CUANDO PASE EL TEMBLOR


Hay una grieta, en mi corazón

Un planeta con desilusión.

Sé que te encontraré en esas ruinas.


Soda Stereo


Toda tragedia tiene un día después y en el caso de una tan descomunal como la sucedida en Venezuela no hablamos de un día después sino de meses, en unos casos, y años en otros.


De la respuesta inmediata estoy seguro que hablaremos por mucho tiempo y habrá mucho análisis tanto en el plano sociológico como de metodologías de organización, respuesta de los civiles y respuesta del estado. Ojalá que de esta salgamos fortalecidos y con una consciencia colectiva de prevención y de la importancia de que existan entes autónomos especializados en manejo de desastres naturales a los que en ese momento le rindan cuenta y sigan instrucciones absolutamente todos los estratos del país.


Para no haber ningún tipo de coordinación es impresionante como, luego del estupor inicial, se unieron todos los venezolanos para colaborar y buscaron formas de coordinar algunos esfuerzos en medio del desorden y, sobre todo, de la falta de preparación para casos así.


Pero este momento inicial de emergencia llega a su fin. Poco a poco, por usar un símil médico, la terapia intensiva le va pasando el testigo a la hospitalización y un poco más tarde a la recuperación.


En el área que a mi me atañe como cocinero solo me queda admirar infinitamente a tantos que se han abocado incansablemente a cocinar, pero las escuelas de cocina tienen que volver a dar clases, los restaurantes volver a abrir al público y el ritmo de donaciones a mermar porque la vida continúa y hay que volver a producir para llevar el pan a la boca y para ayudar a los muy cercanos que están afectados. Inclusive organizaciones especializadas en los primeros momentos de un desastre que están en este momento actuando como la World Central Kitchen, tendrán que dejarnos para ir a ayudar en otro lugar del planeta cuando suceda algo.


Y es entonces que llega el día después.


Lo primero es entender que ya hace mucho tiempo hay damnificados que de temporales pasaron a permanentes, mucha gente en condición precaria que necesita que le den alimentos, muchos menores no acompañados o en condiciones de extrema fragilidad, muchas personas desnutridas… en fin, la lista es larga y se entiende el punto: el terremoto llegó para engrosar una lista ya existente.


Y aquí entra el famoso “zapatero a su zapato”. Vuelvo a los símiles médicos porque son fáciles de entender. Si una persona sufre un accidente aparatoso en la calle, correremos a socorrerla aunque no seamos médicos y pararemos un auto aunque no sea una ambulancia, Solidaridad pura y dura activada en medio de la adrenalina tratando de salvar una vida, pero tarde o temprano será solo un médico quien pueda lograr que esa persona pueda continuar su vida.


El emprendimiento social implica una formación como en cualquier caso. Saber qué hacer cuando alguien tiene una necesidad va muchísimo más allá de las buenas intenciones. Lograr ayudar sin dañar más de lo que se desea ayudar implica mucha formación.


Y no es solo formación y ganas. Entender cómo lograr que esa misión de vida sea sostenible en el tiempo pasa por aprender a verlo como con cualquier emprendimiento. Es igual que con un restaurante (si me aceptan otro símil): cocinar rico y amar la cocina no bastan. Mantener un restaurante abierto sin que te deje inundado de deudas es un oficio que se estudia como cualquier otro.


Cuando no se trata de un cataclismo natural, los damnificados, hambrientos, niños sin escolaridad y en situación de alto riesgo, desempleados; en fin todo el espantoso conjunto de la precariedad, son producto de dos cosas: pobreza e indolencia de quienes gobiernan.


Y Venezuela es un país en donde 7 de cada 10 venezolanos viven en pobreza y 1 de cada 3 está en el rango de la pobreza extrema (https://elucabista.com/wp-content/uploads/2023/01/ENCOVI-2025_presentacion_UCAB-07-05-2026.pdf).


Venezuela es un país con muchos ingresos y con muchísimos pobres.


Por eso, Venezuela es un país en el que desde hace varias décadas funcionan organizaciones cuya misión es ayudar a quienes menos tienen. Y como toda organización de este tipo el alcance de su ayuda depende de su presupuesto.


Operar en Venezuela no es nada fácil. No hay cosa más paranoica que el poder cuando no tiene los recursos de conocimiento y gerenciales para enfrentar una situación. Así como un chef que pierde el control de su operación comienza a gritar y a buscar culpables en todos menos en él mismo, los gobernantes hacen lo mismo.


Para poder ayudar en ese contexto hay que aprender a dialogar con ese poder. Eso no se aprende de la noche a la mañana. Es, literalmente, aprender a hablar como un loco para que te entienda el loco para luego poder actuar como cuerdo.


Les voy a contar una anécdota (si se puede llamar así) que viví de primera mano porque estuve involucrado. En un momento un organismo internacional de ayuda que tiene décadas funcionando quiso implementar una campaña de alimentación para niños. Se les prohibió porque funcionarios que tenían que dar los permisos dijeron que el color del logo de la fundación  (que tiene décadas) era el mismo que el de un partido de oposición y que la campaña de alimentación infantil la estaban haciendo por publicidad subliminal ¡Así de difícil es ayudar en Venezuela! 


Lo importante es que hay muchos que, aunque en muy frágil equilibrio, saben hablar ese idioma porque se han venido entrenando a fuerza de negociar porque para ellos el bien común prevalece. Y algo fundamental es que son organizaciones que se mantienen en contacto entre ellas sumando esfuerzos.


Esas organizaciones están pero tienen un presupuesto. Es obvio que si una ONG fue armando un entramado de infraestructura, voluntarios y contratados para ayudar a un número de personas, no se puede dar el lujo de asumir nuevas responsabilidades. Si yo usualmente puedo ayudar a 10 y me tocan la puerta 100, solo lograré dejar de ayudar a esos 110. Todos pierden.


En conclusión, llegó el momento de apoyar económicamente a quienes saben y pueden hacer una labor efectiva y pragmática durante el tiempo prolongado que viene.


Cómo apoyar, cada quien lo irá viendo. Si no puedes económicamente el solo hecho de seguir a esas instituciones en sus redes sociales y replicar sus pedidos ya es de gran ayuda. Si te puedes organizar con tu gremio y hacer actividades para recoger dinero, habrás donado tu bien más preciado que es tu tiempo, y si tienes dinero que estás en capacidad de donar directamente, pues que todo un país te lo agradezca.


Anexo una tabla de organizaciones (y sus redes sociales) que tienen mucho tiempo trabajando en terreno. A todas se les duplicará, triplicará, quintuplicará la demanda de personas tocando a su puerta y todas quieren poder abrir esas puertas… que se abran depende más de nosotros que de ellos.







Comentarios

Mariene Piñero ha dicho que…
Difícil situación la que vive Venezuela.

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