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GENTE

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Hay gente que se parece a mi y gente que no. Hay gente que imito por admiración y gente que admiro porque ama y con su ejemplo construye un mundo mejor.  Gente.  Para todos ellos, la gente, espero lo mismo que para mi: que me dejen amar, que me dejen ser amado, casa, trabajo, vacaciones, salud, salir a caminar sin miedo, equidad ante la ley, estudiar sin que me hagan bulliying ni cuando salgo a un parque con Sylvia. No pido nada del otro mundo para mí, ni para los demás.  Hablo de gente como usted que lee o como yo que escribo. Gente normal, cotidiana. Nadie especial. Nosotros, los normales. No hablo de negros, ni blancos. No hablo de gordos, ni flacos, ni con mi pasaporte, ni con otro pasaporte. No hablo de lumbreras científicas ni de personas cognitivamente distintas. No hablo de quien hace el amor con alguien de su mismo sexo ni de mi que lo hago con Sylvia (por cierto: como nos gusta hacer el amor a Sylvia o a mi no creo que le interese a nadie, salvo a nosotros que nos amamos). No

PAN Y PABELLÓN SOBRE EL ALTAR

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Nota: Al final de este escrito pongo fotos que fui tomando. Simplemente les invito a leer el texto y construir las historias desde esas fotos. I En Cumming 1132, en la ciudad de Santiago de Chile, está la Pastoral Social de la parroquia de Nuestra Señora de Andacollo, adosada a la iglesia. Allí, desde hace 50 años un grupo de voluntarias cocinan todos los días 200 comidas para repartir, fundamentalmente entre adultos mayores.   En Chile es común decirle “tía” a las señoras que cocinan en estos grandes comedores. Siempre me ha parecido precioso que sea así. En esa cocina están la tía Marcela, que es la coordinadora de la pastoral, o la tía Eli que vende dulces frente al colegio y luego se va a ayudar, o la tía Luisa. Para grata sorpresa hay dos venezolanos como mano voluntaria. Uno es Alfredo al que le dicen “el gallo” y la otra es Carolina a la que el padre bautizó “paloma”. Frente a la modesta casa de ladrillo color vino tinto con puerta negra, un señor barre las hojas que sin ningún

SOBRE EL ORÉGANO CHILENO Y LA NOSTALGIA

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A María José Vargas porque desde sus ojos he entendido a Chile. I (El orégano de Chile no me gusta) Siendo yo relativamente incontinente a la hora de mostrar mi quehacer gastronómico en la red Instagram, es natural que con el tiempo vaya recogiendo una data informal a través de los comentarios que me dejan. Es notable la cantidad de veces en que los comentarios son una elegía al paraíso perdido, encadenada a la nostalgia. El orégano de Chile no me gusta. No tiene el sabor como el nuestro. Sabe como a jabón. Ninguna salsa me queda igual. Y comentarios de tono parecido se repiten casi con cualesquiera cosas que pueda haber en ambos países. Antes de explicar porqué considero al orégano chileno no solo excepcional sino espectacular, voy con un cuento largo. II (De lo seco y lo fresco) Hay una salsa clásica francesa para carne que se llama Sauce Béarnaise y que en las décadas de la bonanza económica en Venezuela fue muy popular. Fundamentalmente es vino blanco, vinagre, escalonias, huevo, m

MI ASADO NEGRO ES UNA DECLARACIÓN DE VIDA

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(Foto tomada de mi página de venta  https://www.sumogustochile.com) I (La paradoja china) Cuando la energía para cocinar mete la mano en el bolsillo de quien cocina, la cocina misma cambia. Si la única fuente para cocinar es la leña y escasea el bosque, la cocina cambia ya que cuando se tiene poca leña la gente no se plantea cocinar una panza de res o no se puede dar el lujo de esperar a que un caracol ablande. Este caso en particular ha sido ampliamente estudiado a la hora de explicar los orígenes de muchos platos de la cocina china. Un país con mucha gente a la que alimentar necesita apartar árboles para sembrar. Necesita que lo que se siembre sea muy eficiente en kilos por hectárea y en aporte calórico, de allí que verduras y cereales sean la opción más lógica. También le vienen bien plantas que puedan sembrarse en macetas como el jengibre. Difícilmente se va a plantear usar tierra agrícola para uso de ganadería extensiva, de allí que prefiera a animales que se alimenten de lo que l

UN LIBRO DE COCINA QUE ME PUSO A COCINAR

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  I Estoy muy impresionado y conmovido con dos libros de los que pasaré a hablar. Pero como lo que más quiero es que ustedes los compren… voy al grano. Los dos libros pueden comprarse en sinsinsin-ecotienda.com . En alelinatural.com para el público europeo. Contactando a la autora al +584147460261, y próximamente en Argentina en alimentoyconciencia.com . El Instagram de ella es @lacasadelviento . Lo sé porqué quedé tan tocado por los libros que la contacté y le pedí estos datos. II Acabo de terminar de leer dos libros de cocina como si fueran novelas. Literalmente. Línea por línea, página por página sin poder parar. Inesperado en mi caso. Con los años y la experiencia acumulada, los cocineros vemos pocos libros de cocina a medida que pasa el tiempo. Es natural que después de tres décadas en un oficio al que se le dedica 2/3 de cada día, uno lea menos sobre formación y filosofe más. Uno ve un libro nuevo de cocina y, seamos sinceros, mira más las fotos para tomar ideas que los textos m

MIS PRIMERAS PALABRAS VENEZOLANAS... O LA RESPUESTA MÁS BRILLANTE

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I  Hay una historia que he contado muchas veces pero de la que no me he sentado a escribir como es. Aprovechando el regalo de dos libros, voy a resumirla y otro día me explayo. Mi madre tuvo una vida signada por cuatro períodos muy marcados y distintos. Una infancia en una comuna que fundó su padre. Una adolescencia marcada por la independencia de la India y posterior guerra con Pakistán. Una juventud como estudiante en la Unión Soviética, y una vida adulta y vejez en Venezuela. Mi madre cocinaba excepcionalmente bien comida de su natal India.  Mi apreciación de la calidad de su cocina va más allá de lo subjetivo. Varias veces he ido a la India y por lo tanto he tenido como contrastar su sazón. Pocos años antes de morir, tuve la oportunidad de grabarla en mi casa en la Isla de Margarita (Venezuela) aprovechando que había hecho el largo viaje de 1000 kilómetros desde su casa en Mérida, y me visitaba. Dividí mi entrevista en cuatro secciones, una por cada etapa de su vida. Descubrí que e

EUTANASIA EN TIEMPOS DE CENSURA

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  La presión pública ejercida de manera gregaria, masiva y vociferante desde redes está ejerciendo autocensura como pocas veces imaginé. Me sucede y sé que le sucede a muchos. Puesto en blanco y negro: hay temas que no son nada sexis para la masa virtual, así que mejor callar para evitar ser acusados de retrógrados, vejestorios aferrados a un pasado que no debe ni siquiera debatirse. El derecho a la vida es uno de esos temas. Es tan violenta la reacción a su misma mención que inclusive la iglesia católica, que ha pensado en el tema por bastante tiempo, está agazapada tímida sin ser la voz de un debate que en muchos casos es necesario exponer con un poco más de valentía. Si a quien cree en el derecho a la vida lo vemos como un fanático religioso (o un dogmático de fe, en el mejor de los casos), el derecho a matar perderá los muros de contención que ha costado mucho erigir.   Más allá de mi confesa “militancia activa” católica, creo en el derecho a la vida como el ejemplo más importante