La periodista Jacqueline Goldberg me remitió ESTE ARTÍCULO acerca de un chef venezolano que está cosechando éxitos en Madrid.
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Anónimo ha dicho que…
Hola Sumito! Soy venezolana y vivo en Madrid. He comido en el Citra y te puedo asegurar que es una maravilla. Conocí a Elías y es un encanto. El sumiller y algunos camereros y camareras son también venezolano. Si vienes por Madrid no dejes de ir. Hay más venezolano trabajando en los fogones de Madrid. Emiliano Reyes ex Ara tiene el Yataki. Jaime Finol está en DL'S e Issam Koteicz en La trufa Blanca. Yo por mi parte tuve una columna gastronómica que deje porque murió la revista en la que publicaba. Se llamaba gastrópolis. Pero sigo buscando mi hueco! Un abrazo desde Madrid!
A Dumel. Mi más grande amor. NOTA: Este escrito fue ampliamente discutido entre Dumel, su Mamá y su Papá. Los tres acordamos que se publicara. Más allá de la intención confesional y de búsqueda de sensibilización ante un escenario complejo, publicarlo es una decisión muy meditada. I Cuando leí el comentario de Juan en su propio Facebook me asusté. Sentí un escalofrío que me impulsó a cerrar el programa. Al rato volví abrirlo, releí y lo desactivé como mi amigo de Facebook. No tanto por rabia hacia él, sino más bien con desazón. Juan es una persona bastante inteligente, alguien que aprecio. Aun así, ese día escribió “a esas mierdas habría que matarlas”. Una de esas “mierdas” es mi hija. Mi Dumel. Dumel fue bautizado Pablo hace 24 años. Ahora nos pide que no le digamos más Pablo. Nos pide que le digamos ella. Ha sido dificilísimo para su madre y para mí. Pero este escrito no es sobre mí. Yo, su orgulloso padre, yo el que la ama con absoluta parcialidad, yo que la a...
Sylvia y yo fuimos realmente felices viviendo en la Isla de Margarita. Allí teníamos nuestro restaurante, nuestra escuela de cocina y un proyecto en camino para una posada. Casi teníamos una década en la isla, no teníamos deudas y lo que teníamos era propio. Y un día decidimos dejar a Venezuela. Como toda decisión de inmigración fue difícil y meditada. Pagamos un precio altísimo porque lo perdimos todo. Detrás de la historia de nuestra decisión de partir y de cómo lo perdimos todo hay un océano de historias y de dolores que solo nos conciernen a mi esposa y a mi. A la luz de la distancia de otra casi década viviendo fuera de Venezuela sigo pensando que irnos de Venezuela fue la decisión correcta en ese momento, pero fue muy duro. Abrimos un restaurante en Chile. Nos fue bastante mal en Chile, y las razones de la decisión de venirnos a Italia si la he hecho un poco más pública a través de entrevistas. En estas pocas líneas he resumido 15 años de nuestra vida. Es vulgar q...
0 (Las manos de Daniel) Yo estaba a un par de horas de dejar la casa de mi Papá para regresar a Italia después de una breve visita a Venezuela, y a la casa llegó Daniel para entregarme un regalo. Una sartén de hierro. A Daniel no lo conocía, así que al verlo sencillamente no podía despegar los ojos de sus manos. Callosas, curtidas de negro en cada arruga, uñas muy cortas y negras pero limpias. Hacía mucho tiempo que no veía manos así. Le ofrecí café y Daniel me contó su historia. Escribo al día siguiente de esa conversación para no olvidar. I (Y Daniel lloró) Daniel se formó como forjador de metal. Un trabajo duro en donde gruesas piezas de metal son ablandadas con el poder del fuego, para que luego golpes y golpes de martillo contra un yunque les vayan robando la forma. Todos hemos visto la escena medieval del hombre fornido de brazos desnudos y manos cubiertas de guantes de cuero, que vistiendo su pesado delantal saca del carbón un trozo de metal a...
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Soy venezolana y vivo en Madrid. He comido en el Citra y te puedo asegurar que es una maravilla. Conocí a Elías y es un encanto. El sumiller y algunos camereros y camareras son también venezolano. Si vienes por Madrid no dejes de ir. Hay más venezolano trabajando en los fogones de Madrid. Emiliano Reyes ex Ara tiene el Yataki. Jaime Finol está en DL'S e Issam Koteicz en La trufa Blanca. Yo por mi parte tuve una columna gastronómica que deje porque murió la revista en la que publicaba. Se llamaba gastrópolis. Pero sigo buscando mi hueco!
Un abrazo desde Madrid!