399 LA HISTORIA DE KEIITI Y RAÚL

La historia de Keiiti y Raúl un canto a la amistad; por Sumito Estévez 640A1
Keiiti Aki y Raúl Estévez, en el estado Mérida. Haga click sobre la imagen para ampliarla.
I
Mi padre, Raúl Estévez, geofísico y apureño para mas señas, fue fundador y jefe tanto del Departamento de Física como del Laboratorio de Geofísica de la Universidad de Los Andes. Eran los años de los sueños de construcción de una Venezuela potencia en investigación y tecnología, a finales de la década de los sesenta del siglo que pasó.
A finales de los años ochenta también fundó la Escuela Latinoamericana de Geofísica, un centro maravilloso desde donde durante siete fructíferos años se pensó e investigó mucho sobre esta tierra inquieta que no deja de bailar.
Mi padre quiso traer a Keiiti Aki, el geofísico más importante del planeta, para uno de los congresos de la Escuela. Era imposible pagarle honorarios, en caso de que los pidiera, así que mi papá (estratega excepcional) comenzó a averiguar qué le gustaba al afamado japonés.
Y le dijeron que a Keiiti Aki le gustaba mirar pájaros.
Entonces le hizo una invitación. Eran los tiempos en que las invitaciones se hacían en papel, así que puedo imaginar a Keiiti rasgando un sobre en su oficina de la Universidad de California del Sur y deteniéndose durante algunos minutos a observar las fotos de aves y paisajes de Venezuela que mi padre había colocado en el sobre junto a la invitación.
Así fue como Keiiti Aki aceptó venir.
Mi padre le prometió trinos y paisaje. Bandadas en llanos inundados. Plumas rojas en Falcón. Loros regresando al atardecer en medio de la algarabía citadina. Parques andinos con picos asomándose entre las barbas de los árboles.
Aquel congreso fue en Mérida. Y este tipo de eventos deja pocas ocasiones para el descanso, pero aun así mi padre se las arregló para llevar al pausado japonés de cálida sonrisa a un parque rico en aves.
II
Cuenta mi papá que Keiiti Aki no tenía cámara. ¡Un japonés sin cámara! También me cuenta que se sentó en ese parque y se puso a dibujar eso que veía.
El sismólogo más importante del siglo veinte dibujaba pájaros.
La historia de Keiiti y Raúl un canto a la amistad; por Sumito Estévez 640B
Este fue uno de los dibujos realizados por Keiiti Aki, durante su paso por Venezuela. Haga click sobre la imagen para ampliarla.
Cuando terminó el congreso, mi papá quiso darle un presente significativo a Keiiti y le regaló a Venezuela con contundencia teatral: lo montó en su carro, cruzó los páramos, bajó por el piedemonte andino, comieron carne en vara en Barinas, cruzaron los arrozales de Portuguesa y un poco más allá de San Carlos cruzaron a la derecha, enrumbando la brújula hacia el Hato Piñero.
Mi papá llevó a un japonés a ver pájaros al Edén en la Tierra.
Pero el profesor Estévez no tenía dinero suficiente para quedarse a dormir en el hato, así que le dijo un par de mentiras blancas al sismólogo para excusarse y se fue a dormir a El Baúl. Pero al dueño del único hotel de El Baúl no le pareció atractiva la oferta de mi padre de quedarse a dormir más de una hora y, de paso, sin compañía.
En la noche estaba mi papá nuevamente en la puerta del Hato Piñero y no le quedó otra que confesarle a su invitado que no tenía donde dormir.
Aquella noche Keiiti Aki y Raúl Estévez compartieron habitación como si se tratara de dos estudiantes universitarios.
Fueron dos días maravillosos. Días para ver más de trescientos tipos distintos de aves. Días de chigüires, babas y garzas rosadas.
III
La historia de Keiiti y Raúl un canto a la amistad; por Sumito Estévez 640B2
Carta de Keiiti Aki a Raúl Estévez. Haga click sobre la imagen para ampliarla.
Ya amigos, mi padre tuvo la suficiente confianza para confesarle a Keiiti Aki que lo había estudiado previamente para convencerlo, así que le contó cómo se había enterado de su pasión de observador de aves y cómo había usado eso como señuelo.
Y entonces Keiiti Aki le dijo que jamás había pensado en una ave en su vida. ¡A mi padre le habían dado información errónea!
En vista de la pasión que mi padre mostraba por las aves y por respeto de visitante japonés, él lo había seguido a cada paseo.
Keiiti Aki le agradeció a mi padre haberlo introducido a una nueva pasión y también le contó que ése había sido uno de los viajes más hermosos de su vida.
Antes de volver, Keiiti Aki le dejó como ofrenda a mi padre uno de los dibujos de ese viaje y le dijo: “Raúl, en Japón vivimos para el trabajo. En Estados Unidos vivimos para nuestro estado físico. Pero ustedes, Raúl, viven para la amistad.
IV
Sí.
En Venezuela vivimos para la amistad.
No lo digo yo.
Lo dijo un japonés: el sismólogo más importante del siglo que pasó.

Comentarios

Marilyn Yadira Valera Ch ha dicho que…
Quizás sea por la situación que vivimos actualmente en el país, quizás por la eminente y pronta partida, por tener que despedirnos de los que amamos, de nuestra hermosa tierra, pues unos se quedas pero otros nos vamos...por los que añoramos las detalles lindos que en otrora teníamos los venezolanos, ahora consumidos por la angustia, el desasosiego... pero noto que en los últimos días se ha levantado una ola GIGANTE de venezolanismo, de regionalismo, que espero sea el motor y el timón del nuevo norte... quizás por eso y más estas notas llenas de nostalgia, aventura, sinceridad, amistad, y hasta el tope de Venezuela... me llegan al alma!!!! Gracias Sumito por estos hermosos anécdotas cargados de tanta hermosa VENEZUELA!!

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