EN LAS POSADAS SE COCINA ALGO

El sueño recurrente de tener una posada cabalga en los sueños de muchos venezolanos, flotando como la ilusión de una forma de vida llena de sonrisas, paz y calidad de vida. Conozco muchos posaderos y se que en efecto es una forma de vida hermosa, pero también se que semejante estado de felicidad se gana con un contrato de vida que posee letras chiquitas que especifican que para tener una posada exitosa hay que tener una capacidad de trabajo bestial, olvidarse de jerga económica cargada de palabras como retorno de inversión, sentir con el alma frases como forma de vida, una necesidad casi genética por servir a los demás y sobre todo vicio por los fogones. Las posadas son lo más cercano al alter ego de nuestras propias casas, lugares en los que el comensal nos indulta permitiéndonos estofar casero y sobre todo el único reducto en que podemos hablar de una verdadera cocina de mercado. La inercia comercial de un restaurante es tal, que su éxito depende una cuidada filigrana de relaciones entre las necesidades del cocinero creador y su grupo de proveedores de confianza; el posadero a cambio de trabajar catorce horas diarias y de tener prohibida su propia piscina gana un sueño lejano para muchos: ir cada mañana al mercado del pueblo para escoger lo más fresco y sólo en ese instante decidir el menú del día.

Nadie regresa a una posada si no quedó satisfecho con la oferta gastronómica porque a las posadas se vuelve como se visita luego de años, la casa materna. En Chirimena, Miriam levanta a sus huéspedes de la “Casa del Gobernador” con un desayuno que entre otras cosas tiene caraotas cocidas con leche de coco que ella misma extrae, ¡divina fórmula secreta que guarda con celo! En La Mucuy, Xinia y Peter sirven en la mesa comunitaria de sus “Cabañas” un fabuloso conejo estofado que han perfeccionado con los años y en Puerto Cabello, Chicho regresa con una barracuda recién pescada que no pide mayores adornos para deleite de sus ávidos comensales de la “Posada Santa Margarita”.

La cocina de nuestras casas no es absolutamente tradicional si entendemos por tradicional al índice de platos que de manera oral nos hemos ido transmitiendo como colectivo con el fin de defender nuestro patrimonio cultural. La cocina de nuestras casas es simplemente casera y el sabor de lo casero (independientemente de lo que creamos que eso signifique) es casi imposible de encontrar en restaurantes, pero si queremos levantar un compendio amplio de recetas que se parezcan a nosotros como país, que reflejen la inmensidad, el barroquismo y sobre todo el carnaval de nuestra sazón; necesariamente tendremos que anotar desde el clásico asado negro hasta el pastel de brócoli que aprendí en mi casa, ¡divina cocina del reciclaje! Venezuela viene consolidando una red excepcional de posadas y en ellas reposa algo tremendamente poderoso. En las posadas de nuestro país se cocina venezolano como nunca.

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