277 DERECHO DE AUTOR

Mas allá del hecho de que la papa viene alimentando al mundo con su inmenso poder calórico, el humilde tubérculo ha sido el pilar fundamental de las grandes fortunas de las tiendas de comida rápida y las chucherías. Esa papa que alguna vez viajó en carabelas, nace de semillas que por siglos los campesinos andinos aprendieron a domesticar, clasificar y guardar. Nace literalmente gracias al conocimiento técnico de nuestros pueblos autóctonos. De allí, que no resultó descabellada una noticia que daba cuenta de la decisión del Tribunal de Propiedad Intelectual de la ONU de establecer que los indígenas sudamericanos deberían recibir 1% de los beneficios de las ventas de papas en todo el mundo, “en reconocimiento al hecho de que las patatas, tal y como las conocemos, son en realidad una creación indígena".

Un solo detalle se le escapó a varias agencias de noticias que replicaron la noticia: El texto original había sido publicado por la organización Survival (http://www.survival.es/noticias/7969) un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. La intención de la organización al realizar la inocentada era poner el foco de atención sobre el hecho de que nuestros productores, y los citamos, "Son un componente vital de la diversidad humana del planeta, pero con frecuencia se los trata con desprecio, se violan sus derechos y se les priva de sus modos de vida".

Hoy en día el conocimiento técnico vale dinero, y vale mucho. De no ser así, las compañías que investigan y modifican semillas para optimizar resultados no cobrarían por ello, al considerarse literalmente dueñas de esas semillas. Han llegado inclusive a la inmoralidad de demandar a quienes usan semillas nacidas de plantas que fueron sembradas con semillas previamente compradas a ellos. Alegan que las semillas de segunda generación, al tener la misma modificación genética de la original, deben general royalties a la compañía. Un caso notable de la silenciosa guerra que se libra entre conocimiento de nuestro campesinado y tradiciones por un lado, y la avaricia de gobiernos y trasnacionales por el otro; es el caso de la papa Chiloé de Chile cuya propiedad genética acaba de pasar de las manos de los chilenos a las de la compañía Monsanto, con la anuencia del estado. Coloque en Google juntas las palabra chiloe, papa y monsanto y podrá tener idea de la gravedad del asunto. Sería interesante ver que pasa si la inteligente broma de Survival se hace realidad y un día comunidades organizadas de productores deciden patentar su conocimiento.

Nota: Cometiendo el delito de exponer mi visón personal del caso, dado que se trata de un artículo informativo, personalmente considero terrible cualquiera de los dos escenarios. La genética de aquello que nos alimenta debería ser un bien inalienable de la humanidad y quien desee investigar para que vivamos mejor, que lo haga entonces por el bien colectivo. De vez en cuando no es tan malo hacer cosas gratis.

II
El espinoso tema de derechos de autor, en el caso de la alimentación, no queda solo en la esfera de los productores. No son pocas las veces que desde el mismo seno de las cocinas se han preguntado si sus recetas deben (o pueden) ser protegidas por las leyes de propiedad intelectual. En 1996 hubo un precedente en Italia cuando el chef de cocina del restaurante La Pérgola, en Roma, solicitó formalmente copyright para sus recetas ante la SIAE (entidad de gestión de derechos de autor en Italia) y para sorpresa de muchos el organismo consideró seriamente el tema; y en el caso de España legalmente se estableció (http://www.copyright.gov/espanol/faq-espanol.pdf) que "Una simple lista de ingredientes no está protegida bajo la ley de derecho de autor. Sin embargo, cuando una receta o fórmula está acompañada de una expresión literaria sustancial en forma de explicación o indicaciones, como en un libro de cocina, quizás exista una base para la protección del derecho de autor".

Más recientemente el chef español Andoni Luís (http://bit.ly/xp5XPf) se atrevió a tocar el punto al exponer la pertinencia de discutir si los conceptos y las técnicas y los procedimientos físico-químicos (nuevos aparatos y nuevas reacciones) que van surgiendo luego de serios procesos de investigación en los restaurantes de alta cocina, deberían protegerse.

Anque es cierto que si alguien se lucra con una de mis recetas (por ejemplo una vez alguien ganó un concurso con una receta mía), espero los créditos; nuevamente arriesgando una visón personal del asunto, creo que los royalties de nuestras recetas se pagan y dan el vuelto cada vez que un cliente compra, una y otra vez, el plato inventado. Se trata en el fondo de la delicada discusion en las artes en donde es dificil entender las fronteras entre tres palabras: Patente, plagio y crédito al autor.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Richard Stallman padre del software libre hace una comparación entre recetas de cocina y software, y explica porque ambos deben ser libres usando como ejemplo que licenciaran las recetas de cocinas.
http://www.youtube.com/watch?v=wJdfEbW2XZQ

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