SAN JOSÉ DE COSTA RICA


El impresionante volcán Poás


Una de las cuatro cenas que hice


El equipo que vino desde Chile


El Chef José Luís López con una Fruta de Pan


Hacienda cafetera


Campesino


Cómo puedes conformarte, Juan con un solo cielo si hay toda una América del otro lado del mar.
J .M Serrat (Juan y José)

Costa Rica es un país cuya superficie total (51.000 Km2) es inferior a la de nuestro estado Zulia. Aun así, sus poco más de cuatro millones de habitantes (la cuarta parte de ellos en la capital, San José) muestran con orgullo al mundo números realmente impresionantes, una vez que se escrutan en tablas comparativas. En particular, dentro del contexto latinoamericano, el país posee el primer lugar en desempeño ambiental (quinto del mundo), libertad de prensa, grado de democracia, competitividad turística y por supuesto sitial de honor por haber abolido en 1948 sus fuerzas armadas, pasando a ser la primera república que lo hizo en la historia moderna de nuestra civilización. De todos esos números, uno de los más fascinantes es el que establece que por ley 25 % del territorio total del país es área protegida y por lo tanto debe ser cuidado con el esmero de cualquier reserva o parque nacional. No es casual entonces que la principal fuente de ingresos que posee Costa Rica provenga del turismo asociado al ecoturismo, atrayendo anualmente dos millones de turistas (¡la mitad de la población del país!) que le aportan a la economía local la impresionante cifra de dos mil millones de dólares anuales, cifra que equivale a 10 % del PIB del país y que supera con creces a las cifras históricas de exportación agraria. Los costarricenses entendieron de manera pragmática el valor de su territorio y pasaron en un abrir de ojos de ser un país agrario a ser un país de servicio.

Gastronómicamente, es difícil definir al país. En vista de la miríada de turistas que la visitan anualmente, la capital San José tiene una cantidad importante de restaurantes; pero la búsqueda de sabores o productos locales resulta esquiva y casi inevitablemente las opciones recomendadas son italianas, chinas y eventualmente peruanas. Ver el mapa del país lleva inmediatamente a notar que su capital posee el privilegio inusual de tener acceso tanto al mar Pacífico como al mar Caribe (lo que se logra manejando no más de dos horas) y de hecho la soberanía marítima del país supera diez veces a la territorial. Semejante lujo induce a pensar que su gastronomía ha de ser una oda a la diversidad de ambos mares, pero lamentablemente el país no escapa al fenómeno de todo un Caribe que por razones históricas le da espaldas al mar y paradójicamente ha convertido al pollo y al cerdo en reyes de mesas y fogones. A falta de restaurantes típicos, la recomendación para quienes desean adentrarse un poco en la cultura gastronómica de este país de gente particularmente amable, es la misma que haríamos para cualquier país: visite un domingo, cualquiera de sus mercados de calle.

MERCADO DE SANTA ANA
Se trata de un mercado que abre muy temprano por lo que es recomendable visitarlo a las siete de la mañana, en donde vendedores en muy ordenados puestos que ocupan de lado y lado la calle, intentan ganar las preferencias. Allí seguramente se sorprenderá con las montañas de lychees naturales y de pomagás, que con su aspecto prehistórico son vendidos con el nombre de mamones chinos los primeros y manzanas de agua los segundos. En casi todos los puestos hay bolsas de cubaces, un grano marrón parecido a nuestra caraota, que constituye la columna vertebral de la cocina del país comido con cerdo y por supuesto verá puestos de comida de calle ideales para picar algo antes del desayuno. En algunos de esos puestos venden chorreadas hechas al momento, que no son más que nuestras cachapas (sin queso) o pupusas (masa fina de maíz rellena, parecida a una arepa) hechas al momento por las manos de la trabajadora inmigración salvadoreña. Costa Rica es uno de los pocos países en donde he visto quesos frescos parecidos a los nuestros, por lo que si usted está nostálgico le recomiendo el queso Turrialba y le sugiero que se lo lleve a la señora del puesto de chorreadas. Es impresionante que siendo tan cercanos en latitud Costa Rica y Venezuela, la oferta vegetal de mercado sea tan variada. En el mercado de Santa Ana podrá comprar Pejiballe caliente (el mismo chontaduro colombiano) o una fruta idéntica a la guayaba pero extremadamente ácida llamada Cas. Es hermosísimo ver la variedad de vegetales enanos que hay como por ejemplo Cocoró (chayotas enanas), escalopines (mini auyamitas) o los increíbles Chilotes que me permitieron descubrir que los maíces enanos no sólo están en latas.

Justo antes de terminar la visita tómese un Mozote (jugo baboso hecho de un tronco y servido con limón y papelón) y pregunte cual es el mejor lugar para desayunar un Gallo Pinto… descubrirá que aunque nosotros digamos ocumo y ellos Tiquisque, todos en este Caribe todos terminamos comiendo caraotas negras con arroz.

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