MARINAR PARA SEGUIR VOLVIENDO


Carta maravillosa que me mandó desde España la escritora venezolana Lena Yau. Seamos esos astronautas que sentimos aromas de país emanando desde cada rincón.

Marinar para seguir volviendo.
Lena Yau

Contar al país multiplicado que somos desde unos textos marinados nunca fue más pertinente.

Cónsono al significado en el que vamos creciendo, la palabra marinar evoca al mar y a las naves que lo surcaron buscado especias.

La panza de los barcos estaban ahítas de alimentos surtidos que luego serían parte de los nutrientes de esa silueta que se vislumbraba en el horizonte: idioma, culinaria, música.

Marinaron los aventureros la pesca que comerían durante la travesía.

Así la ablandaban, abriendo la puerta a la integración de carne, aliños y fragancias.

Llegar fue el sosiego al confirmar que lejos de un abismo, detrás del mar quedaba un paraíso por conocer.

Antes de atracar en un mundo nuevo, los jugos en los que nadaba aquello que luego se haría conserva eran más simples, acaso pungentes y de gusto rijoso.

También la lengua de los exploradores, algo encrespada, con puntos ariscos, con volutas consonánticas.

Y es que la lengua es ligazón a un territorio por el habla y por los sabores.

Es lo que nos mantiene engarzados, otro cordón umbilical,  la soga del astronauta que gravita entre tres entidades que lo identifican: el mapa del terruño, el cielo que siempre ha cubierto su cabeza y la luna que vio cerca, lejos, de día, de noche y en sueños.

Con el transcurrir del tiempo, la lengua de los primeros que llegaron, la de los que se fueron sumando y la de los anfitriones se encontraron en el decir y en el fuego, en el diálogo y en la convivialidad, en los giros de la voz y en los platos de distintos lugares.
Semillas de diferentes almácigos, se buscaron bajo el manto vegetal, se abrazaron, se fundieron y germinaron como trenza de madera en damero de tonos, como árbol que da frutos híbridos en los que se distingue el rumor de muchos que se hicieron uno.

Ahora cada migrante revive esa historia: no deja de simbólico que marinar tenga dos acepciones más en los diccionarios;  “dotar un barco de tripulación, nueva o en sustitución de otra”, es una de ellas. La otra apunta al “tripular de nuevo un barco.”
Aquel que hace un nuevo viaje en búsqueda de otras especias se traduce en los platos y regresa del pasado al presente.

¿No es marinar dotar de vida nueva lo que fue otra cosa?

El nombre propio siempre está relacionado con la sed y hambre porque junto a la lengua materna y a la nutrición, conforman la oralidad primera.

Oralidad son los recetarios, los cancioneros, el tricolor, los álbumes de fotos, los especieros que hoy alimentan las panzas de los aviones.

Oralidad es una persona que camina las calles de una ciudad como Santiago de Chile y silba recordando el canto de un cristofué.
Oralidad es el equipaje que duerme debajo de nuestro paladar.

Allá donde haya un venezolano, habrá también un catálogo del país-comida.
Puede ser de plato único o de sopa, seco y postre, con ingredientes voladores o con alquimia de sucedáneos, sencillo o lujoso, casero, de tránsito y calle, de frac, de liquiliqui, de gorrita beisbolera pero siempre honesto y nuestro.

Aterrizamos para encender las hornillas en múltiples puntos del mapamundi y regalar aromas viajan desde las ventanas.

A veces imagino que ese astronauta que mencioné antes, mira el globo terráqueo iluminado por las luces que cocinan nuestra lengua culinaria.

Sobre cada incandescencia ve una columna fragante que varía según la hora: sofrito, ají dulce, papelón, cacao en baño de maría, maíz pilado de camino al budare, cazón, yuca frita, arepas de chicharrón, plátanos fritos, jalea de mango.

Esos vahos son abrazos desde el allá y desde el aquí.

El gusto de nuestros calderos vence distancias y soledades e invita a conocer nuestra cultura.

¿Y aquello de comer el paisaje?

Lo seguimos comiendo.
Porque el paisaje vive en nuestros adentros y de allí salta a las ollas, a los manteles, a las palabras, a los saberes.
Desde allí somos y estamos.
Desde allí seguimos volviendo y seguimos diciendo Venezuela.

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