ESCUELA DE COMUNIDAD

El del medio soy yo en la cárcel de Padua en donde miembros del movimiento tienen un proyecto de pastelería. En la pared de un área de descanso de la cárcel dice en portugués "del amor nadie huye".

El encuentro con Jesús siempre surge de alguna forma de epifanía. Es profundamente repentino. Profundamente inesperado. Da igual la edad que tengas. Puedes tener cuatro años, como puedes tener cincuenta. Puedes ir todos los domingos a misa por inercia cultural y descubrir un domingo cualquiera que sucede, como puede ser que jamás hayas ido a misa y una tarde cualquiera sucede.

Es un acontecimiento. Es un encuentro. Uno particularmente perturbador porque no depende de uno.

La humanidad tiene decenas de milenios de años mirado hacia el cielo, pero hubo una vez que el cielo vino a nosotros. Desde entonces no miramos hacia las estrellas sino hacia dentro de nosotros y hacia el interior del alma de todo ser vivo. Cuando el acontecimiento sucede, es un golpe de amor tan distinto que amanecemos entendiendo que ese Jesús, ese al que le hablamos de tú (¡De tú!), está en cada ser vivo. A partir de entonces aprendemos a encontrarlo en cada acto cotidiano.

Una vez tuve la suerte de ser invitado a una reunión de responsables de la fraternidad católica Comunión y Liberación en la ciudad italiana de Corvara. Como es usual, en esas asambleas invitan a los asistentes a hablar y me encontré diciendo algo realmente inaudito para mis propios oídos. Dije, palabras más palabras menos, que lo que había sentido en mi encuentro era idéntico a lo que yo sentía cuando me enamoraba. No me había abierto a el acontecimiento por miedo, sino por enamoramiento. Así de simple. Así de básico.

Y no es fácil. Vivir un enamoramiento solo es posible en libertad. Vivir algo así es vivir eso que los escolares llaman vida cristiana.

Libertad. Que palabra complicada.

Para empezar, nos han querido convencer que religión libre es un oxímoron. Y no lo es. No es un oxímoron. Vivir el cristianismo es vivir un proceso profundamente libre. Lo es desde su mismo origen. Los primeros cristianos no pedían desde sus catacumbas mayor cosa al dictador de turno. Sólo que les dejaran profesar libremente su fe. Le decían, usted sigue mandando, no entendemos en que puede afectarle que queramos hablarle a un Dios vivo y presente. Uno que, irónicamente, nos pide que le amemos a usted.

La paradoja es que la voz que nos dice borregos surge del colectivo más dictatorial que ha concebido la modernidad: el monólogo de las redes sociales con sus múltiples micro esferas acusadoras. La dictadura de los micro ofendidos. Los cristianos no la tenemos fácil porque todo el día estamos leyendo a quienes no profesan nuestra Fe diciéndonos cómo debe ser un cristiano. Es rarísima esa situación.

Así que construimos nuestros espacios para revivir en absoluta libertad ese encuentro. Para que el flechazo original persista. Ese espacio lo llamamos Escuela de Comunidad. Nos reunimos una vez por semana. Leemos textos que escribió Luigi Giussani (fundador de nuestra fraternidad) y si no entendemos no importa y si entendemos también. Comentamos lo leído y si hablamos está bien y si no hablamos también. Agendamos el encuentro una vez por semana y si asistimos bien y si no lo hacemos también.

Sobre todo, y es lo más importante, nos contamos que significa ser cristiano en el día a día de un día cualquiera del siglo XXI. Nos contamos cómo vivimos el ser cristianos en cada acto cotidiano, en cada instante de flaqueza o de exaltación. Nos lo contamos porque si aquello que nos hizo ver Jesús hace dos mil y tantos años (o siendo más específicos, como nos lo hizo ver en el principio, lo hace ahora, lo hace siempre, y lo sigue haciendo por los siglos de los siglos) no tuviera sentido en este siglo, implicaría que aquello no era verdadero. Siendo honesto conmigo, hasta ahora todas las provocaciones con las que me azuza mi vida cotidiana solo logran que verifique que sigue siendo verdadero.

No somos una cofradía, ni un clan, ni unos fanáticos garantes de dogmas. Solo somos un grupo disímil y desordenado de enamorados. Adolescentes y bulliciosos enamorados que tratan de agradar al causante de esa sensación. Sabemos que amar a otros es el método para mantener viva esa llama del encuentro inicial porque sabemos que amar como hemos sido amados es el camino, y simplemente tratamos de mantener ese instante vivo. Sin intelectualizar nada. Somos simples. Muy simples. De esos que se comunican de a tú.

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