345 LA REBELIÓN DE LOS QUE NO BOTAN COMIDA


En varias oportunidades hemos tocado desde esta columna el tema obsceno de la pérdida masiva de alimentos comestibles en un mundo con más de mil millones de hambrientos. Lo hicimos, por ejemplo, con el artículo “Los Números Del Hambre” (http://bit.ly/pD1ePM) o, a raíz de una reciente frase sin medias tintas del Papa Francisco, en el artículo “Robando De La Mesa Del Pobre” que se puede leer en el link http://bit.ly/1d50Hvv.  Se trata de un problema enorme y quizás uno de los peores legados por los que en el futuro sea recordada nuestra generación. Para entender la magnitud, recomendamos un excelente video de 8 minutos que hicieron en España en el canal Antena3 que puede consultarse en http://bit.ly/12fUhpP, e igualmente consultar la página web de la organización “Piensa.Aliméntate.Ahorra” (http://bit.ly/11orxYV) que ha logrado grandes avances a nivel de concientización sobre el problema de desechos alimenticios, eufemismo aséptico para no decir llanamente que botamos comida porque hemos dejado de pensar en los hambrientos.

El tema tiene tiempo en el tapete y por lo visto la campaña comienza a tener efecto. Lamentablemente no es un efecto que aun toca a los grandes desperdiciadores de comida y sus formas de producción, en donde esas pérdidas son justificadas como males necesarios para su funcionamiento (cadenas de comida rápida, cadenas de supermercados, hoteles, etc.), ni toca a la industria que siembra comestibles para usos no humanos (Biodiesel, emulsionantes para comida chatarra, etc.); pero comienza a entenderse –tímidamente– en el ámbito de dos grades protagonistas de la cadena de desperdicio: restaurantes y casas.

Un ejemplo de ello es el caso del pescado de descarte en Europa, que es la manera decente de explicar que la industria pesquera europea bota (ya muertos) cada día al mar 4 millones seiscientos mil kilos de pescado, porque una vez realizada la faena de pesca estos pescados no tienen ni el tamaño, ni son de la especie que están buscando para la venta. Esta cifra absolutamente inmoral llevó al nacimiento de una intensa campaña virtual bautizada “Ni un pez por la borda” (ver http://www.niunpezporlaborda.org) cuya viralidad en la red puso el ojo sobre las prácticas “necesarias” de una industria que no piensa ni en el medio ambiente ni el hombre; al punto que comienzan a discutirse leyes para mitigar semejante despropósito. La alarma ha llegado a los restaurantes y muchos chef españoles han estado haciendo campaña para que sus colegas hagan menús con pesca de descarte. De hecho, el año pasado el ganador del Premio Nacional de Gastronomía de España fue el chef especialista en pescados Ángel León (Restaurante Aponiente, Cádiz), y resultaba muy interesante leer como las agencias noticiosas, a la par de sus obvias cualidades como cocinero, se centraban en el uso de pesca de descarte en su menú (ver http://bit.ly/17WReY2).

Otra noticia reciente que hemos podido leer es sobre la aparición de un restaurante danés (Rub&Stub, Copenhague) cuyos platos están hechos exclusivamente con ingredientes descartados por tiendas y productores, con el fin de colocar foco con dramatismo teatral sobre el descarte de alimentos. Aunque por el momento se trata de una operación sin fines de lucro, sometida a trabas legales y sanitarias, la presión mediática y de clientes podría convertir a este restaurante operado por voluntarios (http://spisrubogstub.dk) en un fenómeno de moda a replicar.

El caso más interesante de todos los que últimamente han sido noticia, se inició con la crisis griega. De manera natural se fue armando una red de madres que escribían en la web cuantas porciones de su comida casera había sobrado, por si alguien quería comprárselas. Ello fue la génesis de la red social Cookisto (que resultó de una tesis de grado), uniendo literalmente una comunidad virtual de cocineros amateurs. Tal fue el éxito e impacto en Grecia (hay 12.000 amas de casas inscritas), que está por implementarse en Inglaterra; y en USA acaba de salir un programa para celulares (http://leftoverswap.com) dirigido especialmente a la comunidad estudiantil, para conformar una red de vendedores-compradores de comida casera sobrante.  Usted indica en que zona se encuentra, y el sistema le informa que casas en esa zona han subido a la red una oferta de porciones sobrantes de rica, poco costosa y sana comida materna.

Por el momento los “grandes” (gobiernos, productores, industria) se han hecho los sordos ante la pérdida masiva de comestibles; pero más les vale que comiencen a escuchar, porque desde las bases se gesta esta batalla de amas de casas y colectivos sociales que han iniciado una rebelión. Son los que no botan comida.

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