ANAQUELES VACÍOS

PUBLICADO EN PRODAVINCI


¿Sabe usted cuánto cuesta hoy, 5 de Enero de 2015, un cartón de 36 huevos en Venezuela? Pues, honestamente, yo tampoco. Hace una semana compré uno para mi restaurante a 300 BsF. y anteayer vi que un señor los vendía en la calle a 480 BsF.. Es decir: 60% más, una cifra bastante respetable si entendemos que en un país normal ésa es la inflación como de 30 años, pero aquí sólo necesitamos cruzar un par de calles para lograrla. Claro está que también existe el precio regulado por el Estado. Y, por supuesto, el mercado negro que también entiendo que existe. Pero, finalmente, el precio de lo que se consiga es el precio real.

¿Y sabe usted cuánto cuestan el pollo o el champú? Allí la cosa si es un berenjenal. En casi todas partes el pollo está a 200 BsF. el kilo (que, por cierto, es 465% por encima del precio regulado a 43 BsF. por kilo). Algunas veces en los pueblos hay pollos beneficiados artesanalmente y uno negocia el precio. Y otras veces aparece alguien con un dato y uno ahí ve qué hace. Perdón. He cometido un error importante al escribir en casi todas partes está

La verdad es que el único lugar donde jamás estará a 200 BsF. el kilo de pollo es en los supermercados. ¿Sabe porqué? Pues porque los supermercados —especialmente los grandotes, ¿sabe? Esos que fiscalizan un día sí y otro no— sólo pueden vender a precio regulado. Algo que está muy bien, porque ya nadie tiene para pagar un pollo que cuesta, asumiéndolo de dos kilitos, un 7% del salario mínimo. ¿Pero por qué no venden mucho de ese pollo regulado 465% más barato que el de la calle? Yo lo compraría.

Champú caro si hay (¡y bastante!) en las tiendas especializadas. Lo he visto y comprado. Aunque soy bien calvo, tengo dos hijas y una esposa con una melenas que son un atentado contra la economía familiar. Pero el baratico, el de la Ley de Precio Justo que nos encanta tanto (especialmente durante las elecciones) y que ha quebrado a un montón de pequeños empresarios (quienes también tienen hijas que comen pollo y usan champú) de ése sí es verdad que no hay. Y yo me pregunto: si los supermercados dicen que no hay del champú baratico, porque ningún proveedor se los está despechando, ¿por qué será que no importan con dólar del otro y venden el champú caro? A la hora de la limpieza y el lo que haya, uno tampoco es que se va a poner a escatimar. ¿Por qué, si importan con sus dólares y no con los que les asignan, la Ley los obliga a vender por debajo del precio de compra? La cosa no está como para que uno ande regalando la plata en su negocito.

La verdad es que corren malos tiempos para ser empresario de comida. En especial si lo tuyo es un supermercado. ¡Y ay si el supermercado es grande! Porque lo de la seguridad alimentaria no es juego: tiene consecuencias penales. Pero nadie te quiere despachar, porque sólo puedes comprar a precio regulado y ese precio está por debajo del precio de producción y ni bobo que fuera el productor. Y como el aparato productivo nacional despareció, lo que queda es importar. Pero resulta que si importas con dólares que compraste como pudiste (vainas del mercado que todo se importe en esa moneda), viene un señor con un uniforme verdecito, su cara seria y te dice que ese dólar no existe y te obliga a vender como si lo hubieses comprado con un dólar que ese señor dice que sí existe, aunque tú no sepas dónde.

Así que sólo te queda una opción: esperar que quienes inventaron este Frankenstein de las reglas de la economía venezolana te asignen unos dólares al precio que ellos dicen y compras con ellos. ¿Solucionado? Bueno, más o menos: son como poquitos esos dólares y los dan en una subasta tipo lotería a la que debes aplicar desde cero todos los días, hasta que salga. Sí: todos los días. Para peor suerte, resulta que los supermercado tienen un montón de espacio para llenar. Bueno, ¿quién los manda a construir ese local tan grande?, podría decirle más de uno al dueño del local. Pero resulta que los construyeron cuando la economía de Venezuela se comportaba de un modo normal. Y con normal me refiero a como son hoy, ¡qué sé yo!, Brasil, Ecuador o Colombia.

Yo no sé, pero lo intuyo: creo que los dueños de esos supermercados preferirían ver sus anaqueles llenos que vacíos. No sólo por negocio, sino porque es muy doloroso ver un anaquel vacío en medio de aquello que te tomó décadas construir. Y si yo no tuviera dinero para remozar mi restaurante, o para pintarlo al menos, me daría mucho dolor que alguien llegara a tomar fotos para usarme a mí como ejemplo de lo que no se atreve a decir con nombre y apellido.

II
Un fotógrafo decidió registrar un anaquel vacío de un supermercado de Venezuela y un empleado amenazó con ponerlo preso. El fotógrafo (con razón) lo denunció en Twitter y la gerencia del supermercado lo llamó para disculparse. Yo me enteré de la disculpa porque el mismo fotógrafo gallardamente lo contó en su misma cuenta de Twitter. Pero como en Twitter sólo cuenta la denuncia, ya a nadie le importó que el fotógrafo contara que lo habían llamado. Total, había aparecido un nuevo malo y en la lucha por la libertad todo se vale. A partir de ese momento vino la histeria: ¡todo el mundo a fotografiar los anaqueles vacíos del pobre infeliz que no sabe como hacer para llenarlos!

La gerencia del supermercado emitió un comunicado diciendo que no permitirán más fotos. Y no juzgo las razones ni el porqué. Si creemos en la empresa privada, debemos creer en aquella máxima de que cada quien tiene derecho a establecer las reglas. Dudo que la gerencia de un supermercado quiera que una marca que costó décadas construir se asocie con esta desgracia en la que nos metió el aparato económico de Nicolás Maduro.

Es muy fácil juzgar a unos hermanos Da Gama, a un Lorenzo Mendoza, a los dueños de Automercados Plaza, a los de Farmatodo y a cientos de empresarios, sin saber a cuáles presiones espantosas están siendo sometidos. Sin saber de las inspecciones, de las amenazas, de las multas para arrodillarlos.

Creo profundamente, desde cada poro, en la empresa privada como mecanismo para salir de la pobreza. Brasil y Ecuador han disminuido dramáticamente la pobreza de sus países porque no decidieron acabar con la empresa privada. Sé el infierno por el que están pasando los empresarios de este país y por eso afirmo que atacarlos sin saber cuánto se juegan con cada inspección y cada amenaza de cárcel no sólo es mezquino sino cobarde, porque además hace que dejemos de nombrar a quienes nos metieron en esto.

El gobierno jamás aceptará su culpa. Jamás aceptará que metió la pata hasta el fondo. Cada vez que atacamos a un empresario que está viendo cómo sobrevivir, no sólo le estamos haciendo el juego al equipo económico de Nicolás Maduro dándole la razón al decir que la culpa no es de ellos, sino que además demostramos que disparar primero y averiguar después es una condición humana más generalizada de lo que quisiéramos creer.

¿Acaso creen que un empresario, producto de las presiones, quiere vender un negocio que le tomó a varias generaciones de su familia lograr? Cuando lo hacen, lo hacen para no perder. Pero lo hacen derrotados. Expulsados. Robados. Y me pregunto: cuando alguno de esos empresarios se vea obligado a vender o sea expropiado, ¿acaso algún tuitero consagrado les va a devolver las décadas que pasó creyendo en Venezuela?

¿Que están vacíos los anaqueles? Gran noticia: eso lo sabemos y lo vivimos todos cada día. No es por una fotografía que me enteré. El tema real es saber cuándo es que diremos algo más parecido a Maduro nos jodiste, antes que culpar a quienes pueden estar a punto de perder sus negocios por presiones, pasando cada día por un infierno que desconocemos para no ver derrumbado el sueño de décadas.

La valentía de llamar las cosas por su nombre no es un delito.

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