RESISTIR: MI CARTA A LENA YAU

COCINAR ES RESISTIR
Lena Yau, escritora venezolana radicada en España, me pregunta ¿Qué significa la cocina como espacio de resistencia en estos tiempos para Venezuela?
Buena pregunta que no pude contestarle y le dije “dame dos días”, ya sabes que me cuesta hablar.
Sé que parece una contradicción con lo de mi presencia en TV, pero soy de una torpeza tremenda para hablar por esta condición taciturna y tímida que me dio la vida y de la que resiento a veces. Hay una anécdota con eso: un productor en Argentina decía que yo parecía un robot porque me volvía locuaz y simpático cada vez que se prendía la luz roja de “grabando” en las cámaras, y en lo que se apagaba me desenchufaba con ella. Me pasa igual en una conferencia. Casi no puedo arrancar a hablar del terror, luego dejo de ver a la gente y todo se pone borroso, arrancó a hablar como una metralla, termino, y después casi no puedo ver a la gente de la pena y empiezo todo ansioso a preguntarle a mi esposa ¿Hablé bien, hablé bien, hablé bien?
El caso es que sólo se comunicarme por escrito. Por eso me fue tan mal con Twitter. Escribir poquito es como hablar y yo no se hablar. Va pues Lena lo que pienso del tema:
RESISTIR LA VIDA
Esta pregunta tiene muchas aristas querida Lena Yau. Mi respuesta se limitará a lo que vivimos Sylvia y yo. Nuestra resistencia, no LA resistencia.
Sylvia y yo quedamos desempleados en diciembre de 2002 y nos costó mucho levantarnos. El resumen de ese trabajo fue que 14 años después, específicamente el 6 de Octubre de 2016, exactamente hace 8 meses y 18 días, pudimos abrir nuestro primer restaurante. Antes fui empleado o tenía una participación como parte del paquete que me ofrecía el verdadero dueño del restaurante. Ese 6 de octubre, faltando 16 días para yo cumplir 51 años y 27años3meses25días después de ser contratado por vez primera como cocinero, Sylvia y yo abríamos nuestro primer restaurante.
Cuándo se ha esperado tanto y no has cumplido un año abierto ¿Se puede tomar la decisión de cerrar? ¿Se puede tomar la decisión de hacer maletas y abandonar el país? ¿Es imprudente no irse?
No lo sé.
Sólo sé que no quiero perder esto. Y puedo imaginar lo que siente desde el que tiene algo chiquitito como lo mío hasta una mega empresa que tomó décadas lograr. Veo las santamarías, las puertas, de los negocios y construyo sus historias -más bien las invento- y siento una empatía tremenda y me provoca llorar. Si Lena, llorar.
Abrir cada día es resistir. Lo es porque uno “se resiste” a perder y eso es válido. Porque nadie quiere perder lo logrado y siempre se aferrará a un mañana más brillante. Esa ha sido la clave de la humanidad: creer que siempre es posible un tiempo mejor y que este sólo es posible si uno mismo lo construye… eso da pié para mi segundo punto:
RESITIR DESDE LA CULTURA
Sabes Lena mi posición política: un “rojito” que está en contra de este gobierno desde el año 2000. Eso me volvió subversivo en todo los sentidos. Subversivo para este gobierno que persigue a la disidencia (aunque en honor a la verdad, a mi en lo personal no me han hecho nada que sea distinto a lo que hayan hecho al colectivo… que ya es bastante); y subversivo para las muy vociferantes voces que ante el desespero pendular quieren que ese mismo péndulo se vaya al otro extremo derecho. Eso me calló políticamente y terminé entendiendo a la cultura como mi forma de hacer guerrilla.
No hay resistencia más importante que la cultural. Bien lo dice el escritor Miro Popic que te acompañará en la jornada en Madrid (lo parafraseo no textualmente, sino desde la bruma de la memoria del lector): Pudieron construir iglesias sobre pirámides (religión), borrar la lengua (idioma), cambiar los nombres de las montañas y cambiar las fronteras (geografía), pero seguimos comiendo más maíz (arepa) y yuca (casabe) que trigo (pan) de la misma forma y con la misma técnica que antes de su llegada…¡No hay forma de resistencia más silenciosa y feroz que la cultural!
De las formas más violentas de ejercicio represor que ha exhibido el chavismo ha sido la imposición de una nueva forma cultural. Cambiar el nombre de un país, su bandera, su escudo de armas, la moneda, los nombres de calles, parques y montañas, todos los nombres de la burocracia, y hasta el nombre de los niños de la calle que siguen estando allí: en la calle; es una forma muy agresiva de conquista. Idéntica a la de cualquier opresor histórico.
Pero nuevamente no podrán con la arepa. No podrán hacerla con masa roja, ni acostumbrarán jamás al pueblo comerla con harina importada de otros países con su dinero corrupto que implosionó nuestra capacidad de producir. No podrán evitar que en cien años sigamos diciendo P.A.N o que la Reina Pepiada sea en honor a una miss.
Resisto con esta fiereza cultural. Ayudo a organizar comunidades desde la Fundación. Ayudo a hacer festivales. Escribo sin parar que somos un país maravilloso. Todo eso porque es mi forma de hacer subversión.
Están jodidos, allí no podrán. Y están jodidos porque cuando un pueblo se sabe garante de una cultura y aprende a defenderla, se nutre también de autoestima… y eso me da pié para mi tercer punto.
RESISTIR DESDE LA RISA
Este pedacito del escrito será cortito querida Lena. No amerita mayor desarrollo.
¿Creo que el chavismo es oscuridad? No sólo lo creo, estoy seguro. Seguro en lo tangible y en lo intangible. La noche ahora escuece (robándome la frase de mi admirado y olvidado escritor venezolano Renato Rodríguez) y todos nos encerramos en casa porque la calle es literalmente oscura ahora que no hay bombillos para alumbrarla; y es oscura porque nada jode más a un dictador que la risa y busca permanentemente silenciarla.
Hay un poema tremendo de Darcy Ribeiro (que por cierto fue curruñita de mi Mamá):
“Me puse al lado de los indios y me derrotaron
Me puse al lado de los negros y me derrotaron
Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron
Me puse al lado de los obreros y me derrotaron
Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron
Esa es mi victoria”
Pues mi Lena, no se si me van a derrotar pero la risa no me la van a quitar porque río por resistencia y el día que me vuelvan oscuro estaré del lado de mis vencedores.
Pero reír, Lena, sólo lo sé hacer desde mi oficio. Con eso, Lena doy pié a mi último punto. El cuarto.
RESISTIR DESDE EL ORGULLO PROFESIONAL
Me formé para cocinar y servir. Es lo único que se hacer. Cualquier otra cosa que haga como la televisión, escribir o dar conferencias, no pasa de hobbies de una mente inquieta y egocéntrica. Pero en la cocina soy yo en su versión más pura, que debe ser algo como 2% de pureza porque me asustan las personas sin máscaras.
¿Tiene sentido cocinar en un país con hambre, escasez, hiperinflación y pobreza? Esa pregunta es prácticamente retórica. Todo el mundo adora la escena de la película del pianista tocando en medio de las ruinas de su vida y todo el mundo adora la imagen del refugiado sirio que capturan infraganti besando amorosamente en la boca a su esposa en un campo de refugiados, pero enfrentados a la realidad se sorprenden porque un cocinero quiera cocinar.
Que me perdonen los agoreros, pero es tan difícil cocinar con los productos que da una estación y sin tener los de las otras tres estaciones que están por venir (me refiero obviamente a estaciones climáticas), que cocinar en un período de escasez. La escasez es como una estación gastronómica: se cocina con lo que hay y no se anda con muchas nostalgias con lo que no hay.
Lena el día que sólo haya ajo, le daré gracias a Dios por ese ajo y buscaré la forma de que sea el ajo más hermoso que haya puesto en un plato y trataré con todas mis fuerzas que haga feliz a alguien. Es mi oficio. Lo contrario sería traicionarlo y traicionarme.
RESITIR A SEGUIR ESCRIBIENDO
Se me puso larga la respuesta. Tampoco es que el país se cae a pedazos como en una escena de post guerra. Es cierto que estamos lejos de la cotidianidad relajada y más cómoda que tuvimos hace años, pero también es cierto que estamos bien lejos de ser un país inservible del que hay que salir huyendo cuanto antes. Tu lo sabes, has venido muchas veces (pocas para mi gusto) en estos tiempos turbulentos.
Si un día toca huir lo haré sin remordimientos. No soy pendejo. Pero en este momento toca resistir porque estamos luchando por un país posible y eso me saca una sonrisa enorme… aunque le de piquiña el dictador.

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