanto por profesionales universitarios como oficiantes manuales, en reconocimiento por sus aportes para engrandecer el país.

Hemos recorrido un largo camino y ya un muchacho con posibilidades de estudiar en una universidad se atreve a decirle a sus padres que quiere ser cocinero. Un camino en el que es posible especializarse académicamente en el plano gastronómico, como vienen haciendo a través de sus diplomados la Universidad Experimental de Yaracuy y la U.S.B. Los graduados de esos diplomados serán quienes definan estrategias y en sus manos recae la labor fundamental de documentar, pero si usted querido lector sueña con los fogones , lo importante es que no se pregunte ¿Y eso en dónde se estudia? Pues ha escogido ser obrero y si luego de muchos años lo hizo bien ¡Un día le veremos recibir la medalla de “Mejor Obrero de Venezuela” por haber hecho feliz a muchos!

miércoles, julio 02, 2008

El Vino Toma Caracas 2008



Como ya es costumbre en los espacios abiertos del Centro San Ignacio, el público en general, podrá disfrutar de tres noches degustando una enorme gama de vinos en la V edición de EL VINO TOMA CARACAS, cuyo país invitado es Argentina. El plato fuerte prometen ser las catas, una con el dueño de Bodega Zuccardi y la otra, con la reconocida periodista bonaerense, Elizabeth Checa.

Parte esencial de toda una cultura que valora y enaltece el buen vivir y los placeres del paladar, en Venezuela se avanza y mejora en propuestas con respecto al vino. Distribuidores, importadores, vinaterías y restaurantes de distintas tendencias abren sus puertas en todo el país.

Sin embargo, todavía se necesita de fuerzas que consoliden la tendencia y reafirmen el vino como proyección de calidad de vida, cultura y sofisticación. De allí la importancia y trascendencia de El Vino Toma Caracas, evento cuyo objetivo es acercar, enaltecer y consolidar el producto en consumidores iniciados y por iniciarse, sin perder de vista su estrecha e inevitable relación con la gastronomía y el mundo de la restauración.

El Centro San Ignacio hoy, en Caracas, es una referencia imprescindible de lo expuesto anteriormente –calidad de vida, sofisticación y buen vivir. De allí la idea de convertir sus espacios, es decir, sus áreas abiertas y restaurantes en el lugar donde, y por quinta vez y en el marco de El Vino Toma Caracas, evento sin precedentes en el país, el público se sumergirá en los sabores y aromas de vino, la bebida más civilizada del mundo.

Pabellones por países:

1.- La feria estará dividida en dos grandes áreas, una para el Nuevo Mundo y otra para el Viejo Mundo. Los pabellones serán los siguientes:

a.- Pabellón especial para ARGENTINA, país invitado

c.- Chile

d.- Australia, Suráfrica y Venezuela

e.- Viejo Mundo: España, Portugal, Francia e Italia


Las áreas estarán visiblemente identificadas, iluminadas con luz fluorescente, escupideras adecuadas y serán atendidas por un equipo especializado de apoyo responsable del suministro de hielo, agua y de la limpieza y cualquier requerimiento por parte del expositor.

2.- Se mantiene el esquema del acceso libre a la feria y el derecho a degustar previa cancelación en taquilla de una cuponera con 06 tickets cuyo valor será de 60 Bs. F por persona. Igualmente se venderá otra tickera de 60 Bs. para quienes tengan a bien disfrutar de tapas y canapés, especialmente preparados para el evento.

3.- Al cancelar su tickera, el visitante recibirá una copa de obsequio por parte del evento, la cual no estará identificada con ninguna marca de vino en particular.

4.- Con el fin de realzar la feria y abrir la puerta para elevar el nivel de los vinos expuestos, hemos estipulado que las etiquetas de un estándar de calidad medio hacia alto y de un especial interés para el público visitante, tengan un valor de degustación de hasta 3 tickets.

5.- Durante el evento, los restaurantes, cafés y bares del CSI, estarán abiertos para llevar a cabo promociones auspiciadas en alianza con los expositores participantes en El Vino Toma Caracas 2008, todo esto con el fin de estimular el consumo de vino y la afluencia de público a los locales.

6.- En Plaza Ávila y con el fin de animar y recrear el evento, se llevará a cabo una programación de conciertos.

7.- PROGRAMACIÓN DE CATA:

a.- Cata con José Alberto Zuccardi y sus vinos de Bodegas Zuccardi.

Viernes 11. Hora: 7:30 pm.

Sábado 12. Hora: 6:00 pm

Cupo: 30 asistentes

Lugar. Vinatería La Viña del Señor, Centro San Ignacio

RESERVACIONES: elvinotomacaracas2008@gmail.com


RR.PP Ángela Oráa 0416-6307105 9777721