UN PERCCIONISTA EN LA COCINA

Mi madre es filológa y, aparte de la cocina, la impronta de su educación hizo que inevitablemente tenga una afición que, posiblemente en estos días de pragmatismo y concreciones, sirve para poco: Me gustan las palabras y en particular las vueltas extrañas que éstas dan en esta torre de Babel que a fuerza nos toca habitar. Una de ella es la inglesa "Pedant", que de de manera pésima es traducida siempre como Pedante en español. Leída en nuestro idioma siempre apunta hacia el alarde inoportuno de conocimiento; por el contrario a los oídos de un anglosajón, la palabra habla de aquellas personas que se ocupan con celo de los detalles y de las reglas cuando están en la fase de aprendizaje de cualquier cosa. De allí que el laureado novelista británico Julian Barnes (Leicester, 1946) decidiese llamar en el 2003 a una joya que escribió con el nombre de "The pedant in the kitchen", título traducido de manera decentemente cercana como "El perfeccionista en la cocina" en la edición en español (2006) de Anagrama. Tal como lo dice el mismo autor en su página web (http://www.julianbarnes.com), "La ambición del perfeccionista es simple. Desea cocinar comida sabrosa sin envenenar a sus amigos y desea aumentar, lentamente, con placer, su repertorio culinario. Sabe que no inventará su propia recetas, sin embargo es un gran seguidor de las instrucciones de otros"

"Un perfeccionista en la cocina", es un texto que, aparte del hecho de estar magistralmente escrito, debería ser materia obligatoria para todo cocinero. Es, quizás, la crítica más feroz que he leído en contra de la pedanteria (ahora si usada en toda su acepción hispana) de los cocineros que pretenden plasmar su trabajo en recetarios, sin pensar un sólo instante que, irónicamente, existen personas que en efecto leen y recrean en fogones cada una de esas letras. Barnes es uno de los novelistas vivos más importantes de habla inglesa, y para suerte nuestra, un gran cocinero doméstico; de allí que no es nada subestimable cuando suelta "¿Por qué una palabra en una receta tendría que ser menos importante que en una novela? Una puede producir una indigestión física, la otra una mental"… Frase que remata con otra aun mas lapidaria: "Ser un gran cocinero es una cosa; otra muy diferente es ser un escritor culinario pasable, y se basa -como la escritura de novelas- en una comprensión imaginativa y unas dotes de descripición precisas. Contrariamente a la creencia sentimental, la mayoría de las personas no lleva una novela dentro, ni la mayoría de los chefs un libro de cocina". En tiempos en los que el prestigio de un cocinero está íntimamente ligado a sus partos editoriales, el texto de Julian Barnes llega, insistimos, como un llamado de atención muy adecuado. De hecho, en un momento del libro decide humildemente explicarle a los cocineros que hipotéticamente le leen, la necesidad real del lector de recetas con una frase casi angustiosa: "Los cocineros cuyas recetas seguimos son distintos (a nosotros) porque ya no necesitan los consejos que con tanta ineptitud pedimos"… ¡Creo que después de esa frase sólo nos queda la obligación de hacer bien la tarea y escribir correctamente las recetas que decidimos publicar!

Otro de los aspectos geniales del libro de Julian Barnes es su intuitiva manera de entender que la cocina, más que un arte, es un oficio que debe estar sometido a reglas. Escribe Barnes en su libro "El perfeccionista en la cocina no se ocupa de si cocinar es una ciencia o un arte; se conforma con que sea una artesanía, como la carpintería o la soldadura casera".

II
Si tuviésemos que establecer reglas a la hora a de escribir una receta, bastaría una sola: Debe ser replicable. Haga usted el ejercicio de escudriñar en la memoria cuáles son los libros de cocina que han pasado a la historia, y en la totalidad de los casos se trata de aquellos cuyas recetas no fallan; de allí que la primera gran enseñanza que nos queda del libro de Julian Barnes es que antes de arriesgarnos a publicar una receta, es fundamental que tanto el autor como terceros no involucrados recreen la receta de acuerdo al guión establecido. Sólo en ese instante todas las inconsistencias de la palabra escrita y, sobre todo, los aspectos dados por sentado por quienes ya no necesitan consejos saldrán a flote.

¿Ha soñado usted con escribir un libro que plasme el recetario que con celo guarda y que cientos de veces ha recreado, una pizca aquí, un puñito allá, en noches de conversa o de restaurante?, si la respuesta es afirmativa entonces no olvide una frase final que nos deja el autor inglés con su inmensa sapiencaia: "Los mejores libros convencen a los lectores de que también son amigos del autor o autora, aunque ni siquiera los conozcan".

Comentarios

Cinzia Procopio ha dicho que…
Excelente artículo. La impronta de la educación de tu madre es palpable: escribes tan bien como cocinas.
Un abrazo.

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