393 Un Papa hippie anda suelto en el Vaticano

Un Papa hippie anda suelto en el vaticano; por Sumito Estévez 640
Esta semana que culmina resultó ser trascendental para quienes tienen cincuenta años afónicos gritándole al mundo que, por el camino en que va, a la humanidad le queda poco. Muy poco.
Locos, hippies, rojitos que no creen en el progreso, verdecitos que sólo quieren comer flores y fumar marihuana, fanáticos del Apocalipsis, paranoicos barnizados de teorías de conspiración, cavernícolas negados al progreso, chapuceros que creen en pseudociencia, insensibles que prefieren a las ballenas que a los hombres… de todo eso y bastante más han sido tildados quienes afirman que como humanidad estamos desbocados y camino hacia el final.
En dos platos: para los grupos ambientalistas ha sido una pesadilla ser escuchados, porque se trata de una pelea contra el dinero y su poder.
Cada vez que alguien advierte que la comida chatarra es un acto de avaricia planificado y pensado, sale un artículo bien financiado afirmando que el libre albedrío es humano y que cada quien decide la cantidad que debe comer. Nadie nombra la palabra adicciónpublicidad para niños o subsidio desde gobiernos para que la comida chatarra sea la única que puedan comprar los pobres.
Cada vez que un grupo ambientalista sin dinero y un par de computadoras advierte que al paso que vamos esto se acaba pronto, sale un pre-candidato (Jeb Bush, por ejemplo, quien de ganar sería tercera generación de la misma familia petrolera en comandar la nación más poderosa del planeta) con un poder económico descomunal diciendo irónicamente y muy sonriente, y cito textualmente, “No me dejaré dictar la política económica por mis obispos, mis cardenales o mi Papa. Es una arrogancia sostener que con relación a los cambios climáticos exista una ciencia exacta”.
La pobreza, salud y el ambiente son mis obsesiones. En aras de ser coherentes con ese discurso, mi esposa y yo hemos tomado decisiones complejas a la luz de la dinámica actual en el mundo. Y créanme que para el entorno cercano somos “los amigos hippies”. Así ve el mundo a quienes andan salvando semillitas y protestando contra los monocultivos, máximos representantes de la avaricia depredadora en la que caímos (pueden leer al respecto enManifiesto ecológico y Esto es ya de locos, publicados en este mismo portal). El grueso de lo que escribo tiene que ver con estos tres temas. He escrito en mi blog 392 artículos y probablemente un tercio se refieren a estos tres de temas que me obsesionan. Y desde que este portal de Prodavinci me regaló el sueño largamente sobado de poder ser uno de sus columnistas, de los 22 artículos que he publicado, 12 se refieren directamente a ello.
Y por esta obsesión que tengo es que afirmo que las noticias que han arrojado las redes esta última semana son la tormenta perfecta en contra de aquellos que niegan el desastre. Parece que finalmente nos explota en la cara una verdad dura: nos queda poco tiempo para revertir esto y lo bueno es que no lo está diciendo cualquier loquito como yo. Lo que continua, más que un escrito, es una sucesión de sugerencias de lectura de esas noticias a las que hago referencia, culminando con la impresionante Encíclica Papal de la que ya hizo referencia en Prodavinci Rafael Rojas. Lamentablemente muchas de estas referencias que daré están en inglés por ser muy recientes.
 Capítulo 1: pierde la comida chatarra
La avaricia sólo retrocede cuando la obligan… o cuando le duele en el bolsillo. En el caso de la gran industria de la alimentación eso se traduce en leyes que obliguen a controlarse o en ventas bajas. El primer caso, el de la coerción, ha probado no servir. Es cierto que en países se prohíbe la publicidad de comida chatarra para niños, que prohíben el uso de algunos colorantes, que piden que se indique en las etiquetas la cantidad de azúcar, etcétera. Pero ante el ilimitado poder económico de la industria de la comida eso no ha servido para nada. Creo que todo el mundo, a estas alturas, ya sabe el veneno que es una gaseosa o un jugo concentrado lleno de azúcar, e igual estamos ante la primera generación, en la historia de la humanidad, de niños que se acuestan sin haber probado agua en todo el día. El segundo caso, el de las ventas bajas, como era de esperarse, fue el que vino a torcerle el brazo a una industria que había dejado de pensar en la salud.
Reseña la revista Fortune en su artículo The war on big food que las grandes compañías empacadoras de comida (léase “comida chatarra”) perdieron, sólo el año pasado, 4 mil millones de dólares simplemente porque al consumidor comienza a erizársele la piel con sólo intuir que están presentes las palabras color artificialpesticidapreservantesalmíbar de fructuosa de maízhormona de crecimientoantibióticos organismo modificado genéticamente.
Mucho han trabajado esas compañías para que esas palabras se vean como normales, inocuas, parte del progreso y de su buena intención para hacer más feliz al mundo. La consecuencia no se ha hecho esperar: Pizza Hut y Taco Bell van a eliminar todo lo artificial en sus propuestas. Nutella tiene un serio problema de imagen ahora que se sabe que cambiaron la fórmula original por ese veneno para la tierra que es el aceite de palma. General Mills también anunció que quita los colorantes artificiales de sus cereales para niños. La compañía de comida chatarra McDonald´s viene en franca caída de ventas. mientras cadenas de comida rápida de hamburguesas orgánicas como Shake Shack acaban de debutar en la bolsa de valores con un éxito que nadie esperaba.
Sumado a esto, la FDA (el organismo que regula el uso de alimentos en Estados Unidos) finalmente prohibió el uso de grasas trans. Y digo finalmente porque desde hace mucho tiempo la Organización Mundial de la Salud las tiene listadas nada menos que en la sección desustancias tóxicas y la FAO como de riesgo a la salud.
Luego de tantos años en esta pelea, permítanme ser escéptico: estos cambios no se están dando porque de repente en las empresas se volvieron buenos y comenzaron a preocuparse por la salud de nuestra población, sino porque en un directorio se dieron cuenta de que había menos plata para repartir.
Y todo por culpa de los hippies esos a quienes ahora les dio por lo orgánico y lo sano. ¡Qué semana ésta!
Capítulo 2: gana la tierra
Los grandes poderes detrás de la producción de los clorofluorocarbonos (usados para hacer cuanto aerosol y refrigerante hay) y de fungicidas para el suelo (como el bromuro de metilo) negaron el hueco en la capa de ozono hasta que ya era obvio que nos íbamos a chamuscar. Bastante largas fueron las negociaciones para reducir paulatinamente el uso de estos químicos (que aún se usan) y no había manera de convencer a los grandes poderes económicos de que un muerto por cáncer en la piel no tiene cómo comprarles sus productos.
Ocho años de negociaciones sin parar: de 1997 a 2005. Ese fue el tiempo que tomó elProtocolo de Kioto para rogarle de rodillas a la naciones que se comprometieran a reducir la contaminación industrial, porque el cambio climático producto del Efecto Invernadero por emisión de dióxido de carbono nos está llevando a la extinción: al día de hoy, Estados Unidos es el consumidor del 25% de la energía fósil de todo el planeta y se niega a firmar. Todavía ellobby de la industria petrolera gasta millones en financiar estudios que nieguen el calentamiento. ¡Irán a venderle su petróleo a los extraterrestres, porque humanos no habrán!
Un estudio que apareció esta semana afirma que “la sociedad llegará a un colapso en el 2040 debido a una carestía catastrófica de alimento”. Es decir: cuando mi hijo tenga 5 años menos de los que hoy tengo yo. Hasta aquí ese dato podría verse como otra noticia apocalíptica de ésas que siempre los hippies se empecinan en creer. Verlo como otra prueba más de la teoría de la catástrofe matlthusiana. Pero este estudio vino del Instituto Global de Sustentabilidad… y fue bastante reseñado por la prensa.
Para rematar, un servicio de noticias tan prestigiosos como BBC nos regala esta noticia: “La tierra entra en una nueva fase de extinción”. Y citan estudios de las universidades de Stanford, Princeton y Berkeley; universidades que no se van a arriesgar a decir una gracia así sin tener los números en la mano. Hasta National Geographic se pregunta si la humanidad sobrevivirá.
Aunque asusta que le digan a uno  que la cosa está fea, en realidad es una gran noticia porque (aunque con poco tiempo para reaccionar) no es irreversible y porque algunas de las acciones que se están tomando son inéditas. Por ejemplo: esta semana la justicia holandesa le ordenó al gobierno (Sí: allá es al revés que acá y no es el gobierno el que le ordena a la justicia) que redujera en 25% los factores que contribuyen al efecto invernadero y le fijó como límite 5 años.
Que unos jueces consideren a sus connacionales arte y parte de lo que afecta al resto del mundo es realmente cismático.
Y para coronar esta semana maravillosa, apareció el Papa Francisco y lanzó al mundo su Encíclica, que es el documento más trascendental que se espera de un Papa. La tituló Laudato Si .
Todo en esa encíclica es increíble y se fundamente en el Cántico de las criaturas que escribió San Francisco de Asís iniciando el siglo XIII, aquél donde llamó hermana a la Tierra. La encíclica de 192 páginas —¡de lo más hermoso que he leído en mucho tiempo!— puededescargarse y en ella el Papa Francisco dice:
“Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra”
Para continuar el Papa escribe también que “Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad”.
Finalizo este escrito citando nuevamente el Laudato Si del Papa Francisco porque sí, gracias a Dios hay un Papa hippie suelto en el Vaticano:
“Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio”.

Comentarios

Erika Gonzalez ha dicho que…
Bueno...el nivel de intolerancia de los seres humanos es tal, si comes sano te dicen gafo, a los vegetarianos y veganos los ven como locos y asi seguimos... mil gracias por tan buen artículo

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